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Rousseff cumple tres años de Gobierno con mejor nota en política que economía

Dilma Rousseff, actual presidenta de Brasil, estudió economía en la Universidad Federal de Río Grande del Sur. Es la primera mujer en ocupar la presidencia en su país y la tercera en América Latina | Foto: Portafolio.co

Dilma Rousseff | Foto: Portafolio.co

Tras registrar una expansión dl 7,5 % en 2010, en el último año de Lula en el poder, el crecimiento económico brasileño con Rousseff fue de 2,7 % en 2011 y de 1,0 % en 2012.

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La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, cumple mañana tres años en el poder con mejores notas en la política que en la economía, una materia que también aprueba pero con apenas un "regular", según la opinión de la mayoría de los expertos.

Rousseff asumió la presidencia en enero de 2011, tras ganar las que fueron las primeras elecciones en las que compitió en su vida, en momentos en que Brasil era la "niña de los ojos de los mercados" y se apostaba al despegue definitivo del coloso suramericano.

Ungida candidata por su mentor y antecesor Luiz Inácio Lula da Silva, su condición de economista fortalecía la imagen de Brasil ante los mercados, pero, en contra de lo que se esperaba, Rousseff mostró mucha más maña para la política que para mantener el fuerte impulso que llevaba la economía brasileña.

Tras registrar una expansión dl 7,5 % en 2010, en el último año de Lula en el poder, el crecimiento económico brasileño con Rousseff fue de 2,7 % en 2011 y de 1,0 % en 2012.

Los expertos calculan que este año no pasará del 2,3 % y que esa tasa se repetirá en 2014.

Aunque se ha mantenido en terreno positivo, ese crecimiento es considerado escaso, sobre todo porque se combina con una inflación que en los últimos tres años se ha mantenido en torno al 5 %.

Así como no pudo mantener altas tasas de crecimiento, el Gobierno de Rousseff también perdió su batalla contra los elevados intereses, que recibió en 2011 en 11,25 %, redujo en 2012 al 7,25 % y concluyen 2013 en 10 %, otra vez en los dos dígitos que la presidenta calificó en varias ocasiones de "inadmisibles".

En la política, la mandataria exhibió un pulso firme que llegó a sorprender a quienes la tildaban de "burócrata" sin experiencia en esas artes.

En su primer año en el Gobierno destituyó sin pestañear a siete ministros salpicados por denuncias de corrupción y después tuvo el el "juego de cintura" necesario para mantenerse al margen de un sonado juicio que condenó a la cárcel a 25 políticos y empresarios vinculados a Lula, por graves escándalos denunciados en 2005.

Pasó por su más dura prueba en junio de este año, cuando durante quince días millones de personas ocuparon las calles para protestar por la pésima calidad de los servicios públicos, en las más multitudinarias manifestaciones ocurridas en la historia de Brasil.

En vez de criticar las protestas, Rousseff asumió las quejas de la sociedad, las hizo suyas, instó a "escuchar la voz de las calles" y su popularidad, que había caído del 70 al 30 por ciento en un mes, se recuperó a paso veloz y se sitúa hoy en un 50 %, que la convierte en favorita para ser reelegida en octubre de 2014.

En el ámbito externo, la imagen de "dura" que se gestó Rousseff se fortaleció este año con su fuerte reacción frente a EE.UU., una vez que documentos filtrados por el exanalista de la Agencia Nacional de Seguridad (ANS) Edward Snowden revelaron que ella misma había sido víctima del espionaje estadounidense.

Rousseff canceló una visita de Estado que tenía previsto hacer a Washington, exigió "explicaciones" a la Casa Blanca y propuso en la ONU una resolución contra el espionaje a través de internet que fue respaldada por la comunidad internacional y aprobada por unanimidad.

La política exterior de Rousseff en estos tres años ha sido de bajo perfil pero ha mantenido las prioridades trazadas por Lula, que son Suramérica, América Latina y el Caribe y África, en ese orden.

No obstante, en la primera de esas tres líneas maestras de su política externa hay dos "lunares".

Los únicos presidentes suramericanos a los que Rousseff no visitó ni recibió en viajes oficiales en estos tres años han sido el ecuatoriano Rafael Correa y el boliviano Evo Morales.

"Las relaciones con Correa son frías y con Morales están casi congeladas" desde que Brasil acogió en su embajada en La Paz al senador Roger Pinto, tenaz opositor del Gobierno boliviano acusado de corrupción, dijo a Efe una fuente diplomática de la zona andina.

La tensión con Bolivia se agravó cuando Molina, ayudado por diplomáticos brasileños, dejó la embajada después de un año asilado y huyó en forma clandestina a Brasil, donde permanece a la espera de respuesta a un pedido de asilo permanente.

Ese episodio llevó a la dimisión del canciller brasileño Antonio Patriota, quien en agosto pasado fue reemplazado por Luiz Alberto Figueiredo.

Aunque Rousseff y Morales dieron por superado el conflicto en una reunión bilateral mantenida durante una cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Bolivia "aún espera que devuelvan a Molina", dijo la fuente consultada por Efe en Brasilia.