• Caracas (Venezuela)

Mundo

Al instante

La amenaza terrorista sigue vigente a trece años del 11 de septiembre

Imagen de la destrucción de las Torres Gemelas | AP

Imagen de la destrucción de las Torres Gemelas | AP

Los crímenes de Al Shabab en Somalia, Boko Haram en Nigeria y el Estado Islámico en Irak han servido para recordar al mundo el peligro que representa el extremismo

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Trece años después de que el grupo yihadista Al Qaeda secuestró aviones comerciales para estrellarlos contra las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York y la sede del Pentágono en Washington, lo que provocó la muerte de casi 3.000 personas el 11 de septiembre de 2001, la amenaza terrorista parece mantenerse incólume.

En el último año, hechos como el asalto de un centro comercial en Kenia por parte de la milicia islamista somalí Al Shabab, el secuestro de 200 niñas en Nigeria por parte del grupo Boko Haram y el exterminio de minorías religiosas en Irak por parte del Estado Islámico han servido para recordar al mundo el peligro que representa el terrorismo.

Si bien ninguno de los actos terroristas recientes tiene las dimensiones de lo ocurrido en 2001 en Estados Unidos no dejan de ser preocupantes. "No son más graves, pero son permanentes. Además muestran que el terrorismo de cierta manera se ha dispersado, lo cual lo hace más peligroso", advierte el internacionalista Carlos Romero.

Por eso la seguridad volvió a colocarse como prioridad de la agenda global, que durante el último quinquenio había estado más centrada en la crisis económica de 2009 y en la Primavera Árabe (como se llamó a los movimientos de protesta pro-democráticos en Medio Oriente que acabaron con las dictaduras de Egipto, Libia y Túnez).

"Si bien el terrorismo internacional es considerado una amenaza desde hace varias décadas, nunca lo ha sido con la intensidad y frecuencia actuales", escribió Antonio Gomariz Pastor, politólogo español con un master en Paz, Seguridad y Defensa en el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid, en 2005.

Sus palabras siguen vigentes. "Cómo ha evolucionado esta amenaza desde ámbitos estatales o regionales al ámbito global, así como las respuestas sociales, culturales, políticas y de seguridad dadas desde las organizaciones internacionales, es lo que marca una nueva era en el sistema mundial", agregó entonces.

"El terrorismo es una cosa de este mundo, y sus causas, efectos y consecuencias deben ser entendidos dentro de un contexto histórico y político", recalcó Andreas Behnke, profesor de la Universidad de Reading, en un intento por contrarrestar la despolitización del fenómeno y la invocación de una metafísica del bien y del mal para explicarlo.

¿Historia repetida? El 11-S también colocó a la seguridad como prioridad, además de acabar con el optimismo que caracterizó a la década de 1990, consecuencia de la caída del comunismo. "Había esperanza en que los conflictos bélicos iban a desaparecer y la democracia se iba a imponer como modelo político", recuerda Romero.

Luego de los atentados, Estados Unidos –con el respaldo de otros países– emprendió las campañas militares de Afganistán en 2001 para derrocar al Talibán (acusado de proteger a Al Qaeda) e Irak en 2003 para acabar con la dictadura de Saddam Hussein (señalado de tener armas químicas que podían caer en manos de terroristas).

Ante las amenazas actuales, la respuesta ha sido más puntual. Estados Unidos ha usado drones para atacar las posiciones de integristas radicales en naciones como Yemen y Pakistán y, más recientemente, ha bombardeado objetivos de Al Shabab en Somalia y del Estado Islámico en Irak.

Los países de Europa, y especialmente Francia e Inglaterra, han respaldado varias de las iniciativas de Washington, pero han estado más involucrados en la contención de amenazas como la de Boko Haram. Nigeria, Níger, Chad, Togo y Benín le declararon la guerra a este grupo en mayo con el apoyo de París y Londres.

"Estados Unidos sabe que no puede ser el policía del mundo, pero al mismo tiempo sabe que no puede lavarse las manos ante lo que está pasando. La Unión Europea, por su parte, se ha visto limitada para responder por los problemas económicos y las diferencias de opinión entre sus miembros", señala Romero.

Entes como la Organización de Naciones Unidas también han incluido el combate de la amenaza terrorista entre las prioridades de su agenda, aunque tienen limitaciones para actuar. "El interés primordial de la ONU es la seguridad, para eso fue fundada, pero entonces se refería a los conflictos entre Estados", apunta Romero.

"Las organizaciones internacionales no fueron concebidas para tratar fenómenos como el terrorismo global actual, aspecto que no puede obviarse al analizar las respuestas que las mismas dan para definir, tratar y eliminar esta amenaza a la paz y seguridad internacional", precisó Gomariz Pastor en su texto.

Romero indica que, aunque sea un lugar común, la lucha contra el terrorismo tiene que plantearse como una estrategia de seguridad colectiva. "El desafío está en articular un conjunto de órganos y mecanismos eficaces, rápidos y aceptados por los individuos y las sociedades para enfrentarse al terrorismo de gran escala", anticipó Gomariz Pastor.

Mañana de terror

A las 8:46 am del 11 de septiembre de 2001, un avión chocó contra la torre norte del World Trade Center. Los medios de comunicación difundieron la noticia, que se pensó inicialmente era un accidente, casi de inmediato.

Unos 17 minutos después otra aeronave embistió la torre sur, hecho que fue cubierto en directo por las cámaras de televisión que informaban sobre el primer suceso y que dejó en evidencia que se trataba de un ataque terrorista.

Luego se sabría que el primer avión era el vuelo 11 de American Airlines, que cubría la ruta Boston-Los Ángeles con 92 personas a bordo, y el segundo era el vuelo 175 de United Airlines, que tenía el mismo trayecto y llevaba 65 personas.

A las 9:37 am, mientras la televisión de todo el mundo transmitía las imágenes de las torres gemelas en llamas, un tercer avión (el vuelo 77 de American Airlines, que iba de Washington hacia Los Ángeles con 64 personas) chocó contra el Pentágono.

25 minutos después otra aeronave (el vuelo 93 de United Airlines, que cubría la ruta Newark-San Francisco con 44 personas a bordo) se estrelló en campo abierto en Pensilvania, al parecer luego de una lucha entre pasajeros y secuestradores.

La mañana de terror culminó con el desplome de las torres gemelas, hasta entonces los edificios más altos de Nueva York con 107 pisos cada una. Un tercer edificio del complejo se derrumbaría en la tarde. Fue allí donde hubo el mayor número de víctimas (2.602 personas).

Los atentados –que pasaron a la historia como el peor ataque sufrido por Estados Unidos en su territorio– también causaron la muerte a los 246 ocupantes de los aviones secuestrados y a 125 trabajadores del Pentágono, para un total de 2.973 víctimas fatales.