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25 años después otros muros dividen el mundo

En la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989, jóvenes rompieron el "muro de la vergüenza" | Foto AFP / Archivo

En la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989, jóvenes rompieron el "muro de la vergüenza" | Foto AFP / Archivo

Actualmente existen al menos 10 barreras que separan países e incluso ciudades, con diferentes objetivos

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Si bien la caída del Muro de Berlín marcó el fin de la Guerra Fría, su destrucción no acabó con la utilización de las paredes de concreto para dividir el mundo. Actualmente existen al menos 10 barreras que separan países e incluso ciudades. Sus objetivos son diferentes: evitar las migraciones, reducir la delincuencia o proteger la existencia de regímenes totalitarios.

“Todos evidencian fracasos. Aunque hayan sido levantados como grandes soluciones, la realidad es que son un molde para contener algo irresuelto. Representan el fracaso de  la negociación, de los acuerdos entre gobiernos o de la convivencia entre grupos sociales”, advierte Elsa Cardozo, internacionalista y doctora en Ciencias Políticas.

La especialista explica que los actuales bloques de división se diferencian por la finalidad que tienen. Algunos fueron erigidos por razones similares a las del Muro de Berlín, otros se levantaron con fines más nobles, como evitar choques entre grupos radicales y dar tiempo para que se alcancen acuerdos de paz.

Uno de los más famosos es el de la franja que separa a Corea del Norte de Corea del Sur. Es una zona desmilitarizada de 4 kilómetros de ancho y 238 kilómetros de longitud. “Este es el caso más similar al de Berlín y quizá el más odioso, pues representa la necesidad de un régimen opresivo de cerrarse para protegerse”, expresa Cardozo.

Entre las barreras levantadas por temas migratorios, destaca la que se empezó a construir en 1994 entre Estados Unidos y México para evitar el flujo de mexicanos de escasos recursos. Existen varios tramos en California, Arizona, Nuevo México y Texas. Todos tienen iluminación de alta intensidad, detectores de movimiento y están custodiados por la policía fronteriza estadounidense.

El caso es un buen ejemplo para demostrar por qué los muros no terminan siendo soluciones, pues estos no evitan que un promedio de 260.000 mexicanos emigren cada año a Estados Unidos. Políticos como Rick Perry, republicano y gobernador de Texas, quieren levantar más barreras, mientras que en Washington no se termina de aprobar la reforma de las leyes migratorias que resuelva el problema y logre consenso entre los estadounidenses.

En otros lugares del mundo hay barreras que tienen estos mismos objetivos. En Ceuta, ciudad española, hay una para evitar el paso de inmigrantes africanos. Israel levantó un muro en Cisjordania para “protegerse” de ataques palestinos y en Irlanda del Norte hay cientos de paredes en Belfast para separar a grupos católicos y protestantes.

En el Medio Oriente, Kuwait construyó un muro en 1991 para resguardarse de las invasiones de Irak, que con Saddam Hussein en la Presidencia tenía objetivos expansionistas en los noventa. Años más tarde, Arabia Saudita también creó una separación de Irak, aunque ahora para protegerse de la crisis política que asola a ese país luego de que Washington derrocó a Saddam en 2003.

En América Latina también hay muros. En Río de Janeiro, Brasil, acorralaron las favelas para que no se sigan expandiendo, mientras que en Lima, Perú, una barrera divide dos distritos con la intención de frenar la delincuencia.

Medida histórica. Los muros divisorios han existido por siglos, primordialmente como una forma de preservar los territorios. La Gran Muralla china, construida en el siglo V antes de Cristo y con una longitud de 21.196 kilómetros, es el más largo que ha existido en la historia.

La participación ciudadana ha desempeñado un papel trascendental en la eliminación de muchas de esas barreras. El mejor ejemplo es el de Berlín, en el que la pared solo se vino abajo cuando los alemanes pidieron un cambio de régimen.

“El de Alemania no fue un proceso nada fácil. Fue clave la acción ciudadana debido a la inconformidad que sentían y el olfato que se tuvo para poder aprovechar la oportunidad”, afirma Cardozo.

Pero si bien los gobiernos frenan a los ciudadanos, a veces son los mismos habitantes los que bloquean cualquier iniciativa de unidad, lo que sugiere que las divisiones también pueden ser ideológicas y mentales.

“De nada sirve una acción política si en la ciudadanía persiste la exclusión, si se le sigue temiendo al otro o se le ve como invasor. Se necesita una redefinición de las relaciones interpersonales, mucho sacrificio y respetar las diferencias”, sostiene la internacionalista.

La caída ocurrió en 6 días

4 de noviembre
Más de medio millón de personas se congregaron en la Alexanderplatz, en Berlín, para protestar contra el régimen de Alemania Oriental y exigir la disolución del gobierno y elecciones libres. Se solicitó que los distintos grupos políticos fueran reconocidos plenamente, que hubiese libertad sindical y se compensara a la víctimas del régimen estalinista. 

Tras la manifestación, Egon Krenz, para entonces jefe de Estado, anunció que cinco miembros del politburó gobernante dejarían sus cargos, y prometió reformas políticas y económicas. Eso no fue suficiente y las protestas continuaron en por lo menos cuatro ciudades del país


5 de noviembre
Pese a los anuncios, la gente siguió emigrando a Alemania Occidental utilizando un camino que había sido legalizado a través de Praga, en la República Checa. La Alemania Federal eliminó entonces la necesidad de pedir permiso para entrar a su territorio y anunció que para ello solo se requeriría la cédula. Esto hizo que mucha gente se movilizara a la frontera.


6 de noviembre
La República Democrática Alemana autorizó la salida de sus habitantes con el objetivo de paralizar la emigración masiva que se estaba produciendo.


7 de noviembre
El gobierno comunista, presidido por el primer ministro Willi Stoph, dimitió de forma colectiva debido a las amplias manifestaciones que seguían registrándose en todo el país.


8 de noviembre
El Comité Central del Partido Comunista designa a Hans Modrow, reformista de izquierda, como nuevo jefe de gobierno, lo que no termina de calmar los ánimos


9 de noviembre
En la noche del 9 al 10 de noviembre, jóvenes del Este y del Oeste rompen el “muro de la vergüenza” que dividía Berlín desde el 13 de agosto de 1961, lo que tomó de sorpresa a los dirigentes de los dos países. El nuevo gobierno anuncia el fin de la frontera ínteralemana, que marca el fin simbólico de la Guerra Fría. 

Cifra
21.000 kilómetros de largo tiene la Gran Muralla china, el muro más largo del mundo