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El arresto de Pinochet en Londres: 15 años de un caso que conmocionó al mundo

A 40 años del golpe de Estado de Pinochet la mitad de las escuelas no enseñan sobre el tema, aseguran expertos / AFP/Getty Images

A 40 años del golpe de Estado de Pinochet la mitad de las escuelas no enseñan sobre el tema, aseguran expertos / AFP/Getty Images

A partir de entonces se iniciaba un proceso judicial plagado de recursos, que puso a prueba la independencia de la Justicia británica y la gestión del entonces ministro de Interior Jack Straw

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La detención en Londres del exdictador chileno Augusto Pinochet (1915-2006), de la que mañana se cumplen 15 años, inició un proceso judicial de 16 meses que mantuvo en vilo al mundo y creó un precedente histórico para el derecho internacional.

Para los refugiados chilenos, el proceso contra Pinochet supuso un momento "catártico" después de luchar durante décadas contra la violenta dictadura, dijo a Efe Carlos Reyes, expresidente del grupo Chile Democrático y la cara más visible de las manifestaciones favorables al arresto del general en Londres.

Además, la detención dio "vida" al principio de jurisdicción universal en los casos de crímenes contra la humanidad, algo excepcional hace 15 años, de acuerdo con el asesor legal de la organización Amnistía Internacional (AI), Hugo Relva.

La noche del 16 de octubre de 1998, el general estaba ingresado en una clínica privada en Londres, donde había sido operado de una hernia discal, cuando recibió la visita de agentes de la Policía Metropolitana de Londres para comunicarle la orden de detención.

Asombrado por un arresto que no llegaba a entender, Pinochet conocería en carne propia la privación de la libertad, aunque en condiciones privilegiadas y opuestas a las sufridas por los miles de chilenos detenidos y torturados bajo su dictadura.

El entonces juez Baltasar Garzón sorprendía a partidarios y detractores del general al cursar una orden de extradición para interrogarle por el asesinato de ciudadanos españoles durante la dictadura chilena (1973-1990) y por delitos de genocidio y torturas.

A partir de entonces se iniciaba un proceso judicial plagado de recursos, que puso a prueba la independencia de la Justicia británica y la gestión del entonces ministro de Interior Jack Straw, responsable en marzo de 2000 de autorizar la libertad de Pinochet.

El arresto fue celebrado con gran algarabía por los refugiados chilenos en Londres, donde organizaron manifestaciones a favor de la entrega del exdictador a España y verían en Baltasar Garzón al héroe de una justicia por la que venían luchando durante años.

Según dijo a Efe el asesor legal de AI, el caso "despertó a la jurisdicción universal de su largo letargo, insuflándole vida. La aplicación del principio de jurisdicción universal, considerado entonces excepcional o raro, es hoy en día frecuente".

"Hay decenas de casos basados en ese principio en muchos países (...) La jurisdicción universal llegó para quedarse", afirmó.

Para Carlos Reyes, el arresto fue "catártico pues nos permitió ser escuchados" y "creó un espacio político para empezar a hablar de una transición democrática que aún después de 15 años no se logra. Chile aún vive bajo la Constitución política de una dictadura".

Pero Reyes considera que el precedente creado a partir de la detención de Pinochet ha sido utilizado para una persecución selectiva de responsables de violaciones de los derechos humanos.

"La detención creó un precedente histórico en el derecho internacional, con el problema de que este derecho se está utilizando para perseguir a criminales de naciones africanas sin tomar en consideración que políticos en el poder de naciones de la OTAN han cometido crímenes contra la humanidad", afirmó Reyes, en alusión a los procesos del Tribunal Penal Internacional de La Haya.

La petición de Garzón contra Pinochet desencadenó una batalla legal en los tribunales y en la Cámara de los Lores, que por entonces era la máxima instancia judicial británica.

Mientras el proceso judicial mantenía su curso, la exprimera ministra conservadora Margaret Thatcher visitaba al general para darle su apoyo y agradecerle su respaldo en la guerra de las islas Malvinas contra Argentina de 1982.

En medio de la riña legal, la defensa argumentó que Pinochet no tenía buena salud para ser procesado y en enero de 2000 cuatro médicos y un neuropsicólogo examinaron al exdictador, con la conclusión de que no estaba en condiciones de ser juzgado.

En base a los informes médicos, Jack Straw decidió denegar la extradición el 2 de marzo de 2000, poniendo punto final al proceso y facilitando la salida de Pinochet del Reino Unido.

Al día siguiente, al llegar a Chile, el exdictador -considerado último responsable del asesinato de 3.000 personas y de las torturas a otras 28.000- fue visto bajar del avión sin especial dificultades y caminando sonriente junto a los militares que le estaban esperando.