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Newtown vive en la intimidad el primer aniversario de la matanza

La familias de Newtown ruegan a los medios se mantengan al límite / AFP

La familias de Newtown ruegan a los medios se mantengan al límite / AFP

En un intento de no reabrir el horror de esa pesadilla, las autoridades no van a realizar ningún tipo de acto conmemorativo en recuerdo de las víctimas

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La pequeña ciudad de Newtown, en Connecticut (EE UU), vivirá mañana en la intimidad y recogimiento el aniversario de la matanza en la escuela Sandy Hook, donde veinte niños y seis adultos fueron asesinados por un joven perturbado.

En un intento de no reabrir el horror de esa pesadilla, las autoridades no van a realizar ningún tipo de acto conmemorativo en recuerdo de las víctimas y han pedido expresamente a la prensa, especialmente a las cadenas de televisión, que no vaya mañana a esta ciudad de Connecticut (noreste de Nueva York)

De hecho, el ayuntamiento ha solicitado a empresas, particulares e iglesias que no permitan que las camionetas de las cadenas de televisión aparquen en terrenos de su propiedad, y varias de las cadenas (al menos NBC, ABC y CNN) han anunciado ya que no piensan emitir desde la población.

Muchos familiares de las víctimas han dicho a sus amigos o vecinos que se irán de la ciudad durante el fin de semana para evitar revivir el drama.

Las familias de los niños supervivientes en las clases atacadas han advertido que no harán declaraciones, mientras que otros habitantes han señalado estos últimos días que no quieren que les asalten cámaras y micrófonos.

"Deseamos fervientemente que las muchas personas que tienen buenos deseos hacia nosotros, y los medios de comunicación, nos dejen este momento para estar solos y tranquilos", ha señalado la alcaldesa, Patricia Llodra, en su blog.

La tragedia impactó de forma dramática a esta idílica ciudad de 28.000 habitantes, que no quiere volver a revivir esos días de caos y dolor, por lo que se ha preferido honrar a las víctimas de forma "tranquila, personal y respetuosa", añadió Llodra.

El 14 de diciembre del año pasado, Adam Lanza, de 20 años, mató a tiros a su madre Nancy en la casa en la que ambos vivían y luego se dirigió fuertemente armado a la escuela, donde entró disparando sobre la puerta.

A continuación, asesinó a la directora y la psicóloga del centro, y posteriormente entró a dos salas de clase de primer curso, en las que asesinó a dos maestras, dos asistentes y veinte niños de 6 y 7 años.

Tras realizar 150 disparos en apenas cinco minutos con un fusil de asalto semiautomático, Adam Lanza se suicidó cuando llegó la policía, aunque tenía abundante munición y más armas (dos pistolas semiautomáticas).

Tras la tragedia, el presidente de EE.UU., Barack Obama, viajó a Newtown para una conmovedora ceremonia y la ciudad fue invadida durante días por periodistas de todo el mundo y curiosos.

Desde entonces, la escuela ha sido demolida, y la Newtown Action Alliance creada tras el tiroteo ha organizado viajes cada tres meses a Washington (el jueves por la noche organizó una vigilia en la Catedral Nacional de la capital) para solicitar medidas para el control de armas.

La ciudad y los familiares de las víctimas ya revivieron parte del horror el pasado 26 de noviembre, cuando la fiscalía del distrito presentó el informe sobre el tiroteo, en el que se reconoce que probablemente jamás se conocerán los motivos del autor.

El recuerdo fue aún peor cuando un juez aceptó una petición de la prensa para que la semana pasada se hicieran públicas (en contra de los deseos de la fiscalía y de la ciudad) las llamadas telefónicas a los servicios de emergencia realizadas desde la escuela.

La alcaldesa Llodra crítico esa divulgación argumentando que "escuchar esas llamadas" los "devuelve a un día de horror y tragedia".

Según el informe, de 48 páginas, Adam Lanza padecía síndrome de Asperger, una variante del autismo que le ocasionaba muchos problemas de interacción social, agravados en los últimos meses, en los que sólo se comunicaba con su madre por correo electrónico aunque vivían en la misma casa.

Además, el joven era muy aficionado a los videojuegos violentos, tenía obsesión por las matanzas colectivas (se encontró en su habituación mucho material relacionado con estos sucesos) y su madre le había enseñado a manejar y disparar armas.