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OEA inicia nueva etapa en medio de críticas por su inactividad en Venezuela

El uruguayo Luis Almagro fue el único candidato al máximo cargo de la organización / EFE

El uruguayo Luis Almagro fue el único candidato al máximo cargo de la organización / EFE

Expertos consideran que la institución ha asumido hasta ahora un papel complaciente frente a la situación del país y el deterioro de la democracia en la región

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En los últimos años, y frente a los cambios políticos y sociales del continente, la Organización de Estados Americanos se ha caracterizado por ser una institución poco dinámica que no responde a la realidad latinoamericana ni a los problemas de la democracia, opina el director del Centro de Investigación Periodística en las Américas, Ezequiel Vásquez-Ger, quien declaró al diario El País que la OEA se ha esmerado en apartar la promoción de “la democracia, los derechos humanos, la libertad de expresión y el desarrollo de la región”.

El director del Programa para América Latina de International Crisis Group, Javier Ciurlizza, señaló que la OEA debe dejar de ser “un lugar donde se complace a dos sectores”, los países del Alba por un lado y a Canadá y Estados Unidos por el otro. Lo que ha hecho que su posición frente a la crisis en Venezuela se mantenga al margen.

Entre santo y  demonio. “He pasado a ser santo y demonio en ambos lados del espectro político venezolano en mi gestión”, afirmó en 2013 el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, en una descripción de la dinámica de la organización durante sus dos períodos (2005-2010 y 2010-2015). Entonces aseveró que contrario a la opinión pública, que lo consideraba cercano al chavismo, tenía varios detractores en sus filas por su posición crítica ante el cierre de Radio Caracas Televisión (2007).  

Ciurlizza dijo que, luego de esto, las relaciones entre la OEA y el gobierno de Venezuela decayeron, y hoy están rotas. Vásquez-Ger indicó que la falta de liderazgo de Insulza y que algunos países, como Ecuador y Venezuela, atentaran contra los principios democráticos, desembocó en el debilitamiento de la organización y que asumiera un papel inactivo frente a Venezuela, así como un discurso contradictorio.

En 2013 Insulza también aseveró que la muerte del presidente Hugo Chávez dejaba un “vacío muy importante” en la nación, y lamentó la retirada del país de la Convención Americana de Derechos Humanos. En 2014 rechazó las sanciones de Estados Unidos contra el gobierno venezolano y descartó aplicar los mecanismos de la OEA relativos al quiebre de la democracia. Al mismo tiempo negó la posibilidad de que la entonces diputada María Corina Machado denunciara la "represión" de su país ante la organización, pero apoyó un “diálogo serio” para resolver la crisis interna.

A pesar de esto,  y de que a último momento intente impulsar un acercamiento con la Casa Blanca, Ciurlizza señaló que lo que determine la entidad hemisférica no tiene importancia para Venezuela.

Entretanto, la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, tendrá la oportunidad de hablar sobre la escalada de tensión entre Caracas y Washington, en una sesión del foro que se realizará mañana.

Papel conciliador. El ex embajador de Panamá ante la OEA, Guillermo Cochez, opinó en 2013 que una vez que los países del Alba tomaran la organización, la dejarían inoperante en el terreno político.

Ciurlizza explicó que en los últimos años la OEA no logró su papel conciliador, “los países de la región agudizaron sus diferencias sobre temas que antes eran materia de consenso” y se vieron contrastados los intereses de los países del Alba y los de Canadá y Estados Unidos, de modo que la organización perdió relevancia.

Ciurlizza refirió que el fallecido presidente Hugo Chávez era “un líder que sabía formar consenso, persuadir Estados y alinearse en el Alba”, pero con el gobierno de Maduro Venezuela ha perdido la incidencia que tenía.

Vásquez-Ger añadió que frente a los cambios en Venezuela, se podrían abrir las puertas para que un país como México ejerza un mayor liderazgo en la región y en la OEA.

El reto de Luis Almagro

Hoy se escogerá al próximo secretario general de la Organización de Estados Americanos en una elección que se presenta sin rivales y en la que el uruguayo Luis Almagro, doctor en Derecho y Ciencias Sociales, es el único candidato. Canadá, Estados Unidos y México son los únicos que faltan por respaldarlo, pero lo cierto es que con una mayoría simple (18 votos de 34) Almagro pasará a ser el nuevo secretario general.

El internacionalista Luis Daniel Álvarez indicó que Almagro podría trabajar en pro de “fortalecer y acercar más a los países”.

Con respecto a Venezuela, el uruguayo no ha fijado una posición: “Hemos pedido las máximas garantías judiciales para los presos políticos, pero no nos podemos involucrar en las decisiones del Poder Judicial de otro país”.

Álvarez agregó que la labor de Almagro se deberá centrar en una “reactivación de la OEA”, y diferenciarse de “Insulza, que lo que hizo fue que la OEA no respondiera a la realidad ni a los problemas de la democracia”.

 

El fin del liderazgo petrolero

Frente al contexto económico actual venezolano y las corroídas relaciones del país con la Organización de Estados Americanos, los expertos debaten si Venezuela seguirá marcando la pauta en América Latina. El analista Javier Ciurlizza afirmó que mientras se mantenga la crisis será difícil predecir lo que sucederá, pero “el gobierno de Venezuela ha perdido la incidencia que tenía bajo el mandato de Chávez, tanto por el tema petrolero como por el carácter del liderazgo que ahora tiene en el mandato de Maduro”.

El experto señaló que el “petróleo es un elemento esencial” en la visión de Venezuela en América Latina. Esto, aunado con las nuevas relaciones entre Washington y La Habana, que han afectado a Venezuela, hace viable la “inevitable reducción de Petrocaribe  y que algunos de los países miembros vayan a salir del bloque”.

El problema es que las decisiones ya no dependen de una persona sino de llegar a consensos con la región, de manera que la Unasur y la OEA van a ser sitios inevitables para ello, añadió.