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Venezuela puede ir hacia un conflicto armado

El director para América Latina y el Caribe del International Crisis Group, Javier Ciurlizza

El director para América Latina y el Caribe del International Crisis Group, Javier Ciurlizza

Señala que el país paga las consecuencias del silencio de la comunidad internacional sobre la crisis

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El director para América Latina y el Caribe del International Crisis Group, Javier Ciurlizza, opina que Venezuela ha pasado muy rápido del enfrentamiento a la violencia política, por lo que, de no luchar contra los extremismos, las tensiones pueden derivar en un conflicto armado

–¿Cuál es el estatus que tiene la actual situación político-social de Venezuela?

–Venezuela ha sufrido de una aguda polarización política que se agrava a partir de febrero por la escalada de violencia consecuencia de las protestas sociales, por la respuesta desproporcionada de la fuerza pública y por algunos actos de violencia de grupos de manifestantes. En ese sentido, el país ha pasado del enfrentamiento a la violencia política rápidamente. De no haber una moderación de todos los involucrados y de no existir salidas institucionales estas tensiones pueden escalar hacia un conflicto armado interno.

–¿Cuáles son los principales rasgos que definen esa coyuntura?

–Lo que distingue a Venezuela y la hace un caso único es que la institucionalidad democrática está quebrada. Se observa también que las marchas y protestas y parte de la represión han dejado de ser controladas por la oposición e incluso por el gobierno, lo que anuncia un lento caos social. Preocupa la profunda división social, que impedirá consensuar soluciones urgentes para una situación económica que no da para más.

–¿Cuáles serían las consecuencias de no atender debidamente las causas estructurales de la situación actual?

–El régimen bolivariano tuvo sin duda muchos logros en lo social, contribuyó a empoderar a los más pobres y a hacerlos sentir dueños de su propio destino. Sin embargo, eso se hizo a costa de las libertades civiles, de la estabilidad económica y del Estado de Derecho. La factura se está pagando hoy. Cuando un régimen convierte su propia estabilidad en un fin en sí mismo todo lo demás pasa a un segundo plano.

–¿Cuáles serían los mecanismos para alcanzar una solución?

–Luchar contra los extremismos. Venezuela no se puede construir como nación viable destruyendo su clase media, ignorándola, o tratándola como fascista. Tampoco será posible una simple gobernabilidad calificando a los sectores populares de comunistas. Lamentablemente, el gobierno ha jugado muy mal sus cartas, optando por la descalificación y el agravio. Hay que poner a Capriles y a Maduro a hablar, urgente.  

–¿Qué lectura tiene de la respuesta del gobierno de Nicolás Maduro?

–Creo que el gobierno está lleno de temores, la mayor parte de ellos infundados, lo que redunda en cierta paranoia del poder. Hugo Chávez fue muy hábil al hacer uso de mecanismos sutiles y, aunque a veces muy ruidosos, evitó por todos los medios la violencia y la represión. Maduro parece no tener el control que tenía su mentor, ni sobre el PSUV ni sobre las fuerzas militares.

–¿Cuáles serían las condiciones mínimas para garantizar el éxito de una conferencia de paz?

–Hay que detener la violencia y parar la represión. Hay que liberar a Leopoldo López y a otras personas que sufren prisión por sus ideas políticas. Hay que investigar profundamente las responsabilidades individuales en las absurdas muertes producidas durante el último mes. Luego, cuando eso se haya logrado, Venezuela necesita restaurar la confianza en sus instituciones clave. Simultáneamente, la oposición debe renovar su compromiso por las vías constitucionales y democráticas. Maduro debe liderar a todos los venezolanos y no contraponerlos con calificativos genéricos. Unos y otros deben aunar esfuerzos para paliar la crisis, tomar medidas económicas que van a ser dolorosas y enfrentar la inseguridad.

–¿Hasta qué punto los problemas relacionados con el deterioro de la democracia y los derechos humanos van más allá del estatus de las autoridades electas?

–Lamentablemente en Venezuela hay pocos mecanismos para facilitar una solución que sea respetada por todos. La falta de credibilidad interna abona en la necesidad de la participación internacional en la construcción de una salida a la crisis institucional. La comunidad internacional está en una situación de debilidad y América Latina sufre también de una nueva polarización con respecto a los valores inscritos en la democracia y los derechos humanos. Venezuela siempre fue el caso sobre el que nadie debía hablar, y ahora estamos pagando las consecuencias del silencio.

–¿Recuerda algún caso similar?

–En muchos países se han producido crisis institucionales a partir de la polarización política. En Bolivia y Ecuador esas crisis culminaron con la elección de los actuales presidentes. En Perú, la salida de Fujimori estuvo precedida por algo de violencia en las calles. En Argentina hubo varios gobiernos y presidentes en medio de una profunda crisis. En Venezuela la polarización es más profunda. Pasa por el quiebre irresuelto de la interpretación de su propia historia entre dos mitades del país. Una que considera que el régimen bolivariano es una etapa superior del sistema político anterior y otra que cree que todos los males empezaron con Hugo Chávez. En ambos casos hay un simplismo peligroso.




Leyenda: “Hay que poner a Capriles y a Maduro a hablar, urgente”, expresa 









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