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Preguntas a la Esfinge

Desde jugar con su perro Bo, hasta reuniones en el Despacho Oval, Barack, Michelle, Malia y Sasha Obama, nunca han perdido oportunidad para demostrar que son otra familia americana | Fotos: Reuters / EFE / AFP

Desde jugar con su perro Bo, hasta reuniones en el Despacho Oval, Barack, Michelle, Malia y Sasha Obama, nunca han perdido oportunidad para demostrar que son otra familia americana | Fotos: Reuters / EFE / AFP

Si Obama es reelecto no habrá desenlaces melodramáticos en las relaciones con Venezuela. La situación podría cambiar con Romney

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Las elecciones presidenciales en Estados Unidos durante los periodos de la era democrática en Venezuela no creaban grandes expectativas porque se entendía que las políticas bilaterales variarían de manera muy relativa, fuera un demócrata o un republicano el elegido.

Venezuela era un país petrolero, su mercado natural estaba en el Norte, y esta había sido la clave de las relaciones durante todo el siglo XX.

Tanto allá como acá se partía del principio de que cualesquiera fueran las políticas, privaría el denominador común del país que abastece petróleo y el país que lo consume. Venezuela sostenía su condición de "abastecedor confiable", lo cual ciertamente no se tradujo en beneficio alguno. Por lo general, un presidente venezolano coincidía con dos norteamericanos porque allá los presidentes (reelectos) gobiernan 8 años y aquí solían gobernar apenas 5.

Hubo una gran excepción, y fue Juan Vicente Gómez, quien compartió su tiempo con los presidentes William Howard Taft, Woodrow Wilson, Warren Gamaliel Harding, Calvin Coolidge, Herbert Clark Hoover y Franklin Delano Roosevelt. Otra excepción lo ha sido el Presidente Hugo Chávez Frías que ha visto pasar (hasta ahora) a tres presidentes: Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama.

Ya la cuestión de las relaciones no tiene las características de otras épocas. Tampoco depende exclusivamente de quien triunfe allá, si Obama o el conservador Mitt Romney.

No será lo mismo. La reflexión carece de originalidad. Si es Obama, las relaciones probablemente tiendan a languidecer, pero sin dramatismos. Nos hemos habituado a lo que antes era impensable, a no tener embajador en Washington y a no tener embajador de Estados Unidos en Venezuela. En los hechos, y más allá de los convencionalismos, la cruda verdad es que no existen relaciones diplomáticas entre los dos países, y que hemos vuelto por tanto al tiempo de Cipriano Castro, único momento en que esto ha sucedido desde que el malhablado ministro John G. A. Williamson fue acreditado ante el Gobierno del general Páez en 1835. Parece que tanto la Casa Blanca como Miraflores se sienten confortables con este tan poco civilizado estatus.

No hay relaciones diplomáticas o sea, diálogo y mutuo reconocimiento, coincidencias o discrepancias naturales y normales, pero en cambio, son muy dinámicas las relaciones consulares. El dato ilustra el pragmatismo y un poco la hipocresía de ambos gobiernos. Hipocresía que también se practica en las relaciones Cuba-Estados Unidos, retórica aparte. El comercio bilateral anda viento en popa y las inversiones petroleras norteamericanas son las que, al parecer, le rinden más al desordenado fisco venezolano.

En cambio las inversiones de Venezuela en Estados Unidos, como Citgo, andan de capa caída por motivos religiosos.

En un momento se consideró como un gran paso de avance el que un país del tercer mundo invirtiera con éxito y grandes posibilidades en un país del Norte. Y este era el caso.

Ahora se piensa que es pecado, porque contribuye a prolongar el capitalismo. Venezuela pierde oportunidades de ingresos significativos por esta manera medieval de pensar. Dicen que China quiere o quiso Citgo y lo que China quiera, la revolución se lo da. Para China el capitalismo parece ser una virtud, o una bendición, pues no se alimentan 1.300 millones de seres humanos con los versos de Mao, aunque vivan en comunas.

En suma, las relaciones Estados Unidos-Venezuela durante el periodo del Presidente Barack Obama han sido de bajo perfil, a diferencia de aquellos tiempos tempestuosos de George W. Bush que le ofrecían al Presidente venezolano toda clase de argumentos para su grandilocuencia anti imperial.

Si Obama obtiene la reelección (y Dios lo quiera) no avizoro desenlaces melodramáticos porque se trata, en primer lugar, de un estadista ponderado e inteligente. No obstante, Venezuela no será a partir de 2013 el país que hasta ahora ha sido. En el horizonte se vislumbra el Estado comunal, y el tiempo dirá cómo reacciona el mundo interdependiente en que vivimos.

Otro gallo cantaría si quien resulte electo el 6 de noviembre es el republicano Mitt Romney. También gusta de la retórica confrontacional, como lo ha mostrado en la campaña. También es religioso como el de aquí. Razón por la cual debemos rezar algunos rosarios para que eso no suceda. Y en época de tanto desamparo, apelaremos a la protección de la Divina Providencia.