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Presidente birmano amenaza con el uso de la fuerza ante violencia sectaria

La violencia sectaria en Birmania no es un fenómeno nuevo / EFE

La violencia sectaria en Birmania no es un fenómeno nuevo / EFE

El presidente de Birmania se declaró "profundamente entristecido" por unos incidentes de los que responsabilizó a "un pequeño grupo de instigadores"

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El Presidente de Birmania, Thein Sein, amenazó hoy con hacer uso de la fuerza contra los extremistas religiosos para poner fin al último brote de violencia sectaria en el país entre las comunidades budista y musulmana.

Al menos 40 personas han muerto y varios edificios y mezquitas han sido quemadas a causa de unos enfrentamientos que empezaron la semana pasada en la región central del país y se extendieron a varias poblaciones hacia el sur.

"En general, no soy partidario del uso de la fuerza para resolver problemas. No obstante, no dudaré en utilizarla como último recurso para proteger las vidas y la propiedad de la población", dijo Thein Sein en un mensaje televisado.

El presidente birmano se declaró "profundamente entristecido" por unos incidentes de los que responsabilizó a "un pequeño grupo de instigadores".

"Quiero advertir a todos los oportunistas políticos y extremistas religiosos que explotan las nobles enseñanzas de estas religiones e intentan sembrar el odio entre la gente de distintas creencias por su propio interés", dijo el presidente birmano.

"(El Gobierno) tomará todas las medidas necesarias y acciones decididas para detener sus operaciones de acuerdo con nuestra Constitución y nuestras leyes", añadió.

Esta ola de incidentes empezó el 20 de marzo en la ciudad de Meiktila, en la región de Mandalay, a raíz de una discusión entre los dueños musulmanes de una tienda de oro y clientes budistas.

El Gobierno impuso el toque de queda el mismo día pero resultó infructuoso y el presidente birmano decretó el estado de excepción el viernes 22 en Meiktila, Wandwin, Mahlaing y Thazi, todas ellas circunscritas a Mandalay y a un centenar de kilómetros de la capital del país, Naypyidaw.

Esta semana la violencia se extendió a varias localidades inscritas a la división de Bago y ubicadas a unos 200 kilómetros al norte de Rangún, la antigua capital y principal centro financiero del país.

El año pasado, la violación y asesinato de una chica budista a manos de varios musulmanes en el estado de Rakhine (oeste) desató otra ola de violencia sectaria que costó la vida a 163 personas y dejó más de 100.000 desplazados, de los que gran parte aún continúan en campamentos de refugiados.

Birmania inició un proceso de reformas aperturistas en 2011, cuando la última junta militar se disolvió y entregó el poder a un gobierno civil afín.