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Venezuela a la sombra de Ucrania

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A los 23 años, como vocero y líder del movimiento estudiantil de mayo del 68, Daniel Cohn-Bendit paralizó Francia y revolucionó al mundo vociferando consignas como “Prohibido prohibir” y “La imaginación al poder”

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A los 23 años, como vocero y líder del movimiento estudiantil de mayo del 68, Daniel Cohn-Bendit paralizó Francia y revolucionó al mundo vociferando consignas como “Prohibido prohibir” y “La imaginación al poder”, desde las barricadas del Barrio Latino de París. Haciéndose llamar Danny el Rojo, Cohn-Bendit movilizó a 3 millones de estudiantes en Francia y a casi 12 millones en toda Europa, sin hablar de Estados Unidos.

Su huelga estudiantil, que protestaba contra la guerra de Vietnam, la anquilosada estructura universitaria europea y la sociedad restrictiva de entonces, comandada en Francia por el general De Gaulle, tuvo repercusión en América Latina y el mundo entero. Ningún movimiento juvenil ha alcanzado desde entonces el impacto histórico que tuvieron los universitarios en 1968.

El 23 de mayo de ese año, De Gaulle expulsó a Cohn-Bendit de Francia y le prohibió el ingreso durante 10 años. Danny se estableció en Alemania.

Maxime Switex: Daniel, en estos últimos días todos hemos estado muy atentos a la situación en Ucrania, pero hay también otro país sacudido por fuertes manifestaciones: Venezuela.

Ya hay una decena de muertos mientras una gran parte del país manifiesta contra la situación económica catastrófica. ¿Cómo se explica usted que Venezuela, uno de los más importantes productores de petróleo, esté debilitado económicamente?

Daniel Cohn-Bendit: Exactamente. En Venezuela, a la sombra de Ucrania, pero lejos de Europa, una revuelta popular está pasando inadvertida. Desde hace semanas, decenas de miles de venezolanos manifiestan contra el poder chavista del llamado “post Chávez” del presidente Maduro.

Codo a codo, jóvenes, burgueses, pobres e intelectuales, denuncian en las calles la inflación, la corrupción y la criminalidad. ¿Usted sabe cuántos ministros hay en el gobierno de Maduro? Más de cien. Y hoy tienen al menos diez muertos, una centena de heridos y una escasez de artículos de primera necesidad. En otro épocas productor agropecuario, hoy Venezuela debe importar todo, el país solo vive de la renta petrolera y tiene una inflación récord: ¡56% en 2013!, con el correspondiente derrumbe del poder adquisitivo, sobre todo de los más pobres y, finalmente, la inseguridad: 25.000 homicidios el año pasado, contra 5 mil en el año 1998, antes de la primera elección de Chávez.

Hoy la propaganda del poder post Chávez ya no produce el mismo efecto. Quince años de poder no permiten, razonablemente, seguir acusando de la crisis al poder antecedente, entonces se echa mano a un antiimperialismo y antiamericanismo ramplón y elemental.

Maduro, el sucesor de Chávez es el hombre de Cuba como Yanukovich era el hombre de Moscú. El servicio secreto de Cuba forma a la policía política venezolana; apenas la semana pasada Maduro peroraba: “Venezuela no es Ucrania” y se solidarizaba con Yanukovich. Maduro moviliza a sus partidarios, decreta la madre de todos los combates: la lucha antifascista y antiimperialista y declara: la revuelta contra él es una revuelta fascista.

MS: Una parte de la izquierda francesa ha apoyado a Chávez y a Maduro, pienso particularmente en Jean-Luc Mélenchon.

DC-B: Sí, exactamente, y lo que es más impresionante, no solo la izquierda francesa: la presidente de Brasil, la señora Rousseff, quien estuvo en la resistencia contra las dictaduras, se solidariza también con Maduro.

Una parte de la prensa de izquierda francesa, Liberté, por ejemplo, oLiberación, mi periódico preferido, habla de la oposición venezolana como de la derecha dura, como si se tratara de fascistas. Fidel Castro y luego Chávez fueron los libertadores populares que forjaron la liberación de personas como Jean-Luc Mélenchon, a las que parece no molestarles que la prensa sea atacada, la libertad confiscada y que la corrupción campee.

Frente a ese nuevo alzamiento popular de las últimas semanas hacen como si no existiera o retoman los cañones antiimperialistas y antifascistas.

Si en su momento la “mano en la mano” de Chávez con Ahmadineyad no los chocó, ¿por qué habrían hoy de cuestionarse? La verdad histórica no les interesa, es la última de sus preocupaciones. Los enemigos de mis enemigos son mis amigos, no importa quiénes sean o lo que hagan, esa es la divisa de Mélenchon, quien se proyecta en un Chavez o en un Maduro que pueden hablar seis horas sin interrupción por la radio y la televisión pública; ese es el gran sueño de Mélenchon.