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Rousseff burla seguridad y pasea en moto por Brasilia

Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, a su llegada a la cumbre

Dilma Rousseff, presidenta de Brasil

El ministro de Energía, Edison Lobao, aseguró haber escuchado a la mandataria que en más de una oportunidad a evadido su seguridad para salir a pasear en moto

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La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, tiene una insospechada pasión por los motores y al menos una vez ha burlado a los responsables de su seguridad y paseado en moto por Brasilia, según confesó un ministro al diario Folha de Sao Paulo.

"Me puse el casco y salí en una moto por las calles de Brasilia", aseguró el ministro de Energía, Edison Lobao, que le escuchó decir a la jefa de Estado la semana pasada, quien además le confesó que así "sintió mejor los aires" de la capital.

"Al principio no le creí, pero después comencé a creer", apuntó el ministro, quien dijo que el paseo secreto de Rousseff sobre dos ruedas le fue confirmado por el general Marcos Antonio Amaro, jefe de Seguridad de la Presidencia.

Según Lobao, el general garantizó que supo del episodio y que de inmediato ordenó que unos agentes siguieran a la presidenta, aunque a cierta distancia, a fin de "no acabar con el sentimiento de que estaba en una aventura a escondidas", apuntó Folha.

Lobao no precisó si era Rousseff quien conducía, pero fuentes de la Presidencia consultadas por el periódico aseguraron que ella no sabe manejar motos ni tiene la licencia necesaria para ello.

El ministro dijo que le pidió a Rousseff que "tenga cuidado" y piense "en los 200 millones de brasileños", a lo que la presidenta respondió que "la vida está llena de riesgos".

El diario consultó a otros ministros sobre el asunto, y ninguno dijo creer en la historia.

No obstante, citó que el viceministro de Seguridad Social, Carlos Gabas, es "apasionado por las motos" y tiene una poderosa Harley Davidson, por la que Rousseff manifestó alguna vez su admiración.

Según Folha, Gabas contó que, en alguna ocasión, Rousseff se sentó en su moto y pidió que le sacaran una fotografía.

En opinión de Lobao, "fue una aventura de la presidenta y ella lo merece, ya que el cargo limita mucho sus opciones de diversión y no puede frecuentar normalmente los teatros, cines o restaurantes".