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Siria, crónica de una guerra sin periodistas

Refugiados sirios | Reuters

Refugiados sirios | Reuters

Si hay algo que diferencia la cobertura de Siria de otros conflictos, como el de Irak, es que los informadores son objetivo de ambos contendientes

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Matar al mensajero se ha convertido en una práctica habitual en Siria, el país más peligroso para los periodistas con más de cincuenta muertos y una treintena de secuestrados, entre ellos tres españoles, en una guerra que se está quedando sin testigos neutrales para contarla.

Si hay algo que diferencia la cobertura de Siria de otros conflictos, como el de Irak, es que los informadores son objetivo de ambos contendientes.

"La principal amenaza se encuentra en el norte, en las partes liberadas por los rebeldes, donde algunos grupos tienen como blanco a los periodistas y han secuestrado tanto a sirios como a extranjeros", dijo a Efe la responsable de Reporteros sin Fronteras (RSF) para Oriente Medio y Norte de África, Soazig Dollet.

La activista destacó que para trabajar en las áreas bajo control gubernamental se necesita un visado si se es extranjero, mientras que muchos profesionales sirios han sido arrestados o se han exiliado.

El fotógrafo español Manu Brabo estuvo entrando de forma intermitente en el norte de Siria desde agosto de 2012 hasta marzo pasado: "Nunca he estado más de dos semanas dentro porque es peligroso. Te marchas cuando empiezan a fallar los sistemas de alarma porque normalizas situaciones que son peligrosas", señaló a Efe.

Brabo considera que ha habido una evolución del peligro. En su caso, al principio estaba más pendiente de las milicias del régimen, por si irrumpían en las áreas insurgentes, pero luego comenzó a escuchar que algunos compañeros habían tenido dificultades con los yihadistas.

Esos problemas se hicieron, a su juicio, más acuciantes a partir del 22 de noviembre de 2012, con el secuestro del reportero freelance estadounidense James Foley.

El propio Brabo, que ha recibido el premio Pulitzer en 2013 por su trabajo en Siria junto al equipo de la agencia Associated Press, fue capturado por las tropas gubernamentales en Libia.

Sin embargo, "allí si te buscaban los de (Muamar) Gadafi te ibas a trabajar donde los rebeldes, en Siria no se puede ir a ninguna de las dos partes", subrayó.

Una reportera con una amplia experiencia en Siria es la libanesa Zeina Khodr, del canal de Al Yazira en inglés, que cubrió el comienzo del levantamiento contra el régimen de Bachar al Asad en marzo de 2011 en la provincia meridional de Deraa.

"En los inicios, el máximo riesgo era que te vieras en medio de un fuego cruzado", recordó la periodista, que más tarde se vio obligada a trabajar en las zonas tomadas por los opositores por el cierre de la oficina de Al Yazira en Damasco.

Durante un año ha estado en numerosas ocasiones en las provincias septentrionales, como Alepo e Idleb, pero nunca estancias prolongadas, "como mucho cuatro días por razones de seguridad. No quieres que te sigan la pista", declaró a Efe.

De hecho, limitar el tiempo de permanencia en Siria es su principal herramienta para limitar riesgos. La segunda, "conocer bien con quién estás y saber las zonas a las que vas a ir, no se puede ir de un sitio a otro sin saber", advirtió.

"Hay gente que tienta a los periodistas desde Antakya (Turquía) para venderles una historia, les convencen para que entren y los capturan dentro. Te vigilan desde la frontera", indicó la reportera.

El problema -agregó- es que no se puede culpar a un grupo en concreto. "No sabemos a ciencia cierta quién mató al cámara iraquí", señaló la periodista, en referencia a Yaser Faisal al Yumaili, ejecutado la semana pasada en Idleb.

Pese a estos riesgos, Khodr no descarta volver a entrar en Siria: "Depende de la historia", reflexionó.

Según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), el aumento del peligro en el último año radica en la creciente influencia de organizaciones vinculadas a Al Qaeda en el norte de Siria, que han secuestrado tanto a trabajadores de medios locales como internacionales, "a los que tachan de espías".

Aun así, para el coordinador del CPJ para Oriente Medio y Norte de África, Sherif Mansur, los riesgos no se detienen aquí, porque "hay periodistas que han sido secuestrados por rebeldes y grupos criminales que exigen un rescate. También hay milicias progubernamentales implicadas en raptos".

Detrás de todo esto subyace la impunidad, porque "simplemente no hay consecuencias si se secuestra a un periodista", resaltó.

Tres españoles -Marc Marginedas, Javier Espinosa y Ricardo García Vilanova- están secuestrados desde el pasado mes de septiembre en territorio sirio, donde al igual que otros muchos periodistas entraron para dar testimonio del conflicto que desangra al país árabe.