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En Portugal, hasta los abuelos hacen la maleta para emigrar

Aunque tener que salir del país para encontrar un empleo no es algo nuevo para los portugueses, los números que se barajan ahora recuerdan a éxodos remotos: de media, cerca de 80.000 personas han emprendido cada año ese viaje desde 2008, según los datos que maneja el Observatorio de Emigración luso

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Eduardo tiene más de 60 años, es chapista y está en el desempleo. A pocos meses de dejar de cobrar el paro ya prepara los bártulos para emigrar por primera vez en su vida, un viaje que afrontará solo, sin su mujer, sus hijos y sus nietos.

Historias como la suya son cada vez más frecuentes en Portugal, un país donde la sangría migratoria no da señales de detenerse a pesar de la reciente -y ligera- mejora de los indicadores económicos.

Aunque tener que salir del país para encontrar un empleo no es algo nuevo para los portugueses, los números que se barajan ahora recuerdan a éxodos remotos: de media, cerca de 80.000 personas han emprendido cada año ese viaje desde 2008, según los datos que maneja el Observatorio de Emigración luso.

Estas cifras son especialmente relevantes dado el tamaño de Portugal, donde residen poco más de 10 millones de habitantes. Se calcula que cerca de dos millones de portugueses ya viven en el extranjero.

En contraste con otros de sus socios europeos en crisis, la emigración lusa no es sólo una cuestión que incumbe a los más jóvenes, aunque éstos sean mayoría.

Muchos de ellos altamente cualificados y ávidos por encontrar una primera oportunidad laboral, una situación que poco tiene que ver con la de sus mayores.

"Yo nunca había emigrado en mi vida, siempre tuve trabajo, desde los catorce años cuando comencé. Menos mal que todavía recibo el paro, sino mi situación sería desesperada", declaró a Efe Eduardo Lino, vecino de un municipio cercano a Setúbal, al sur de Lisboa.

A pesar de haber ocupado diferentes cargos de responsabilidad durante su carrera profesional -y de haber intentado "actualizarse" estudiando programas de diseño-, se quedó sin ocupación hace un par de años y desde entonces apenas logró un contrato por seis meses que expiró a finales de 2013.

Como para muchos de sus compatriotas, Angola, la antigua colonia lusa, emerge ahora como una opción real para encontrar empleo durante sus últimos años de vida laboral, y ya está en contacto con miembros de la industria del aluminio para trasladarse al país africano en breve.

"Iré solo, mi esposa tiene aquí un negocio y todavía aguanta mínimamente. Mis hijos trabajan aunque de forma precaria, con contratos temporales y salarios muy bajos, y también dejaré aquí a mis nietos...Pero la familia comprende que me tenga que marchar", relata.

Aunque en Portugal no existen estadísticas oficiales sobre la edad de quienes deciden hacer las maletas, desde el Observatorio de Emigración admiten que hay "evidencias empíricas" que reflejan que el de Eduardo no es un caso aislado.

"Normalmente, la mayoría de los emigrantes son jóvenes sin hijos, pero en tiempos de crisis, el desempleo o la pérdida acentuada de ingresos en el seno familiar están detrás de la decisión de emigrar en el caso de personas de mayor edad", explicó a Efe el presidente de este organismo público, Rui Pena.

Las bajas pensiones que paga el Estado portugués -el 87 % no superan los mil euros mensuales- también son otro motivo que explica este movimiento migratorio.

Un simple vistazo por las múltiples páginas web dedicadas a la búsqueda de empleo en el extranjero surgidas durante la crisis -la tasa de paro es del 15,3 %, la quinta más alta de toda la UE- basta para darse cuenta de que son cada vez más los mayores de 50 años interesados.

"Tratamos muchos procesos de hombres por encima de esa edad, incluso hoy mismo gestionamos la solicitud de una persona de más de 70 años", confirman a Efe desde "VistosExpress", una empresa de reciente creación especializada en la tramitación de documentos para emigrar.

De las más de 875.000 personas que están en el país sin empleo, una tercera parte tiene más de 45 años, según datos oficiales.

Estadísticas en las que Eduardo es sólo un número más. Consciente de ello, en su voz se percibe con claridad una profunda decepción con su país natal: "En Portugal la experiencia no sirve para nada, los viejos estamos siendo apartados. No tenemos futuro aquí".