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El año en que Monti devolvió la credibilidad a Italia y anunció su dimisión

Mario Monti

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El motivo principal por el que decidió no acabar la legislatura fueron las duras críticas vertidas contra su política económica por el secretario del partido Pueblo de la Libertad

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El Gobierno del tecnócrata Mario Monti llega al final de 2012 con la dimisión del primer ministro en la mano tras el amplio espectro de medidas económicas adoptadas, entre ellas varios recortes de gasto público, y la posibilidad de que el ex comisario de la Competencia retorne a la arena política.

La prudencia de Monti dejó a un lado las escenas histriónicas del ex primer ministro Silvio Berlusconi, y la imagen de Italia recuperó peso en los foros europeos gracias a la profesionalidad del "Profesor", como es conocido en Italia, quien supo granjearse el respeto de la canciller alemana, Angela Merkel, amén del resto de sus homólogos europeos.

El día del primer aniversario al frente del Ejecutivo, Monti aseguró en un documento que "quizá hoy, sin las políticas de rigor aprobadas por el Ejecutivo no existiría la eurozona, o se habría quedado reducida a su dimensión geográfica sin lo que Italia, con un esfuerzo colectivo sin precedentes, ha logrado realizar".

El 17 de noviembre de 2011, el Ejecutivo de Monti recibía el voto de confianza del Parlamento y se disponía a gobernar.

La crisis económica y una prima de riesgo disparada obligaron entonces a Berlusconi a dimitir, y el jefe de Estado, Giorgio Napolitano, decidió, tras consultar a los partidos políticos y ante la grave situación interna, nombrar a un tecnócrata para que dirigiese el país hasta el término de la legislatura, lo que en principio estaba previsto para abril de 2013.

Monti comenzó su legislatura intentando recuperar la credibilidad internacional, lo que le llevó a realizar 30 visitas a China, Estados Unidos, Japón, Libia, Líbano, Argelia y las principales capitales europeas, sin contar los viajes a Bruselas.

Ya el 4 de diciembre de 2011 el Gobierno presentó un contundente plan de ajuste por valor de 30.000 millones de euros, que será recordado sobre todo por las lágrimas de la ministra de Trabajo, Elsa Fornero, durante la rueda de prensa en la que se abordaba también la reforma de las pensiones, que aumenta la edad de jubilación progresivamente hasta los 67 años.

Posteriormente, el Ejecutivo de Monti también aprobó un paquete de liberalizaciones y de simplificación de los trámites burocráticos alabado por Europa y que relajó la prima de riesgo.

Y es que Berlusconi dejó el diferencial entre el bono alemán a diez años y el italiano en cerca de 600 puntos básicos, mientras que la prima de riesgo con Monti, aunque con altos y bajos, cayó a menos de 300.

El Gobierno también presentó una polémica reforma laboral por la que en caso de despido por motivos económicos el empresario no será obligado a readmitir al trabajador sino que solo tendrá que pagarle una indemnización.

Pero 2012 será recordado también como el año de la introducción del impuesto de bienes inmuebles para la primera casa, que Berlusconi había retirado, y de la llamada "spending review", con la que se recortaron los excesivos gastos públicos.

También logró recaudar 13.000 millones de euros con la lucha contra la evasión fiscal realizando en este año 667.000 controles fiscales.

Pero el 8 de diciembre de 2012 marca un hito en el año por el anuncio inesperado del excomisario europeo de que dimitiría de su cargo tras la aprobación de la Ley de Presupuestos el día 21 de diciembre.

El motivo principal por el que Monti decidió no acabar la legislatura fueron las duras críticas vertidas contra su política económica por el secretario del partido Pueblo de la Libertad (PDL), Angelino Alfano.

Ese mismo día, y tras un ir y venir en sus afirmaciones, el presidente del PDL, Berlusconi, de 76 años y con varios procesos judiciales abiertos, anunció que se presentaba como candidato a las elecciones del 24 de febrero 2013.

Con la aprobación de la Ley de Presupuestos, su última iniciativa antes de terminar su mandato y con la que pretende un ajuste de 11.600 millones de euros repartidos durante los próximos tres años y cerrar 2013 con un déficit público del 1,6 % del PIB, el tipo general aumentará solo un punto (frente a los dos previstos antes), del 21 al 22 %.