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Papa Francisco: Los venezolanos no tienen pecados

Francisco siguió este jueves con sus actividades en Río de Janeiro / EFE

Francisco siguió este jueves con sus actividades en Río de Janeiro / EFE

"El Papa se quedó (observando), fue cariñoso, lo abracé, tenía que abrazarlo", indicó la venezolana Estefani Lescano quien se confesó con el Papa

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El papa Francisco confesó este viernes a cinco jóvenes -tres brasileños, una venezolana y una italiana- escogidos al azar entre más de 300.000 peregrinos.

La venezolana Estefani Lescano, una estudiante de 21 años, se enteró en mayo de que era la elegida. "Mucha ansiedad, contaba los días, las horas, los segundos", dijo a la AFP.

Y al verlo "claro que lloré, pensé que iba a llorar más, me quedé como en estado de 'shock' y después me puse a llorar, el Papa se quedó (observando), fue cariñoso, lo abracé, tenía que abrazarlo", indicó la joven.

"Me dijo que los venezolanos no tienen pecados", agregó riendo.

La confesión -la reconciliación con Dios- es un acento del pontificado de Francisco, que se ha mostrado llano y accesible en su primer viaje a la región donde nació y vivió casi toda su vida, acercándose a la gente y hasta aceptando un mate al paso del papamóvil.

Luego, siguiendo al pie de la letra su prédica de "hacer lío" y agitar a la Iglesia, el Papa recorrió las calles de Rio en papamóvil en medio de multitudes en éxtasis.

Francisco, el primer papa latinoamericano, practica el contacto con el pueblo y su intensa agenda prevé innumerables recorridos en papamóvil por la ciudad, que muchas veces sorprenden a los cientos de miles de peregrinos que asisten a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Miles de jóvenes corren detrás del papamóvil, lloran, gritan en delirio.

"Es inexplicable; hasta ahora estoy medio aturdida, con ganas de llorar. Fue una sorpresa (verlo pasar). Hoy llegué a las cinco de la mañana de Belo Horizonte, es mi cumpleaños y ver al papa fue mi mejor regalo", dijo a la AFP la peregrina Barbara Perpetuo, de 23 años, tras saludar al primer papa latinoamericano frente al Teatro Municipal de Rio.

"¿Qué es lo que espero como consecuencia de la Jornada de la Juventud? Espero lío (...) Quiero que se salga afuera, quiero que la iglesia salga a la calle", dijo el papa en un discurso improvisado ante miles de argentinos la víspera, en la catedral de Rio.

Más temprnao, el sumo pontífice se reunió también con cinco presos en una reunión privada, lejos de las cámaras, y luego, en la plegaria del Angelus celebrada en el palacio arzobispal, resaltó la importancia de los abuelos y el "diálogo entre generaciones", a propósito de las fiestas de los padres de la virgen María.

Esta noche, volverá a recorrer en papamóvil la costanera de Copacabana para la oración del Via Crucis, el camino de la Cruz, que representa los diferentes momentos vividos por Jesús desde que fue detenido hasta su crucifixión, donde se espera la asistencia de más de un millón de personas.

El domingo, la misa de clausura de la JMJ será en Copacabana, y no en Guaratiba, donde el enorme y costoso altar circular que se construía desde enero para la ocasión ha quedado convertido en un enorme "elefante blanco".

El propio alcalde de Rio, Eduardo Paes, atribuyó una "nota cerca de cero" a la organización de la JMJ, considerada como el gran test para la ciudad que acogerá partidos de la Copa del Mundo de fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016.