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En el Perú antiguo hubo "pueblos de muertos" que protegían a los vivos

La arqueóloga italiana Carolina Orsini, analizó los patrones arquitectónicos funerarios de los recuay y logró determinar que hicieron "cosas distintas" al resto de culturas peruanas de su época.

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La cultura preincaica Recuay, que se desarrollo en la región andina peruana de Áncash, construyó "pueblos de muertos" en los que conservó a sus antepasados para que protegieran a los vivos y a sus territorios.

La arqueóloga italiana Carolina Orsini, conservadora de las Colecciones Extraeuropeas y Artísticas del Castello Sforzesco, reveló a Efe que analizó los patrones arquitectónicos funerarios de los recuay y logró determinar que hicieron "cosas distintas" al resto de culturas peruanas de su época.

Orsini, quien participó en las jornadas "Perú Mágico III: cosmovisión y arqueología de la muerte", que se celebran en el Centro Cultural de España en Lima, dijo que los recuay prescindieron de "monumentos gigantes" y se centraron en "las ceremonias al culto de los ancestros".

La cultura Recuay se asentó en el callejón de Conchucos, al este de la Cordillera Blanca, desde el año 200 a.C. al 600 d.C., donde "su sociedad se transformó a medida que se transformaron sus patrones arquitectónicos funerarios", precisó la investigadora.

Así, primero enterraron a sus difuntos en las construcciones dejadas por la cultura Chavín (900 a.C a 200 d.C.), después los inhumaron en túmulos ubicados en las cumbres de las montañas que dominaban y, finalmente, en esos mismos lugares construyeron chullpas (torres funerarias redondas) y estructuras mayores para albergar hasta más de 50 cuerpos en cada una.

"Se trata de necrópolis gigantes, ciudades de muertos a más de 4.000 metros de altura donde los fallecidos son los que cuidan a los vivos. Esto resalta la importancia de la muerte en la vida, al entenderlas como las dos caras de la misma moneda", explicó Orsini, quien ha trabajado en la zona durante 15 años.

De esta forma, indicó, se relacionaba a los antepasados con el territorio para demostrar que, gracias al parentesco, el área donde habían habitado esos ancestros correspondía a sus descendientes.

La arqueóloga también ofreció esta semana una ponencia sobre la figura del "huaquero" (saqueador de tumbas) como un "nexo entre los sitios prehispánicos, emplazamientos actuales y la naturaleza", a pesar de que, remarcó, se trata de "una actividad horrible que conduce al tráfico ilícito de bienes culturales".

En las jornadas "Perú Mágico III: cosmovisión y arqueología de la muerte" también participaron el profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) Vicente Llull y el arqueólogo peruano y director del Museo Tumbas Reales de Sipán, Walter Alva, entre otros especialistas.

La coordinadora del seminario, la historiadora Maritza Villavicencio, señaló a Efe que las actividades buscan mostrar el concepto de la muerte en la "enraizada cultura peruana".

"Frente al concepto occidental dominante de la muerte como el fin de la existencia de quien vivió, hay un concepto andino y amazónico de la muerte como una continuidad de la vida", matizó.

Villavicencio agregó que en las antiguas culturas peruanas la muerte no era tratada como una tragedia, "sino como un proceso natural y de continuidad ya que se prescinde de hablar de la muerte para centrarse en los muertos y en los antepasados".

"Los muertos tienen una presencia activa en la vida de aquellos que todavía no han partido, como mediadores de las fuerzas de la naturaleza y de las deidades para procurar el bienestar de las sociedades actuales", concluyó.