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Ola de protestas en Siria ha dado paso a una guerra civil

Hace dos años que Siria está en guerra / BBC Mundo

Hace dos años que Siria está en guerra / BBC Mundo

Lo que comenzó en 2011 como un pulso entre manifestantes opositores y el régimen de Al Asad ha dejado más de 70.000 muertos, y un final difícil de vislumbrar ante los fracasados intentos de mediación internacional

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La ola de protestas nacida hace dos años al calor de la primavera árabe en Siria ha dado paso a una cruenta guerra civil, con más de 70.000 muertos y un final difícil de vislumbrar ante los fracasados intentos de mediación internacional.

Lo que comenzó el 15 de marzo de 2011 como un pulso entre manifestantes opositores y el régimen de Bachar Al Asad, que alcanzaba su máxima expresión durante las protestas de los viernes, reprimidas por las fuerzas gubernamentales con disparos, se ha transformado en un conflicto bélico cada día más sofisticado.

Los tanques del Ejército enviados para acallar las localidades sublevadas fueron seguidos de helicópteros y aviones militares, mientras se sucedía el goteo de deserciones en las Fuerzas Armadas que han constituido la espina dorsal del Ejército Libre Sirio (ELS), creado en julio de 2011.

Pese a la desigualdad de fuerzas, ya que la insurgencia carece de medios aéreos, poco a poco los rebeldes -pertrechados con AK-47, lanzagranadas y vehículos blindados conseguidos en sus victorias frente al régimen- se han hecho con el control de amplias zonas del norte, en las provincias de Idleb, Alepo y Al Raqa.

El cerco en torno a Al Asad se estrecha cada vez más en Damasco, que en el último año se ha convertido en escenario habitual de atentados, choques y bombardeos, sobre todo, en su periferia.

En julio pasado, parecía que las cosas se iban a precipitar con el atentado, reivindicado por el ELS, que descabezó la cúpula de Defensa del país, en pleno corazón de la capital, y el inicio días después de la ofensiva insurgente contra Alepo, la segunda ciudad del país.

Sin embargo, pese a que los enfrentamientos se aproximan cada vez más al centro de Damasco, cuyo casco histórico sigue intacto, a diferencia del destruido zoco de Alepo, el régimen todavía mantiene su superioridad en la lucha contra los "terroristas".

Los atentados, muchos de ellos perpetrados con coches bomba, que han causado centenares de víctimas en la capital y otras ciudades, hacen a algunos desconfiar del movimiento rebelde, que, por su parte, ha acusado en ocasiones al régimen de estar detrás de ellos.

Varios de esos ataques han sido reivindicados por el poderoso Frente al Nusra, un grupo islamista incluido por EEUU en su lista de organizaciones terroristas y que ha irrumpido con fuerza en el conflicto en el último año.

La organización radical se ha apuntado varios triunfos sobre el terreno contra las fuerzas de Al Asad y ha sido su principal azote en poblaciones como Alepo.

La emergencia del Frente al Nusra es un síntoma de la islamización de los combatientes en el campo de batalla: Basta observar los videos de los rebeldes para apreciar un cambio en su físico que ha ido de los rostros perfectamente rasurados a un bosque de barbas, más acorde con la "sunna" (tradición) musulmana.

En el plano político, el régimen remodeló a principios de 2012 la Constitución para abrirla al pluripartidismo en un intento de aplacar a los sublevados, pero esta medida no se tradujo en un cambio de poder en el Parlamento ya que la oposición boicoteó los comicios legislativos de hace un año.

En paralelo, la dividida oposición política ha dado pasos para unirse y en noviembre anunció la formación de la Coalición Nacional Siria (CNFROS), un paraguas de organizaciones reconocido como principal interlocutor de los opositores en el extranjero.

La CNFROS avanza ahora hacia la constitución de un Gobierno transitorio, a semejanza del Ejecutivo interino creado por los revolucionarios libios durante su rebelión.

Y mientras, los vuelos entre Nueva York, Ginebra, El Cairo y Damasco se suceden en un intento de llevar a cabo una mediación internacional, que hasta ahora ha tenido magros resultados.

En agosto pasado, el mediador de la ONU y de la Liga Árabe, Kofi Annan, tiraba la toalla desalentado por el aumento de las hostilidades y la falta de voluntad de las partes de aplicar su iniciativa para poner fin a la violencia.

El diplomático argelino Lajdar Brahimi tomó el relevo sin que por el momento sus esfuerzos hayan sido más fructíferos.

Siria es un país estratégico en el tablero de Oriente Medio y existen temores de una expansión del conflicto por otros países de la región. El régimen sigue confiando en los apoyos de Rusia, China e Irán frente a una comunidad internacional incapaz de detener la tragedia humanitaria.

Las cifras hablan por sí solas: más de 70.000 muertos en dos años y un millón refugiados, que, según la ONU, podrían duplicarse o incluso triplicarse para finales de 2013.