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Reacción oficialista potenció visita de Capriles a Bogotá

El gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles, se reunió con el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos | Cortesía Comando Simón Bolivar

El gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles, se reunió con el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos | Cortesía Comando Simón Bolivar

Capacidad del Gobierno de Maduro de tomar represalias contra Colombia es reducida 

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Henrique Capriles Radonski tiene ahora dos inesperados mejores amigos: Diosdado Cabello y Elías Jaua. La reacción desmesurada del presidente de la Asamblea Nacional y del canciller ha sido la mejor caja de resonancia que podía encontrar el líder de la oposición venezolana para hacer que el mundo supiera sobre su reunión privada con el mandatario de Colombia, Juan Manuel Santos.

Los portavoces del oficialismo acusaron a Bogotá de descarrilar las relaciones con Caracas y amenazaron con poner fin a la participación de Venezuela como país facilitador en los diálogos de paz entre el Gobierno de Santos y las FARC, que se realizan en La Habana. Sus airadas declaraciones se abrieron paso hacia los titulares de la prensa internacional. Ni en sus mejores sueños pudo Capriles imaginar que su visita a Colombia tendría tanto eco.

En realidad, al oficialismo le sobran las razones para estar molestos con la decisión de Santos de recibir a Capriles. El mandatario de Colombia rompió el cerco que restringía los contactos de los gobiernos extranjeros con la oposición venezolana y que era mantenido con acciones disuasorias como el ataque virulento del presidente Nicolás Maduro contra el ahora ex canciller de Perú, Rafael Roncagliolo, a quien acusó de inmiscuirse en asuntos internos de Venezuela y, por tanto, de haber “cometido el peor error de su vida”.

Al reprochar públicamente a Santos por reunirse con el dirigente opositor, a quien tildan de asesino fascista, Cabello y Jaua dejan en evidencia una situación muy incómoda para Caracas: Santos no cree en la versión oficial de lo que ocurre en Venezuela. O lo que es igual: Santos no le cree a Maduro.

Las amenazas contra el presidente de Colombia son inmerecidas pues desde su llegada al poder ha cumplido escrupulosamente con la exigencia de Chávez de evitar la formulación abierta de acusaciones en contra del Gobierno de Venezuela que pudieran dar munición a los críticos internos e internacionales del chavismo.

En su esfuerzo por contemporizar con el oficialismo venezolano, Santos ha mantenido un riguroso silencio y ha viajado a Venezuela cada vez que se le ha requerido para darle legitimidad al Gobierno. Así, acudió a Caracas para los funerales de Chávez y para la toma de posesión de Maduro. De igual modo, la canciller María Ángela Holguín fue, junto a su homólogo de Ecuador, la primera jefa diplomática en reunirse con Elías Jaua cuando, recién designado en enero, la oposición manifestaba dudas sobre la legalidad de su nombramiento, supuestamente firmado por un Chávez convaleciente.

Consecuente con esta política de evitar avergonzar públicamente a Caracas, Santos recibió a Capriles en una reunión privada sin ofrecer a la prensa más que unas fotos del encuentro. De igual modo, ante los ataques de Jaua y Cabello, Holguín anunció que la respuesta de Colombia se hará lejos de los micrófonos y por la vía diplomática.

Aunque a muchos sorprendió la decisión de Santos de reunirse con el opositor venezolano, luego de que Bogotá había dado tantas muestras de condescendencia con el oficialismo, conviene recordar que todas las filtraciones que se produjeron tras la reunión de Unasur en Lima el 18 de abril para legitimar a Maduro coincidían en señalar a Santos como uno de los presidentes que apoyó la realización de una revisión integral de las elecciones presidenciales del 14 de abril.

La postura poco crítica de Santos ante Maduro le ha ganado cuestionamientos numerosos y prominentes como los formulados por el ex presidente Andrés Pastrana, a quien no se puede acusar de ser un antichavista radical.

A las puertas de un año electoral, Santos no puede obviar el reclamo de un sector importante de colombianos que exigen una actitud más exigente ante los abusos del oficialismo venezolano en contra de la oposición en la Asamblea Nacional, así como ante la negativa del Consejo Nacional Electoral de hacer una revisión integral de los comicios presidenciales que permita aclarar, sin lugar a dudas, cuál fue la decisión real de los votantes.

Incluso si se toman como buenas las cifras actuales del CNE, el mandatario de Colombia está ante la evidencia de que Capriles es el líder de, al menos, la mitad de los venezolanos y, por tanto, es un dirigente que Bogotá no puede darse el lujo de ignorar.


Palabras vacías. Las amenazas de Jaua de revisar la participación de Venezuela, como país acompañante en el diálogo de paz entre el gobierno de Santos y las FARC, parten de premisas falsas pues tal decisión no sería, como se quiere hacer creer, un golpe fatal para las negociaciones.

Aunque Jaua ha hablado como si Maduro le estuviera haciendo un favor a Santos, el diálogo en La Habana es de gran interés también para las FARC, persuadidas como están de que por la vía armada ya no tienen opciones de llegar al poder. A estas alturas, cuando incluso ya hay un acuerdo entre Santos y la guerrilla sobre el espinoso tema de las tierras, una retirada de Caracas no significaría el fin de las negociaciones y enfrentaría a Maduro con Santos, pero también con las FARC y con el Gobierno de Cuba, que está usando ese proceso como una herramienta para limpiar su imagen internacional.

Tampoco luce probable una restricción al comercio bilateral, como ocurrió en 2009, pues dada la crisis de abastecimiento que vive Venezuela sería para Maduro como darse un tiro en el pie. Mucho han cambiado las circunstancias en los últimos cuatro años. Aquel impasse afectó duramente a Colombia, que tenía un superávit comercial de 5 millardos de dólares, pero obligó a los exportadores de ese país a buscar mercados alternativos y ahora están en condiciones más favorables para enfrentar un eventual, aunque muy improbable, cierre de las fronteras que dejaría como principal perjudicado al Gobierno de Maduro que necesita con desesperación aumentar las importaciones de todo tipo de bienes de primera necesidad, para lo cual el proveedor más rápido y seguro es Colombia. Atribulado por una economía en crisis y estando cuestionada su legitimidad como gobernante, no es un buen momento para que Maduro recurra a la diplomacia Jalisco. Cabello y Jaua han perdido una gran oportunidad para quedarse callados.