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Ucrania, la frontera de la nueva Guerra Fría

Ucrania / EFE

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La nación es hoy el escenario de la tensión remanente de la caída de la Unión So-viética hace 20 años

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Con la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas el mundo pensó que se acababa la gran división de dos sistemas. El capitalismo se impuso al comunis-mo. Gobiernos como los de China y Cuba estaban condenados a desaparecer, al menos en su concepción económica o modificar sus sistemas. La disolución de la gigante nación euroasiática en más de 10 repúblicas –algunas aún socialistas, pero abiertas al estilo de vida de Occidente– parecía confirmar el nacimiento de una nue-va etapa. Nada más lejos de la verdad.

La naciente Federación Rusa acusó el golpe y durante más de una década se man-tuvo con bajo perfil, pero hoy de nuevo reclama su papel protagónico en el mundo, basándose en su imagen de potencia política, económica y militar del siglo XX. El ejemplo más reciente del resurgimiento como gran nación con fuerza bélica es –a pesar de los reclamos generalizados de Occidente–, la anexión de Crimea, territorio autónomo de Ucrania y en ciertos momentos históricos, independiente de Moscú y de Kiev.

Las causas que aduce Rusia para retomar el estratégico territorio –a través de él cir-culan importantes gasoductos que llevan el insumo a Europa– es la necesidad de hacer respetar a la comunidad culturalmente rusa que vivía en esa nación con la as-piración de volver a la “gran Rusia” que ofrece el presidente de esa nación Vladi-mir Putin y que no desea verse mezclada con la Ucrania proeuropea que desea vin-cularse a la Unión Europea y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Rusia aprovechó la turbulencia para señalar que la movilización de tropas de su pa-ís a la frontera con Ucrania tenía como sentido proteger a los que disienten de los manifestantes del Maidan proeuropeo y de posibles ataques contra ellos.

Pero el problema real de Europa, Rusia y Ucrania pasa por los temas políticos, eco-nómico y de seguridad.

La confrontación. La caída de un mundo de dos bloques al multipolar en que Es-tados Unidos se quedó sin contrapesos y surgieron múltiples pequeñas amenazas a las que el gigante norteamericano no supo responder porque no estaba preparado para el cambio como el narcotráfico y el terrorismo. La Unión Europea creció co-mo aliado del triunfador, pero es hoy una multiplicidad de opiniones en las que ca-da país aún busca su interés no mancomunado sino desde su territorio. Ucrania es la nación que aspira a ser moderna y democrática, pero se ve atrapada por su pasado y que hoy es una ficha de cambio en el ajedrez de los gigantes.

Lo dice el ex ministro de Exteriores de Alemania Jochska Fischer en un artículo publicado en El País de España. “El objetivo de Putin nunca ha sido el control ruso solo de Crimea; siempre ha querido apoderarse de toda Ucrania, porque nada teme más que un vecino moderno, democrático y con éxito que socave con su ejemplo la autoridad de su ‘democracia tutelada”.

Sin dependencias. En el tema económico es más que clara la dependencia de Eu-ropa del gas ruso. Países como República Checa, Eslovaquia, Hungría y Polonia consumen más de 50% de este suministro; sin embargo Jana Kobzová, investigado-ra del European Council on Foreign Relations, en un artículo para el Carnegie En-dowment señala que tras el enfrentamiento por el gas entre Rusia y Ucrania de 2009 el asunto es importante, pero no determinante. “Con la ayuda de la Unión Eu-ropea se mejoró la capacidad de almacenaje de las naciones de Europa Central, se diversificó la capacidad para transportar el insumo a través de las fronteras y se de-sarrollaron nuevas rutas para abastecerse del producto, además se hicieron cambios estructurales para poder revertir el flujo del gasoducto de oeste a este”. La experta también explicó que desde el punto de vista de exportaciones Rusia no está entre las cinco naciones a la que más le exportan las naciones de Europa central.

Fischer, por su parte, añadió que ya hay propuestas de crear –tras las lecciones aprendidas de 2009– una unión energética europea, que comience por el gas natural y que tenga una política común de precios. “Esa medida, combinada con una mayor diferenciación entre los países proveedores y un mayor avance hacia la aplicación de tecnologías de energías renovables invertiría el equilibrio de poder entre la Unión Europea (el cliente más importante del petróleo y el gas natural de Rusia) y el Kremlin”, señaló.

El exministro expuso que si Polonia se adhiriera al euro, más temprano que tarde, el desafío de Putin a Europa occidental recibiría una respuesta contundente y total-mente pacífica. Además le daría importancia a una nación de Europa central, lo que llevaría a un bloque más integrado.

Seguridad. La OTAN no tenía contrapeso y absorbió a naciones del Pacto de Var-sovia. Rusia vio como su espacio de influencia se perdía con la expansión e inclu-sión de países del extinto Pacto de Varsovia en el marco del bloque europeo. Occi-dente tocaba sus puertas y Rusia al igual que Alemania necesitan un cordón sanita-rio y que su espacio de influencia sea respetado. Moscú sabe que Occidente no des-ea un conflicto y menos en su “vecindario”, por lo que con anexiones como las de Crimea o la ampliación y búsqueda de más bases en el Polo Norte, cercanas a Fin-landia y Noruega o reconocimientos de Estados como Abjasia, Osetia del Sur y búsqueda de secesiones como la de Transnistria de Moldavia pretende aumentar su zona de influencia.

La unión de Ucrania a la Unión Europea o a la OTAN supondría tener tropas de Alianza frente a sus fronteras, también implica en su deseo de ampliar más su ya vasto territorio.

Mientras tanto, Estados Unidos impone sanciones a Rusia que, a su vez, promete su resurgimiento y Europa no sabe si su papel debe ser el del policía bueno o el policía malo. Ucrania, dentro de su territorio, sufre atrapada entre su viejo aliado y lo que consideran el futuro al que desean unirse, viven la misma tensión que los europeos temen ocurra en el mapa geopolítico del Viejo Continente. El enfrentamiento del oeste europeo, representado por la capital Kiev, contra el este prorruso del centro económico, Donetsk. Sin embargo, la diferencia en Ucrania es que el choque so-brepasa las discusiones de los modelos políticos, económicos y las diferencias se saldan con sangre y vidas.