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Los activistas de Greenpeace presos en el Ártico ruso inquietos por su suerte

El rompehielos "Arctic Sunrise" de Greenpeace / AP

El rompehielos "Arctic Sunrise" de Greenpeace / AP

"Ven el panorama muy negro. Todos están acusados de los mismos cargos (piratería) y ya han sido rechazados seis", dijo hoy a Efe Sol Gosetti, coordinadora de comunicación de Greenpeace

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Los 30 activistas de Greenpeace acusados de piratería continúan en prisión preventiva en el frío puerto ruso de Múrmansk, al norte del Círculo Polar Ártico, con escasas posibilidades de que la justicia les conceda la libertad bajo fianza.

Tras 25 días de cárcel, los ecologistas no tienen esperanza de que prospere alguno de los recursos presentados en contra de la prisión preventiva dictada hasta el 24 de noviembre, especialmente después de que esta semana fueran ya rechazados seis: los de cuatro ciudadanos rusos y dos británicos.

Mañana, lunes, le tocará en primer lugar a la argentina Camila Speziale saber si es o no aceptada su petición de excarcelación, y después de ella irán el italiano Cristian D'Alesandro, el neocelandés David Haussmann, y el británico Peter Willcox, capitán del rompehielos "Arctic Sunrise" con el que los activistas organizaron la protesta en el Ártico el pasado 19 de septiembre que les ha llevado a la cárcel.

"Ven el panorama muy negro. Todos están acusados de los mismos cargos (piratería) y ya han sido rechazados seis", dijo hoy a Efe Sol Gosetti, coordinadora de comunicación de Greenpeace, que hasta ayer estuvo en la ciudad de Múrmansk y sigue en contacto directo con sus colegas allí desplazados.

En la prisión regional, los activistas ven pasar el tiempo con lentitud, mientras se aproxima el invierno, cuando apenas hay horas de sol en esta ciudad portuaria frente al mar de Bárents.

"No pueden recibir visitas de nadie que no sean sus abogados o el personal diplomático. Pasan casi todo el rato en sus celdas, y no les dan suficiente tiempo para salir a hacer ejercicio", señaló Gosetti.

La responsable de comunicación indicó que Greenpeace logró mediante gestiones mejorar algunas condiciones de la detención, por ejemplo haciéndoles llegar agua potable.

También en casos como el de la activista finlandesa Sini Saarela, a la que consiguieron enviar frutas y verduras, ya que es vegana.

Los dos argentinos presos, Camila Speziale y Hernán Pérez Orsi, pudieron hablar por teléfono con sus familias por primera vez el pasado martes 8.

"Camila estuvo hablando cinco minutos con su mamá. Está sola en una celda y le contó que tiene una televisión donde sólo puede sintonizar un canal ruso de música, y por eso intenta cantar y bailar", señaló Gosetti.

En cuanto a Hernán, "se aferra a su fe, y ha pedido ver a un cura", lo que se le ha concedido, agregó.

En Argentina, a los numerosos llamamientos y apoyos para la liberación de los activistas se sumaron ayer las Madres de Plaza de Mayo, que enviaron una carta al presidente ruso, Vladímir Putin.

"Porque compartimos su admiración por estos jóvenes que defienden nuestro planeta es que le pedimos respetuosamente que los 30 sean liberados para que puedan volver a casa pronto", señalaron.

Otra activista latinoamericana, la brasileña Ana Paula Maciel, también espera en prisión que se resuelva su situación, y esta semana la propia presidenta, Dilma Rousseff, aseguró en un programa de radio que va a "intervenir" porque "es una ciudadana brasileña y es mi obligación".

Gosetti subrayó que, aunque antes de embarcar en una misión de protesta se explica a los activistas todos los riesgos, "nadie esperaba que se les presentaran cargos de esta magnitud", en referencia a la acusación de piratería por haber tratado de encadenarse a una plataforma petrolera del gigante Gazprom.

Además, los ecologistas podrían arriesgarse a que se sumen otras acusaciones, después de que los investigadores rusos anunciaran esta semana que se habían encontrado sustancias narcóticas en el barco incautado.

"Como todos los buques de estas dimensiones, con misiones que pueden llegar a dos meses en la mar, el barco debe estar preparado para poder hacer cirugías menores, y por ello solo llevaba las sustancias que exige la ley holandesa, drogas legales como la morfina", subrayó la responsable de comunicación.

"Creemos que se refieren a esos productos, y cualquier otra acusación es totalmente disparatada", aseguró.