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Protestas en Brasil no interrumpen desfiles militares

Nuevas protestas en Brasil / EFE

Nuevas protestas en Brasil / EFE

Los manifestantes sólo pudieron marchar junto a la gran explanada de la capital de Brasil después de que terminó el desfile militar anual por el Día de la Independencia

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 La policía utilizó el sábado gas lacrimógeno para contener las protestas contra la corrupción política en varias ciudades de Brasil, donde los manifestantes no lograron interrumpir los desfiles militares por el Día de la Independencia.

Las protestas fueron mucho más pequeñas que las enormes manifestaciones que sacudieron a Brasil en junio, cuando cientos de miles de personas salieron a las calles en un repentino estallido de ira contra la clase política del país por la corrupción y la mala calidad de los servicios públicos.

En el centro de Río de Janeiro, unos 500 manifestantes invadieron las tribunas en la zona del desfile, lo que hizo huir a las familias asustadas con sus hijos. La policía utilizó gas lacrimógeno y armas paralizantes para dispersar a los manifestantes, que no interrumpieron el desfile.

"Fue aterrador. Hubo una oleada de manifestantes enmascarados vestidos de negro", dijo Rosangela Silva, quien llevó a su sobrina a ver el desfile.

En Brasilia, la policía utilizó gas pimienta para repeler a una multitud pacífica de más de 1.000 manifestantes que marchó hacia el Congreso para exigir la salida de los políticos corruptos.

Los manifestantes sólo pudieron marchar junto a la gran explanada de la capital de Brasil después de que terminó el desfile militar anual por el Día de la Independencia, que fue liderado por la presidenta Dilma Rousseff.

Los organizadores dijeron que muchas personas tenían la intención de sumarse a las manifestaciones, pero no acudieron debido a la fuerte presencia policial y las posibilidades de que ocurrieran hechos de violencia en Sao Paulo y Río de Janeiro, donde jóvenes encapuchados se han convertido en los principales protagonistas de los recientes disturbios.

La policía arrestó a grupos de jóvenes que descubrió con capuchas, piedras y hondas en sus mochilas en las ciudades de Curitiba y Fortaleza, donde los desfiles se desarrollaron sin incidentes.

Los manifestantes se trasladaron posteriormente al nuevo estadio de fútbol de Brasilia, que tuvo un costo de 60 millones de dólares, y donde el equipo nacional de Brasil enfrentaría a Australia más tarde el sábado en un partido amistoso de preparación para la Copa del Mundo del próximo año, de la que Brasil será anfitrión.

La policía antidisturbios utilizó perros y lanzó andanadas de gas lacrimógeno para impedir que los manifestantes llegasen al estadio.

Más de 1 millón de personas salieron a las calles de las ciudades de Brasil en junio, inicialmente debido a la ira provocado por un aumento en las tarifas del autobús y el tren subterráneo.

Las protestas se transformaron rápidamente en un movimiento contra los malos servicios públicos, los crecientes costos de la vida, la corrupción y una serie de otras quejas, incluida la molestia por los más de 14.000 millones de dólares que Brasil gastará en el Mundial de Fútbol.

Si bien las protestas estaban dirigidas contra políticos de todos los partidos, la popularidad de Rousseff se desplomó poco después, opacando sus opciones en la elección del próximo año, en la que es la amplia favorita.

En respuesta, Rousseff prometió mejorar el transporte urbano, la salud y la educación en Brasil, a la vez que propuso reformas sobre las responsabilidad del sistema político del país. Su popularidad ha comenzado a recuperarse en los recientes sondeos de opinión.