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Rousseff inauguró hoy una fábrica de piezas para submarinos

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff / AFP

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff / AFP

La puesta en marcha de estas instalaciones supone el primer paso concreto para la construcción del que será el primer submarino de propulsión nuclear de América Latina

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La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, inauguró hoy una fábrica de piezas para submarinos, entre ellos uno de propulsión nuclear, que la Marina del país construirá mediante acuerdos de cooperación firmados con Francia en 2009.

La puesta en marcha de estas instalaciones, que funcionarán en la ciudad de Itaguaí, en el estado de Río de Janeiro, supone el primer paso concreto para la construcción del que será el primer submarino de propulsión nuclear de América Latina.

"Con esta iniciativa entramos en un selecto grupo de países con acceso a un submarino nuclear", destacó Rousseff, quien aseguró que "muy pocas" naciones del mundo dominan o poseen esa tecnología.

La jefa de Estado subrayó que el submarino nuclear que Brasil aspira a tener en operaciones en 2023 no será un instrumento de guerra, sino de prevención y defensa.

"La industria de la defensa es una industria de paz, pero sobre todo, de conocimiento", declaró Rousseff, quien apuntó que la unidad inaugurada hoy será también un centro de "producción y difusión de tecnología".

Los acuerdos firmados con Francia hace cuatro años implican la fabricación conjunta de cinco submarinos, uno de ellos nuclear, 50 helicópteros, un astillero militar y una base naval, todo con tecnología gala.

La planta inaugurada hoy, el astillero y la base demandarán unas inversiones de 7.800 millones de reales (3.900 millones de dólares) hasta el año 2017 y generarán 9.000 empleos directos y otros 32.000 indirectos, precisó hoy el Ministerio de Defensa.

El titular de esa cartera, Celso Amorim, quien era ministro de Relaciones Exteriores cuando se firmaron los acuerdos con Francia, dijo durante la inauguración de la planta que Brasil "entendió que no puede delegar su seguridad y que debe asumirla con los mejores equipamientos".

Amorim defendió la exigencia de transferencia de tecnología que Brasil plantea en todos sus negocios militares y aseguró que "un país que es eternamente dependiente de lo que los otros le proveen no puede ser autónomo, ni defender sus recursos, su población y su orientación en el mundo".