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Obstáculos y cuchillos afilados en el camino del acuerdo nuclear con Irán

Teherán y las grandes potencias anunciaron hoy que han pactado una especie de hoja de ruta para una negociación con un ambicioso horizonte: dejar claro de una vez por todas si Irán busca o no producir un arma nuclear y satisfacer el deseo, y el derecho, de Irán de usar la energía atómica con fines pacíficos

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Tras más de diez años de conflicto, desencuentros y amagos de acuerdo, Irán y la comunidad internacional han dado el primer paso hacia un acuerdo sobre el programa nuclear iraní que, aunque se presenta difícil, aparece como el mejor de los escenarios posibles.

Teherán y las grandes potencias anunciaron hoy que han pactado una especie de hoja de ruta para una negociación con un ambicioso horizonte: dejar claro de una vez por todas si Irán busca o no producir un arma nuclear y satisfacer el deseo, y el derecho, de Irán de usar la energía atómica con fines pacíficos.

"Hemos tenido tres días muy productivos, durante los que hemos identificado todos los asuntos que tenemos que atender para lograr un acuerdo completo y final", declararon hoy en Viena Catherine Ashton, jefa de la diplomacia europea, y Mohamad Yavad Zarif, ministro de Exteriores de Irán.

Los dos coincidieron en que el camino va a ser difícil y en que hay voluntad de diálogo. Tanta, que ya hoy acordaron verse de nuevo en Viena el próximo 17 de marzo.

"Lo que está pasando aquí es que tenemos una verdadera discusión, es el auténtico juego. Donde puede haber unas reglas y un juego auténtico", opinó para Efe Michael Adler, analista del Wilson Center, uno de los más prestigiosos centros de estudios políticos del mundo.

Un juego, el de lograr un acuerdo, que tiene a dos participantes activos, Irán y el Grupo 5+1 (Rusia, EEUU, China, Reino Unido y Francia, más Alemania).

Pero también otros participantes que están viendo su desarrollo desde lejos y no siempre con buenas intenciones.

Adler señaló que tanto el Congreso en Estados Unidos, donde los republicanos tienen mayoría, como el núcleo más duro y conservador de Irán "están sentados mirando, afilando sus cuchillos y esperando a julio", cuando termina el plazo inicial que se han dado las partes negociadoras para lograr avances.

Este analista, que lleva siguiendo el conflicto nuclear iraní desde sus comienzos, reconoció que aunque un posible acuerdo no será perfecto ni satisfará a todo el mundo, supone un "paquete que relaja la crisis y evita la guerra".

Adler considera que el desafío de la negociación es llevarla a un punto de cooperación tal que no sólo sea aceptable por los "'halcones' de ambas partes, sino que se mueva en una dirección que nadie quiera parar".

Un escenario en el que Estados Unidos evitaría una nueva guerra en Oriente Medio y los iraníes se quitarían de encima las sanciones internacionales y se asegurarían seguir teniendo un programa atómico de uso civil.

Con todo, el ritmo de esta negociación será de maratón y no de carrera de velocidad, como comparó una fuente diplomática estadounidense.

Avanzar paso a paso, con discreción y sin demasiado eco mediático, es la forma de lograr lo único importante: llegar al final del proceso, resaltaron fuentes diplomáticas occidentales.

En el camino, ambas partes tendrán que recuperar la confianza (Estados Unidos e Irán no tienen relaciones diplomáticas desde 1980) y lograr acuerdos técnicos sobre asuntos complicados.

Cuánto uranio enriquecido puede acumular Irán, qué tipo de maquinaria puede tener, si es aceptable que disponga de un reactor de agua pesada, son algunos de los debates técnicos que tendrán que resolverse.

Pero también hay analistas que advierten de que este nuevo espíritu de entendimiento no es más que una muestra de debilidad por parte de Occidente.

Matthias Küntzel, un politólogo vinculado a la Universidad Hebrea de Jerusalén, señaló esta semana en Viena que aunque no rechaza que se dialogue con Irán, sí que es un error hacerlo desde posiciones débiles.

Así, argumentó que si Zarif quiere de verdad ganarse la confianza internacional, debe firmar los protocolos que permitirían a los inspectores internacionales realizar controles sin previo aviso y hacer su programa nuclear completamente transparente.

Aunque los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica visitan regularmente instalaciones nucleares en el país persa, a este organismo le ha sido denegado el acceso a ciertas plantas y a documentos que se creen esenciales para poder asegurar rotundamente que Irán no buscar desarrollar armas atómicas.