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Sderot, la ciudad de los 15 segundos

Está ubicada al sur de Israel, a tan sólo un kilómetro de la Franja de Gaza y a pleno alcance de los cohetes de milicianos palestinos que buscan aterrorizar a quienes consideran sus enemigos y ocupantes

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Un día normal. Los adultos trabajan, hacen diligencias, los niños están en sus aulas de clase cuando una alarma resuena en la ciudad. Tienen tan sólo 15 segundos para llegar al refugio más cercano antes de que caigan los proyectiles que se han disparado.

La situación descrita no corresponde a hechos de la Segunda Guerra Mundial, ni a la amenaza nuclear de la Guerra Fría, es la cotidianidad en Sderot, al sur de Israel a tan sólo un kilómetro de la Franja de Gaza y a pleno alcance de los cohetes de milicianos palestinos que buscan aterrorizar a quienes consideran sus enemigos y ocupantes.

Sderot, es una pequeña ciudad de tan sólo 5 kilómetros de superficie y 20.000 habitantes que viven en constante zozobra. Sobre todo los niños son los que sufren de terrores nocturnos y orinan sus camas por el constante lanzamiento de misiles Qassam. Los Fajr-5 están reservados para distancias mayores como las ciudades de Ashkelon, Ashdod y últimamente Tel Aviv y Jerusalén.

Al otro lado de la frontera, en la Franja de Gaza, ciudadanos palestinos viven una situación similar, al estar expuestos a los misiles con los que el Ejército de Israel busca eliminar con ataques “quirúrgicos” a quienes considera como “terroristas” palestinos. La alta tecnología no logra evitar, sin embargo, que en estas operaciones resulten muertos o heridos muchos civiles. El dolor y la miseria se vive a ambos lados de la frontera.

En Sderot, la vida trata de llevarse con la mayor normalidad. Hay refugios por toda la ciudad a una distancia de carrera de 15 segundos. Los parques y paradas de autobuses tienen refugios antibombas para prevenir perdidas fatales, aunque aun con estos cuidados y el sonido de las alarmas muchas personas han fallecido en la última década en esa región.

Los refugios tampoco son una completa garantía de supervivencia. En 2007 un impacto directo de un proyectil mató a una familia de cuatro personas que habían logrado guarecerse en una de estas protecciones de concreto.

Al entrar en el cuartel de policía de la ciudad estantes enteros reúnen pedazos de metal, doblados y deformados, que alguna vez fueron misiles. En ellos hay números y letras con la fecha en que fueron lanzados, la distancia de vuelo, el lugar exacto en el que cayó y la agrupación que lo disparó, a estas la identifican por sus colores.

En esta ciudad –fundada en 1951 como parte del ideal israelí de “hacer florecer el desierto”–, y que lleva el nombre de bulevar, por la intención de construir muchos parques, paseos y plazas, por ley, todas las edificaciones deben tener un refugio antimisiles. Todo edificio construido después de 1993 debe tener este tipo de protección e incluso en los hechos previo a esta fecha se han debido erigir estos espacios.

Un chiste común surgido a raíz de los constantes bombardeos de cohetes palestinos es que ahora en la ciudad todos en sus casas tienen un cuarto más. Sin embargo, los disparos aunque siguen sucediendo disminuyeron en los últimos años en parte por la inteligencia israelí y en parte porque los extremistas ampliaron el rango de su ataque a ciudades más al norte.

Mientras tanto sigue el día a día y en Sderot viven bajo el temor constante de que suene la alarma y tener que llegar al refugio antes de que pasen 15 segundos.