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Tokio conmemora 70 años de bombardeo mortífero

Haruyo Nihei, que tenía 8 años cuando cayeron las bombas incendiarias estadounidenses, es una de muchos sobrevivientes que callaron durante décadas. Pasó medio siglo antes de que revelara su experiencia a su propio hijo | Foto: AP

Haruyo Nihei, que tenía 8 años cuando cayeron las bombas incendiarias estadounidenses, es una de muchos sobrevivientes que callaron durante décadas. Pasó medio siglo antes de que revelara su experiencia a su propio hijo | Foto: AP

El ataque del 10 de marzo de 1945 a Tokio mató más gente que la bomba atómica del 9 de agosto en Nagasaki. La cifra de muertos iguala la del ataque atómico del 6 de agosto a Hiroshima

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Japón conmemoró el martes a 105.400 personas que murieron en una sola noche hace 70 años cuando bombarderos estadounidenses B-29 destruyeron gran parte de Tokio en el ataque con bombas convencionales más mortífero de la historia.

El primer ministro Shinzo Abe hizo una reverencia en una ceremonia sombría en un templo céntrico que fue construido para conmemorar las muertes de un terremoto en 1923 pero que también se usa para recordar a las víctimas de los bombardeos en la Segunda Guerra Mundial.

"Con la lección de las atrocidades de la guerra arraigada profundamente en nuestros corazones debemos enfrentar humildemente el pasado y hacer todo lo posible para contribuir a la paz mundial", afirmó Abe, rodeado de coronas de flores blancas y crisantemos, ante la presencia de dignatarios, sobrevivientes y otros residentes.

El ataque del 10 de marzo de 1945 a Tokio mató más gente que la bomba atómica del 9 de agosto en Nagasaki. La cifra de muertos iguala la del ataque atómico del 6 de agosto a Hiroshima.

Pero el ataque a Tokio y otros a más de 60 ciudades japonesas han recibido poca atención, eclipsados por los bombardeos atómicos y la acelerada reconstrucción japonesa. El único monumento público formal a las víctimas de Tokio es un sitio modesto cerca del templo donde se llevó a cabo la ceremonia del martes.

Haruyo Nihei, que tenía 8 años cuando cayeron las bombas incendiarias estadounidenses, es una de muchos sobrevivientes que callaron durante décadas. Pasó medio siglo antes de que revelara su experiencia a su propio hijo.

"Nuestros padres se limitaban a decir que era una época diferente", dijo Nihei. "No hablaban al respecto. Y supuse que mi propia familia no comprendería".

Nihei, ahora de 78 años, observó la tragedia desde un terraplén ferroviario. "Era una tormenta de fuego. Vi a un bebé envuelto en llamas en la espalda de su madre, que no pudo apagar el fuego. Vi a un hombre que llevaba un caballo de la brida. El animal se resistió y la carga que llevaba se incendió, después el fuego le abrasó la cola y lo quemó vivo, y el hombre se quedó paralizado y se quemó con él", recordó.

Ahora, a medida que su número disminuye, los sobrevivientes están dispuestos a contar sus historias mientras todavía pueden hacerlo.

Los B-29 de Estados Unidos sobrevolaron Tokio en la mitad de la noche, arrojando cargas masivas de bombas de fragmentación equipadas por un invento reciente: napalm. Una quinta parte de Tokio quedó convertida en pilas de escombros humeantes y cadáveres incinerados.

Mientras los ataques anteriores se habían concentrado en fábricas de aviones e instalaciones militares, las bombas incendiarias en Tokio se lanzaron en gran medida contra civiles, en lugares como un sector céntrico de la capital conocido como "shitamachi", donde los moradores vivían en casas tradicionales de madera y papel con densidades que solían superar las 100.000 personas por milla cuadrada.

"Había muchas fábricas pequeñas, pero esta área se escogió específicamente debido a que era fácil de incendiar", dijo el historiador Masahiko yamabe, que nació meses después de la conclusión de la guerra.