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“Tercera guerra mundial se desarrolla por todas partes”

Francisco pidió a sus sacerdotes aceptar el “cansancio positivo y saludable” de ser un buen pastor | Foto EFE

Francisco pidió a sus sacerdotes aceptar el “cansancio positivo y saludable” de ser un buen pastor | Foto EFE

Francisco dijo que el acuerdo sobre el programa nuclear de Irán es motivo de esperanza 

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El papa Francisco aseguró en la misa del Domingo de Resurrección que una “tercera guerra mundial se desarrolla por todas partes”, en referencia al conflicto entre palestinos e israelíes, la violencia en países como Libia, Ucrania y Yemen, y los jóvenes asesinados en Kenia.

La tercera Pascua que celebra el argentino Jorge Bergoglio desde su elección como pontífice en marzo de 2013, estuvo ensombrecida por la masacre de 148 estudiantes, en su mayoría cristianos, de la Universidad de Garissa (Kenia), perpetrada el jueves por el grupo yihadista somalí Al Shabab.

“Que todas las personas de buena voluntad eleven una oración incesante por aquellos que perdieron la vida, y pienso muy especialmente en los jóvenes asesinados en la Universidad de Garissa”, dijo el papa desde el balcón de la basílica de San Pedro antes de impartir la bendición Urbi et Orbi.

Exigió que cesen las tragedias y persecuciones en África y Medio Oriente. “Quien lleva en sí la fuerza de Dios, su amor y su justicia, no necesita usar la violencia”, expresó para referirse a los grupos religiosos que recurren a la guerra, pero sin mencionar a los movimientos yihadistas.

El pontífice exhortó a la comunidad internacional a que “no permanezca inerte ante la inmensa tragedia humanitaria y el drama de tantos refugiados” en Siria e Irak. “Que cese el fragor de las armas y se restablezca la convivencia entre los diferentes grupos que forman estos amados países”, agregó.

También llamó a ponerle fin al absurdo derramamiento de sangre en Libia y pidió que en Yemen “prevalezca una voluntad común de pacificación, por el bien de toda la población”.

Esperanza. Tras enumerar las tragedias, el papa solo destacó un motivo de esperanza: el acuerdo marco concluido el 2 de abril en Lausana (Suiza) entre Irán y las grandes potencias sobre el programa nuclear iraní. Deseó que sea “un paso definitivo hacia un mundo más seguro y fraterno”.

Francisco no citó a América Latina, su continente, pero sí pidió “paz y libertad para las víctimas de los traficantes de drogas”, y destacó que “a menudo están vinculados a los poderes”.

De la misma manera –prosiguió– el mundo debe librarse de los “traficantes de armas que se enriquecen con la sangre de hombres y mujeres”. También criticó las nuevas y antiguas formas de esclavitud.

El pontífice ofició la misa en medio de una fuerte lluvia en la explanada de la basílica de San Pedro. La multitud se apiñó bajo un mar de paraguas multicolores para escucharlo. Como cada año, hubo grandes instalaciones de flores frescas de colores vivos, traídas de Holanda, que aligeraban el ambiente.

La Semana Santa es un momento intenso y agotador para el papa: el jueves celebró dos misas, el viernes presidió el ritual de la Pasión de Cristo en la basílica de San Pedro y el Vía Crucis en el Coliseo de Roma, el sábado celebró la Vigilia Pascual durante dos horas y media.

Francisco explicó que el misterio de la Pascua “no era un hecho intelectual” sino accesible. “Para entrar en este misterio es necesaria la humildad de inclinarse, de descender del pedestal de nuestro yo tan orgulloso, de nuestra presunción, la humildad de redimensionarse”, explicó.

Agregó que para comprender ese misterio se requiere “no tener miedo de la realidad: no cerrarse en sí mismo, no huir ante lo que no comprendemos, no cerrar los ojos ante los problemas, no negarlos, no eliminar los puntos de interrogación”.