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Naciones Unidas reconoce el papel de las plantadoras de árboles de Guatemala

Este proyecto, que se inició en 1998, cuenta con la promoción de la Alianza Internacional de Reforestación, una asociación que implica a mujeres en la plantación de árboles

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La cumbre del Clima que se celebra en Varsovia reconoce el papel de un grupo de mujeres guatemaltecas como María Magdalena, ama de casa de 59 años y madre de seis hijos, que dedica todo su tiempo libre y esfuerzo a plantar árboles para repoblar su comarca.

"Si yo, que tengo seis hijos, puedo dedicarme a cuidar los árboles y ayudar a la madre tierra, seguro que otras mujeres también pueden hacer algo útil", explicó a Efe María Magdalena Siquinajay, quien lidera un grupo de 48 amas de casa en el distrito de San Andrés Itzapa (sur de Guatemala), donde gestionan un vivero para repoblación.

"Y fíjese que la más mayor de nosotras tiene 78 años", dice Lena, como le gusta que la llamen, una mujer que reconoce haber encontrado la felicidad en esta labor de reforestación que demuestra que "las mujeres también pueden hacer mucho para mejorar el medio ambiente, aunque siempre nos habían dicho que eso es cosa de hombres".

Este proyecto, que se inició en 1998, cuenta con la promoción de la Alianza Internacional de Reforestación (AIRES), una asociación que implica a mujeres en la plantación de árboles, previniendo así la erosión del suelo, mitigando el cambio climático y mejorando con ello la cosecha.

El proyecto guatemalteco, que el pasado 6 de noviembre fue reconocido junto con otras 16 iniciativas repartidas por todo el mundo como "Lighthouse Activities 2013" por su lucha por frenar el cambio climático y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, recibirá hoy un galardón en la cumbre del Cambio Climático de Varsovia.

El grupo de Lena comenzó en 1998 con un vivero de 1.300 árboles y hoy ya cuentan con más de 25.000, todo gracias al esfuerzo desinteresado de este puñado de mujeres.

AIRES está integrado por 49 grupos como el de Lena en Guatemala y otro en Nicaragua, en los que mujeres que en muchos casos no habían tenido nunca relación con la actividad agraria plantan miles de árboles autóctonos cada año, además de construir estufas eficientes que ayudan a prevenir enfermedades de pulmón e incendios y que emplean la mitad de madera que las antiguas.

Lena Siquinajay es escéptica ante las grandes reuniones como la de la ONU en Varsovia para discutir sobre el futuro del clima, y prefiere acciones concretas.

"Mientras nosotros estamos aquí hablando mis compañeras del grupo (que se llama "Unidas por el amor a la vida") se están juntando para llevar bolsas con tierra y trasplantar arbolitos, y yo no puedo estar con ellas con todo el trabajo que tenemos pendiente", se lamenta.

Para la responsable de AIRES en Guatemala, Cecilia Ramírez, los guatemaltecos cuentan con una "gran conciencia medioambiental" que sólo hay que despertar, porque en su cultura tradicional el árbol es una vía de conexión con el alma, según declaró a Efe.

"Toda oportunidad de utilizar mejor nuestros recursos es una oportunidad para el cambio, para cambiar nuestra vida", añade Lena, quien confiesa que hace 15 años no sabía ni siquiera qué era eso del cambio climático.

"Fui a unas jornadas de capacitación y descubrí que algo malo estaba pasando con el planeta, que todo podía ser un desierto si no se ponía remedio", asegura.

Lena recuerda cómo comentó esa experiencia a varias mujeres y cómo todas ellas le recomendaron que no se metiese en cosas de hombres, mientras que su marido la llamaba loca por colaborar con un proyecto medioambiental sin percibir ninguna remuneración.

"Bueno, me dijo al fin mi esposo, si me tienes la comida hecha, los niños cuidados y la casa limpia entonces haz lo que gustes con tu vida", narra Lena, quien asegura que hoy su marido también está concienciado de la importancia de repoblar los bosques y que la ayuda en el vivero cuando es necesario.