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“La OEA puede colaborar con el diálogo en Venezuela”

El excanciller uruguayo Luis Almagro es el nuevo secretario general de la OEA / EFE

El excanciller uruguayo Luis Almagro es el nuevo secretario general de la OEA | EFE

 El ex canciller de Uruguay opina que las sanciones de Estados Unidos no contribuyen a generar el clima necesario para superar la situación

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Luis Almagro no la tendrá fácil. Electo el miércoles pasado como nuevo secretario general de la Organización de Estados Americanos, el ex canciller de Uruguay tomará en mayo la batuta de una institución en crisis financiera, que ha perdido relevancia en los últimos años y que está profundamente dividida por líneas ideológicas.

Nunca ajeno a los retos, el diplomático de 51 años de edad señala que tiene un plan que busca transformar a la OEA en un organismo moderno, eficiente y a tono con las nuevas realidades regionales. En entrevista con El Tiempo, ofrece las primeras pinceladas de esa obra en construcción.

—¿Cuáles son para usted los retos-desafíos más apremiantes que afronta la OEA?

—La OEA tiene que generar más credibilidad en los países miembros. Para ello tiene que hacer bien aquello donde tiene una ventaja comparativa y ello es en los cuatro pilares estratégicos de la organización: Democracia, Derechos Humanos, Seguridad Multidimensional y Desarrollo Integral.

—¿Qué espera conseguir en estos cinco años?

—No me interesa ser el administrador de la crisis de la OEA, sino el facilitador de su renovación. Me he pasado una buena parte de los últimos ocho meses dialogando con gobiernos, sociedad civil, sector privado y he comprobado que aún tienen esperanzas de que la OEA pueda acercarse a la nueva realidad del hemisferio para contribuir a garantizar más democracia, más derechos, más seguridad y más prosperidad para todos. Si logramos eso, al final de mi mandato creo que podremos mostrar resultados tangibles.

—¿Cómo sanear las finanzas de la OEA, un lastre que arrastra desde hace muchos años y que limita su efectividad?

—Hay un fuerte consenso sobre la necesidad de orientar el presupuesto hacia los nuevos objetivos y hacia los resultados por obtener,  para gestionar mandatos más razonables y hacerlo con mayor eficiencia. Vamos a trabajar también con los organismos multilaterales de crédito, ensanchando alianzas estratégicas para aprovechar sinergias y complementarnos mejor.

—Muchos mencionan que la permanente tensión entre el principio de la no intervención en asuntos internos y la defensa de la democracia paraliza a la OEA. ¿Lo ve así?

—No veo la contradicción que la pregunta sugiere. Creo que la Carta Democrática fija los parámetros para la acción cuando hay una interrupción del sistema democrático y se ha invocado en varios casos. El principio de no intervención es fundamental al momento de regular la relación entre los Estados, la convivencia pacífica y la democracia como tal.

—El surgimiento de otros foros como Unasur y Celac le han restado relevancia a la OEA en años recientes. ¿Cómo recuperarla?

—Son foros distintos y creo que se pueden coordinar perfectamente. Lo cierto es que la OEA ofrece una configuración única: es América toda, del sur al norte, pasando por el centro y el Caribe, y hay que generar una agenda de cooperación positiva que haga que los países la vean como un instrumento del que todos se benefician. Además, cuenta con un cuerpo jurídico y de Derechos Humanos que es único a nivel global y que sienta claras obligaciones para sus miembros. Creo que la OEA discursiva, burocrática, alejada de las preocupaciones de sus pueblos, anclada en los paradigmas del pasado, está definitivamente dando paso a una OEA del siglo XXI, que pueda convivir con las nuevas realidades. La  Celac, para citar un  ejemplo, ha contribuido a que los países de América Latina y el Caribe puedan manejar un diálogo con otras regiones del mundo.

—¿Cuál cree que será el papel de la OEA ante un eventual acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las FARC?

—Actualmente una misión de la OEA trabaja en Colombia y hay un secretario general en funciones, aunque al asumir el cargo efectivamente, el proceso de paz contará con todo mi apoyo y la presencia de la OEA será fortalecida en función de las necesidades que surjan del proceso. La paz no solo es buena para Colombia, sino para todo el hemisferio.

—Varios países, incluido Uruguay, andan por la senda de la despenalización de la droga. ¿Cree que ese es el camino para la región?

—Lo que es cierto es que la llamada “guerra contra las drogas” no ha cumplido los fines esperados. Uruguay ensayó un camino que enfoca el problema como un tema de salud pública y que se está implementando. Este abordaje recoge experiencias de otros países y de varios estados de Estados Unidos. No hay un modelo único, y de la experiencia internacional han de surgir alternativas diversas al modelo monolítico que basaba todos sus resultados en la represión.

—Cuba va a la Cumbre de las Américas, pero insiste en mantenerse alejada de la OEA. ¿Qué hace falta para su retorno? ¿O será que no le interesa pues en esta tendría que  regirse por sus estándares democráticos? 

—Creo que acercar Cuba a la OEA sería bueno para todos los Estados miembros por lo que este país puede aportar en varias áreas de la agenda de desarrollo, pero al mismo tiempo no hay que forzar los tiempos ni los procesos. Hay un diálogo bilateral entre La Habana y Washington, es algo histórico, como también lo es la participación de Cuba en la Cumbre de las Américas. Yo trabajaré en la dirección de que Cuba pueda reintegrarse plenamente al ámbito interamericano, pero los ritmos estarán condicionados a viabilizar ese reencuentro.

—¿Qué opina de las sanciones de EE UU a Venezuela?

—Son parte de una decisión soberana, sin duda. No creo, sin embargo, que contribuyan a generar el necesario clima de diálogo entre todos los sectores de la sociedad venezolana, incluidos la oposición y el gobierno, algo necesario en el actual contexto de polarización que vive el país.

—¿Cómo piensa afrontar la crisis que vive Venezuela?

—Es un tema que los venezolanos deberán resolver. En este momento no soy el secretario general de la OEA en funciones, sino el electo, pero le adelanto lo que pienso. En Venezuela es esencial respetar el ordenamiento democrático institucional, evitar cualquier tipo de aventura antidemocrática y facilitar un diálogo ordenado entre todos los sectores de la sociedad, incluidos gobierno y oposición, a partir de puntos mínimos de acuerdo y así generar confianza mutua. La OEA puede colaborar. Yo trabajaré en esa dirección.