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Quejas por resultados electorales se dan más en países sin segunda vuelta

La candidata presidencial hondureña, Xiomara Castro, y su esposo y expresidente Manuel Zelaya | EFE

En Honduras Xiomara Castro, la candidata presidencial del partido Libre, se proclamó ganadora de las elecciones el mismo día de los comicios | EFE

El caso de Honduras, donde se celebraron elecciones generales el pasado 24 de noviembre, está aun candente, mientras el de Venezuela "colea" desde el 14 abril, cuando el opositor Henrique Capriles anunció que no reconocía el triunfo de Nicolás Maduro

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Dos de las elecciones presidenciales celebradas este año en América Latina han concluido sin que el segundo candidato más votado reconozca al ganador y con denuncias de fraude, problemas que Venezuela y Honduras quizás podrían haberse evitado si contaran con un sistema de segunda vuelta electoral.

En México, donde el resultado de las elecciones de 2006 fue puesto en tela de juicio por un candidato que quedó a las puertas de llegar a la Presidencia, la implantación de la segunda vuelta es uno de los puntos de la reforma político-electoral que el Gobierno de Enrique Peña Nieto va a presentar próximamente al Parlamento.

La mayoría de los países de la región ha adoptado hace tiempo este mecanismo ideado en Francia en el siglo XIX con el fin de generar mayorías absolutas y dar así mayor legitimidad a los elegidos, lo que repercute positivamente en la gobernabilidad.

Entre los pocos países latinoamericanos en los que aún se elige al presidente por mayoría simple o relativa, es decir al candidato más votado, así sea por una diferencia de solo un voto, están Venezuela y Honduras, donde los resultados de las últimas elecciones presidenciales han sido cuestionados.

El caso de Honduras, donde se celebraron elecciones generales el pasado 24 de noviembre, está aun candente, mientras el de Venezuela "colea" desde el pasado 14 abril, cuando el candidato opositor Henrique Capriles anunció que no reconocía el triunfo del chavista Nicolás Maduro.

Capriles, que trató sin éxito de impugnar los comicios, aun sigue clamando que le "robaron" el triunfo y calificando a Maduro como un presidente ilegítimo.

Según los resultados oficiales, Maduro le sacó a Capriles una ventaja de unos 225.000 votos (1,49 puntos porcentuales).

En Honduras Xiomara Castro, la candidata presidencial del partido Libre, liderado por su esposo, el expresidente Manuel Zelaya, se proclamó ganadora de las elecciones el mismo día de los comicios, pero según resultados oficiales parciales, con el 70 % de los votos escrutados, está 5,16 puntos por detrás del candidato del Partido Nacional (en el poder), Juan Orlando Hernández.

Zelaya, que fue derrocado en un golpe de Estado en 2009 y no puede ser reelegido, pues la constitución hondureña no lo permite, dice que reconocerá la victoria de Hernández si se demuestra que no hubo "fraude" y si no se hace, impugnará los comicios, lo mismo que quiso hacer Capriles con el triunfo de Maduro, que curiosamente se declara amigo y apoya al expresidente hondureño.

Según los dirigentes de Libre, hay inconsistencia en muchas actas de votación que no han sido revisadas por la autoridad electoral, que podrían representar unos 400.000 votos a favor de Castro, pero los observadores de la Organización de Estados Americanos y la Unión Europea afirman que no hay nada sospechoso en el escrutinio.

El ex juez español Baltasar Garzón, que participó en las elecciones con una misión de la Federación Internacional de Derechos Humanos, afirma haber visto "claros indicios" de fraude.

El no reconocimiento del triunfo de Hernández es un obstáculo más para alcanzar la gobernabilidad en Honduras, ya difícil por la elevada fragmentación del voto en las últimas elecciones, a las que se presentaron nueve partidos, una cifra récord.

Si es declarado ganador, Hernández, que no ha esperado a conocer los resultados definitivos para iniciar la transición con el presidente saliente Porfirio Lobo, de su mismo partido, tendrá que llegar obligatoriamente a acuerdos para sacar adelante sus iniciativas pues tampoco en el nuevo parlamento hay mayorías.

En México, el candidato presidencial del izquierdista Partido de la Revolución Democrática en las elecciones de 2006, Andrés Manuel López Obrador, no reconoció nunca su derrota ante el conservador Felipe Calderón por poco más de medio punto.

Él y sus seguidores protagonizaron una campaña de "desobediencia civil" en la mayor parte del mandato de Calderón, al que denominaban el presidente "espurio".

López Obrador, quien llegó a nombrar un "Gobierno legítimo" de México, del que se declaró presidente, volvió a ser candidato en 2012 y fue derrotado por el priísta Peña Nieto, cuyo triunfo tampoco reconoció, porque a su juicio hubo irregularidades en la campaña electoral.

Calderón ganó en 2006 con un 35,8 % de los votos y Peña Nieto en 2012 con un 38,2 %, lo que significa que, de haber regido el tipo de segunda vuelta más extendido (cuando en la primera ningún candidato saca mas del 50 % de los votos), hubieran tenido que medirse con López Obrador en las urnas en una segunda oportunidad.