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Un apagón detuvo el sistema de refrigeración de la central de Fukushima

El operador de la central, Tokyo Electric Power (TEPCO), continúa investigando las causas que han podido provocar el apagón, así como la forma de poder solucionarlo lo antes posible

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Un apagón en el sistema de energía de la maltrecha central nuclear de Fukushima Daiichi, situada en el devastado noreste de Japón, ha provocado la detención del sistema de de refrigeración de la planta.

El apagón, producido ayer por la tarde, mantiene aún hoy apagados los mecanismos para enfriar las piscinas de combustible de los reactores 1, 3 y 4 de la planta, detalló la agencia local Kyodo.

El operador de la central, Tokyo Electric Power (TEPCO), continúa investigando las causas que han podido provocar el apagón, así como la forma de poder solucionarlo lo antes posible.

Según Autoridad de Regulación Nuclear de Japón (NRA), el corte de energía de la central ha podido tener su origen en el panel de distribución o en los cables que derivan de la placa.

A pesar de haber afectado a los mecanismos de enfriamiento de los reactores, el apagón no ha provocado la detención del sistema de reciclaje del agua radiactiva de los reactores 1 y 3, dos de los que sufrieron la fusión de sus núcleos por el tsunami que arrasó el noreste nipón el 11 de marzo de 2011.

En sus labores para cerrar la crisis nuclear, la eléctrica mantiene instalado en Fukushima desde agosto de 2011 un doble sistema de descontaminación del agua radiactiva que se acumula en los sótanos de la planta, y cuya agua reciclada utiliza posteriormente para enfriar los reactores.

El Gobierno japonés y TEPCO declararon a mediados de diciembre de 2011 que los tres reactores dañados se encuentran en estado de "parada fría", con temperaturas por debajo de los 100 grados centígrados.

Actualmente, más de dos años después de que se desatara la crisis nuclear, la peor desde Chernóbil en 1986, cerca de 3.500 empleados trabajan en la planta para poder retirar el combustible dañado y desmantelar las unidades afectadas, un proceso que según los expertos puede llevar unas cuatro décadas.