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Ucrania se enfrenta a la secesión

El presidente ruso, Vladímir Putin / EFE

El presidente ruso, Vladímir Putin / EFE

Putin utilizó el argumento de defender a la población rusoparlante para intervenir en su vecino. Moscú busca retomar el protagonismo tras caída de la URSS

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"No creemos en falsos referendos", dijo Geoffrey Pyatt, embajador de Estados Unidos en Ucrania, ante la consulta secesionista que se hace hoy en ciudades como Slaviank, Luhansk y Donetsk. En estas mismas urbes del sur y este del país grupos prorrusos han irrumpido en edificios de gobierno y ha habido violencia y derramamiento de sangre.

El presidente interino de Ucrania, Arseni Yatseniuk, afirmó que seguirá su ofensiva contra los que consideran insurgentes sublevados contra Kiev.

Los prorrusos critican la brutalidad de la policía. Uno de sus manifestantes

advierte: "La próxima vez que los soldados ataquen, los vamos a liquidar a todos, porque tenemos lo que hace falta para hacerlo".

En este clima de inestabilidad Ucrania lucha por sobrevivir como una unidad nacional ante la amenaza de una posible de secesión que se expande por los territorios orientales.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, prometió en su campaña presidencial de 2012 volver a la gran Rusia, a la nación que era potencia mundial. El mandatario no ocultó su ideal de revivir al país, heredero de la Unión Soviética, después de la debacle comunista de 1991. Esta vez desde el capitalismo, pero con la misma o más zonas de influencia de las perdidas con la caída del bloque rojo.

El viernes pasado, día cuando se celebra la Victoria Aliada en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, Putin lo celebró desde el recién anexado territorio de Crimea en un notorio desafío a Occidente y en respuesta a mantener su zona de influencia en Europa.

Ucrania es uno de los pocos países con los que tiene frontera Rusia en el Viejo Continente que no pertenece a la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Las otras naciones con que limita, pero no están en este grupo, son su aliado Bielorrusia ­calificada como la última dictadura de Europa­, Noruega, con la que tiene apenas 100 kilómetros de línea divisoria al noroeste del país y Finlandia, miembro de la Unión Europea que debate si debe unirse a la Alianza Atlántica para protegerse del gigante euroasiático.

El Kremlin tiene mucho interés geopolítico sobre Ucrania. Es una nación con una importante población que comparte la herencia cultural y el idioma de los rusos. Es el segundo territorio más grande del continente ­solo superado por la propia Rusia­ que tiene un marcado interés europeísta e intenciones de adherirse a la OTAN, como lo expresó en 2008. De hecho, fue justo la negativa del entonces presidente Víktor Yanukóvich a firmar el acuerdo de asociación con la Unión Europea a finales de 2013, lo que causó una ola de protestas que derivaron en la posterior destitución del mandatario, quien por el contrario había buscado un pacto con Moscú, que le garantizaba gas más barato.

La revuelta multitudinaria comenzó el 21 de noviembre de 2013 y terminó con la destitución de Yanukóvich el 22 de febrero de 2014. Ese día el mandatario negó haber renunciado. En su alocución hubo dos elementos simbólicos del estado del actual conflicto: el primero fue que habló desde la ciudad de Jarkov, uno de los enclaves prorrusos al este del país, y el segundo, que su discurso fue en ruso, idioma de facto durante la era soviética y no el oficial de la nación, el ucraniano.

Si Kiev se integraba a la OTAN y a la Unión Europea, todo el aparato de Occidente, incluyendo las fuerzas militares estaría a las puertas de Rusia, lo que prendió las alarmas de Moscú.

Lo que originalmente era un choque entre ucranianos por posturas políticas y económicas prorrusas u occidentales o de seguidores del gobernante o sus opositores, se convirtió en una zona de reacomodo de territorio de Rusia en el país y con la mira a Europa. La desestabilización le convenía a los intereses del Kremlin que se mostraba como un padre que velaba por los intereses de un hijo en problemas.

Los territorios del sur y el este como Crimea, Donetsk, Luhansk y Jarkov, de gran influencia rusa, pasaron a ser objetivos no tanto del ejército ruso, que estaba en la frontera, pero sí de apoyo para los activistas prorrusos.

La toma de Crimea. La pequeña península emplazada en el mar Negro, al sur de Ucrania, es la sede del puerto de Sebastopol, lugar en el que está la base de la armada rusa del Mediterráneo ­con un estatus similar al de Guantánamo­ y enclave estratégico por el que, junto con el este y sur de Ucrania, pasan importantes gasoductos para el oeste del continente.

A propósito de la situación de Sebastopol, Rusia reconoció en 1997 a Crimea como parte de Ucrania y en 2010 extendieron el contrato de arrendamiento de la base en la península, cuatro años después fue tomada para proteger a los prorrusos que votaron por declararse como la República de Crimea unida a la Federación Rusa.

Crimea tiene un marcado legado cultural de Rusia. En la zona predomina el idioma ruso. El territorio fue cedido por Nikita Jruschev en 1954 a Kiev.

Poco podía saber el líder que 60 años después, Rusia desplegaría 40.000 militares en esa frontera, sin identificación ni rango. Moscú solo ha dicho que esa movilización corresponde a ³juegos de guerra² y ha asegurado que ya fueron retirados; Estados Unidos y la OTAN señalan que no hay indicios de ello.

Ucrania, en respuesta, ha movilizado 15.000 soldados para tratar de preservar su integridad territorial, que se ve amenazada por referendos que se hacen hoy para pedir la independencia de Donetsk, Luhansk y Jarkov. Las consultas son calificadas como ilegítimas por Ucrania y Europa occidental.

Mientras tanto Putin ha querido lavarse las manos diciendo que las elecciones para escoger el nuevo gobierno el 25 de mayo están en el camino correcto de la democracia, algo que irritó a los mismos grupos que apoyan la iniciativa prorrusa.

La crisis en cifras

Según el Centro Pew de Investigación, la mayoría de los ucranianos señalan que su país debe permanecer indivisible. El sondeo realizado la primera semana de abril expresó que 77% de los ucranianos quieren mantener la integridad territorial del país incluso en el este en que 70% votaría a favor de la unidad. La gran diferencia se dio en Crimea en que 54% defendió el derecho a la secesión.

Pero el ideal de unidad en Ucrania no implica que haya apoyo total hacia el gobierno que sucedió al depuesto Yanukóvich porque solo 41% de la población apoya la gestión de las autoridades interinas. En cuanto a la valoración sobre Rusia, 67% de los ucranianos creen que Moscú tienen mala influencia en el país mientras que solo 22% de los encuestados vieron de forma positiva la actitud de Putin y su gobierno en la crisis ucraniana.