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Todos contra Rajapaksa en las elecciones de Sri Lanka

Con una propuesta similar a la de Rajapaksa, Sirisena ha tratado de conquistar a un público para el que no es desconocido y que ha votado fielmente al presidente durante los últimos diez años: el representado por la mayoría budista del país (un 70% de la población)

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Sri Lanka acude este jueves a las urnas para decidir quién será su presidente durante los próximos seis años en unas elecciones que han quedado configuradas como un todos contra Mahinda Rajapaksa, el gobernante que lleva una década en el poder y que ha pasado de incontestable favorito a superable contendiente.

Si Rajapaksa hubiera sabido hace apenas un mes y medio que los comicios que estaba adelantando dos años confiado en que su capital político le permitirían renovar fácilmente su mandato iban a llegar a su recta final como lo están haciendo, tal vez se lo hubiera pensado los veces.

Un hombre de su confianza, Maithripala Sirisena, secretario general hasta noviembre del Partido de la Libertad de Sri Lanka (SLFP) de Rajapaksa, se ha convertido a lo largo de las últimas siete semanas en un aspirante que ha sabido sumar opositores y oficialistas disconformes.

Es ya un candidato no sólo incómodo sino con opciones de poner fin a una década de gobierno del controvertido presidente cingalés, lo que ha provocado una de las campañas electorales más violentas que se recuerdan en el país isleño.

La decisión será de los 15.044.490 ceilandeses con derecho a voto llamados a los 12.021 centros electorales para elegir a su presidente entre 17 aspirantes, incluidos Rajapaksa, que encabeza la Alianza para la Libertad del Pueblo Unido (UPFA), y Sirisena, también al frente de la Nuevo Frente Democrático (NDF) que integran 40 partidos opositores.

Ambos llegan apretados a la recta final de acuerdo con dos encuestas locales: una da la victoria a Rajapaksa y la otra a Sirisena por idéntico margen de tres puntos.

Incidentes violentos, heridos, acusaciones de abuso de poder... el último mes ha sido muy agitado en Sri Lanka con los dos candidatos lanzados a la caza del electorado.

Sirisena ha ido creciendo en las encuestas acusando a su contrincante de corrupción y nepotismo, al tiempo que su propuesta electoral iba recibiendo el apoyo de hasta 25 diputados del bloque gubernamental que se han pasado al lado opositor.

El transfuguismo se ha colado en el Gabinete de Rajapaksa y varios ministros han seguido a Sirisena, hasta noviembre encargado de la cartera de Salud. Dos líderes opositores se sumaron a la candidatura gubernamental en el mismo periodo.

Con una propuesta similar a la de Rajapaksa, Sirisena ha tratado de conquistar a un público para el que no es desconocido y que ha votado fielmente al presidente durante los últimos diez años: el representado por la mayoría budista del país (un 70% de la población).

Además, ha ido recibiendo adhesiones de las minorías musulmana y tamil; la primera debido a los ataques sufridos por parte de grupos extremistas budistas que en su opinión no fueron atajados por Rajapaksa, y los segundos porque pertenecen al norte, una zona con aspiraciones independentistas sin futuro con el actual presidente.