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Papa Francisco: “Hay demasiadas lágrimas esta Navidad”

El papa Francisco hizo el llamado en la plaza de San Pedro durante el Ángelus / EFE

Miles de romanos y turistas escucharon en San Pedro el tradicional mensaje / EFE

Expresó su angustia por los niños que son víctimas de la violencia, vendidos y obligados a combatir

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El papa Francisco celebró la fiesta de Navidad, que conmemora el nacimiento de Jesús, enviando a los 1.200 millones de católicos su bendición Urbi et Orbi en un contexto de guerras y de fundamentalismo religioso.

Las casi 80.000 personas que abarrotaron la plaza de San Pedro recibieron la sonrisa y felicitación de Navidad de Francisco, pero después su tono cambio a apesadumbrado y fue rogando a Dios por todos los conflictos.

Enumeró los conflictos en Libia, Sudán del Sur, la República Centroafricana y varias regiones de la República Democrática del Congo,  y realizó un llamado a todos los que tienen responsabilidades políticas a que se comprometan, mediante el diálogo, a superar contrastes y construir una convivencia fraterna duradera.

El pontífice argentino, a sus 78 años de edad recién cumplidos, pasa así su segunda Navidad al frente de la Santa Sede con una fuerte popularidad en el mundo entero, incluso entre algunos ateos y miembros de otras religiones.

El papa centró su atención estas Navidades en los que lloran, y mencionó expresamente a los refugiados, prisioneros y todos aquellos que sufren en conflictos en Oriente Medio, África y Ucrania.

En un día que lleva alegría a los niños en buena parte del mundo, Francisco expresó su angustia por los niños que son víctimas de actos de violencia como el reciente atentado terrorista contra una escuela militar paquistaní, o los que son vendidos o forzados a ser soldados.

Decenas de miles de romanos y turistas escucharon en la plaza de San Pedro mientras el pontífice ofrecía el tradicional mensaje navideño Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo) desde el balcón central de la basílica de San Pedro.

“En verdad hay demasiadas lágrimas esta Navidad”, dijo al hablar del dolor y el sufrimiento en el mundo.

Deploró que hubiera tantos niños convertidos en víctimas, objeto de comercio y tráfico u obligados a combatir como soldados.

Recordó a los niños que viven desplazados, que vienen abusados y que mueren bajo los bombardeos ante nuestros propios ojos y nuestro silencio cómplice.

“Su silencio impotente grita ante la espada de los Herodes. De los actuales Herodes”, agregó

Francisco, que pasó revista a los lugares más turbulentos del mundo, recordó en principio la persecución de las antiguas comunidades cristianas de Irak y Siria, así como las de otros grupos étnicos y religiosos.

“Que la Navidad les traiga esperanzas”, dijo.

El pontífice agradeció a los que ayudan valientemente a las personas infectadas con ébola en África.

Rogó que se ablande el corazón de las personas en los países ricos, sumergidas en la indiferencia.

Al igual que en la misa de gallo, Francisco rogó por más bondad para la humanidad y menos mundanidad. “¡Qué su fuerza redentora transforme las armas en arados, la destrucción en creatividad, el odio en amor y ternura!”, exhortó. Tras el mensaje, el pontífice impartió como es tradición la bendición Urbi et Orbi.


El mundo necesita ternura

Antes de la tradicional misa de gallo, realizada el 24 de diciembre víspera de Navidad, el pontífice habló por teléfono con refugiados iraquíes forzados a abandonar sus casas por extremistas islámicos.

Francisco dijo a los refugiados en el campamento de Ankawa, al norte de Irak: “Ustedes son como Jesús en esta noche, y yo les bendigo y estoy cerca de ustedes. Los abrazo a todos y les deseo Feliz Navidad”

En la misa, Francisco instó a los católicos a responder con ternura antes las dificultades del mundo. “¡Cuánta necesidad de ternura tiene el mundo de hoy!”, clamó.

“¿Tenemos el coraje de acoger con ternura las situaciones difíciles y los problemas de quien está a nuestro lado, o bien preferimos soluciones impersonales, quizás eficaces, pero sin el calor del Evangelio?”, interrogó el papa durante en la homilía de la misa solemne celebrada el miércoles por la noche en la basílica de San Pedro.

Pidió que este poder divino, con su mansedumbre, extirpe la dureza de corazón de muchos hombres y mujeres sumidos en lo mundano y la indiferencia.