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Venezolanos en Chile: No hemos dormido en todo el día

Un terremoto de 8,4 grados en la escala de Richter se registró este miércoles Chile

Un terremoto de 8,4 grados en la escala de Richter se registró este miércoles Chile

Luego del terremoto de 8.4 que vivió el país sureño, venezolanos cuentan su experiencia. La cifra oficial de fallecidos hasta el momento es de nueve personas 

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Karen De Santis se levantó el día de ayer, 16 de septiembre, a las 8 de las mañana, tomó su café, se despidió de su esposo y salió a trabajar. Nada fuera de la rutina para esta venezolana que reside en Santiago de Chile desde hace un año y medio. “Chile es muy sísmico”, le dijo su mamá antes de irse de Venezuela. “Yo sé, pero cuando esté allá veremos”. Para su sorpresa el día llegó: “Terremoto de 8.4 sacudió al país suramericano”, “Chile vive el terremoto más fuerte de 2015”, así titulaban los medios de comunicación minutos después de conocerse el desastre.

Karen no leyó la noticia, la vivió. En la noche decidió salir junto con su esposo a un café cerca de su casa. Tomó su cartera, abrió la puerta, pasó llave (algunas costumbres nunca se olvidan) y marcó el botón para llamar el ascensor. Todo normal hasta el momento. Entraron, se cerraron las puertas… Pero no bajaron a Planta Baja. En ese preciso instante empezó a moverse el elevador, las paredes rebotaban con las columnas, las luces se apagaron, el ruido de las guayas se confundían con el rugido de la tierra. Uno de los peores escenarios para vivir un terremoto es un ascensor y allí estaba Karen: sin poder ver absolutamente nada, tambaleándose de un lado a otro y pensando que su vida colgaba literalmente de un cable. “Esto puede salir muy bien o muy mal”, era lo único que la consolaba mientras se sacudía un país entero.

17 de septiembre, un día después del terremoto, el sol ilumina la urbe, la gente está en la calle, el metro funciona, los servicios están activos. “Estos chilenos son una cosa seria”, pensó Karen cuando vio que todo seguía su rumbo. Por supuesto que hablan sobre lo sucedido, todavía las autoridades están evaluando los daños ocasionados por el movimiento telúrico y las comunidades más afectadas son aquéllas que se encuentran ubicadas cerca del epicentro a 177 kilómetros al norte de la ciudad de Valparaíso.

Su celular vuelve a sonar, esta vez es su mamá. “¡Viste!, yo te dije que ese país no me gustaba”. Karen toma una foto con su teléfono y se la manda junto con el comentario: “Aquí todo está normal, aunque no lo creas, la gente está acostumbrada a esto”. Ella también deberá familiarizarse con los temblores, como lo ha hecho con la comida, el clima y las palabras. La migración es así: acostumbrarse sobre la marcha a la “normalidad” de cada ciudad, al igual que hacen muchos venezolanos en su propio y dinámico país.