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Sotloff: Un reportero vocacional con amor por el Medio Oriente

Periodista Steven Sotloff / Getty

Periodista Steven Sotloff / Getty

El estadounidense, de 31 años, ha sido el segundo de los periodistas decapitado por el grupo yihadista Estado Islámico (EI) tras el comienzo de los bombardeos selectivos por parte de Estados Unidos contra sus posiciones en el norte de Irak

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Durante sus años de facultad en la Universidad Central de Florida, el reportero Steven Sotloff ya empezó a dar forma a su deseo de convertirse en corresponsal en Medio Oriente, un sueño al que no temía y que hizo realidad, pero por el que finalmente terminó perdiendo la vida.

El estadounidense, de 31 años, ha sido el segundo de los periodistas decapitado por el grupo yihadista Estado Islámico (EI) tras el comienzo de los bombardeos selectivos por parte de Estados Unidos contra sus posiciones en el norte de Irak, una muerte que, junto a la de su compañero James Foley, ha conmocionado al mundo.

Judío, nieto de supervivientes del Holocausto e incluso con nacionalidad también israelí, Sotloff viajó siendo muy joven a Yemen para comenzar a aprender árabe mientras compaginaba sus estudios de Periodismo, y aunque al finalizar la carrera pasó por algunas redacciones locales en Miami, no tardó en dar el salto a Medio Oriente , donde siempre había deseado trabajar.

Libia, Egipto o Bahrein fueron algunos de sus destinos desde donde comenzó a escribir historias como periodista autónomo para diversas publicaciones, entre ellas las prestigiosas revistas Time o Foreign Policy, pese a saber que esa zona es una de las más peligrosas del planeta para ejercer su oficio.

Alentado por su valentía y su vocación como reportero de guerra, trabajó en situaciones muy precarias y no especialmente bien pagadas, y pasó por situaciones comprometidas durante el estallido de la Primavera Árabe o la crisis Libia y la caída de Muamar Gadafi.

Emerson Lotzia Jr., compañero suyo durante la universidad, explica que Sotloff no se dejó nunca intimidar por los riesgos que planteaba la región, aunque era plenamente consciente de ellos.

"Un millón de personas podrían haberle dicho que lo que estaba haciendo era una locura, era lo que nos parecía a nosotros mirando desde fuera, pero a él era lo que le gustaba hacer y no iban a detenerlo", relató Lotzia al periódico de su facultad, el Central Florida Future, para el que el propio Sotloff colaboró.

"Steve decía que daba miedo estar por ahí. Que era peligroso. Que no era seguro estar allí. Él lo sabía y regresaba de nuevo", agregó su compañero a la publicación universitaria cuando los yihadistas amenazaron con acabar con su vida en la misma grabación en la que asesinaban al también periodista estadounidense James Foley.

Hasta la publicación del vídeo de la decapitación de Foley, hace poco más de dos semanas, poco se sabía del paradero de Sotloff desde hacía un año, cuando se cree que fue capturado por los terroristas en las proximidades de la ciudad de Aleppo, en Siria, cuando informaba sobre la guerra civil que vive ese país.

Su doble nacionalidad suponía un agravante durante su secuestro, por lo que sus familiares y amigos decidieron pedir a la prensa que no informara sobre su situación con el objetivo de facilitar su liberación, aunque sus esfuerzos se vieron truncados este martes.

Divertido, comprometido, testarudo y con un gran sentido del humor, son hoy algunos de los adjetivos que utilizan aquellos que lo conocieron tanto en el terreno profesional como en el personal, un día después de que la filmación de su ejecución a manos del Estado Islámico haya dado la vuelta al mundo.