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Monseñor Óscar Arnulfo Romero, un insurgente beato para América Latina

Hoy realizarán la ceremonia de beatificación en El Salvador | Foto AFP

Hoy realizarán la ceremonia de beatificación en El Salvador | Foto AFP

Su discurso incisivo y su crítica a la represión se convirtieron en un símbolo de justicia, pero también bandera de izquierda y de derecha, por lo que su legado aún sigue generando polémica 

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Quienes lo conocieron lo describen como sencillo y tímido. Murió “dando la comunión en manga e`camisa”, dice Rubén Blades en su canción “El padre Antonio y su monaguillo Andrés”. Otros aseguran que fue partidario de la revolución armada, un guerrillero marxista en sotana, durante la época más oscura de El Salvador. Pero lo cierto es que monseñor Óscar Arnulfo Romero ponía el acento en la libertad, la justicia y los derechos humanos en sus sermones, y desataba tempestades.

Las organizaciones político-militares de El Salvador le pusieron el ojo por la fuerza de sus palabras para defender a los pobres de la represión. Para muchos teólogos, allí radica la importancia de su beatificación, que después de ser solicitada hace 25 años por el arzobispo Arturo Rivera, hoy será una realidad.

La voz de Romero se fue expandiendo por todo el país en los años setenta a medida que crecía la violencia y la represión en los gobiernos de Arturo Armando Molina (1972-1977) y Carlos Humberto Romero (1977-1979). Sus polémicos discursos cayeron pronto en los sectores poderosos del país y en los nacientes grupos revolucionarios, a quienes no convenía que un cura aprovechara la congregación de miles de feligreses en sus homilías para decir lo que nadie se atrevía. La Iglesia comenzó a ser perseguida y la integridad física del padre amenazada en las editoriales más importantes del país.

Sus denuncias contra las autoridades crecieron luego del suceso de “Las Tres Calles” en junio de 1975, cuando un grupo de campesinos que regresaban de un acto litúrgico fue asesinado.

La dictadura de Carlos Romero acabó con las pocas garantías de los ciudadanos. Al estado de sitio y la campaña sangrienta de represión le siguieron los asesinatos del padre Rutilio Grande, del sacerdote Alfonso Navarro y su amigo Luisito Torres, del padre Octavio Ortiz y cuatro jóvenes de su congregación, y de los padres Ernesto Barrera, Rafael Palacios y Alirio Macias. Poco después fueron tras Romero.


Cesen la represión. “En nombre de Dios y de este pueblo sufrido les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: cesen la represión”. Estas palabras fueron consideradas su sentencia de muerte. Frente a miles de feligreses, Romero las pronunció el domingo 23 de marzo de 1980 como parte de su última homilía.

Al día siguiente, a las 6:25 pm, el arzobispo fue asesinado por un francotirador al momento de preparar la ofrenda para recibir el Cuerpo de Jesús, durante una misa en la capilla del hospital La Divina Providencia.

Años después, la Comisión de la Verdad para El Salvador de las Naciones Unidas acusó como autor intelectual del crimen al mayor Roberto D'Aubuisson, fundador del partido derechista Arena, y señalado de dirigir también los escuadrones de la muerte.


Divisiones por su legado. Algunas organizaciones eclesiásticas como Articulación Nacional de las Comunidades Eclesiales y el Comité Nacional Monseñor Romero temen que se desfigure el legado del padre en la beatificación ahora que es una “marca oficial”, y denunciaron la organización de la ceremonia, dijo José Lazo, miembro de uno de los grupos.

“Monseñor dio la vida en defensa de los pobres, de las víctimas de violaciones de derechos humanos y ahora lo quieren convertir en un santo pasivo”, expresó Lazo,  y criticó la manera de distribuir las zonas para el acto al reservar un espacio para “pobres y campesinos”. A pesar de esto, las autoridades de El Salvador esperan que aproximadamente 300.000 feligreses lleguen a la plaza El Salvador del Mundo, donde se llevará a cabo el acto.

Alabado o repudiado, el arrojo de Romero es una yerra que recuerda la época más oscura de la historia de El Salvador y que lo convirtió en uno de los diez mártires del siglo XX, representados en las estatuas de la abadía de Westminster, y para el pueblo en san Romero de América.


Las caras de Romero
- En 1942: ordenado sacerdote en Roma.
- En 1967: secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador.
- En 1970: obispo auxiliar de San Salvador por la Nunciatura Apostólica.
- En 1974: obispo de Santiago de María.
- En 1977: arzobispo de San Salvador.
- En 1978 la Universidad Georgetown le entregó un doctorado honoris causa.  Recibió el título de Siervo de Dios
- En 2015 fue reconocido como mártir “por odio a la fe” por la Iglesia Católica, al ser aprobado por el papa Francisco el decreto de martirio correspondiente y promulgado por la Congregación para las Causas de los Santos.
- En América Latina algunos se refieren a él como san Romero de América
- Fuera de la Iglesia Católica es honrado por otras denominaciones religiosas de la cristiandad, incluyendo a la Comunión anglicana que lo ha agregado a su santoral.


Las trabas
En 1994 la Iglesia engavetó la solicitud para la canonización de monseñor Oscar Romero, presentada formalmente por el padre Arturo Rivera. Tras años de insistencia, los seguidores de la labor del salvadoreño tuvieron que esperar la llegada del papa Francisco para ver realidad su petición.

En abril de 2013 Francisco desbloqueó el proceso tras superar las trabas del  Vaticano y dos años después, el 3 de febrero de 2015, el pontífice aprobó el decreto que reconocía el "martirio" de Romero in odium fidei, es decir, que fue asesinado por "odio a la fe", por lo que para su beatificación no es necesario reconocer un milagro.

Para los expertos, no es fortuito que haya sido Jorge Mario Bergoglio quien destrabara el caso del también llamado “el arzobispo de los pobres” y la “voz de los sin voz”. El doctor en Teología Rafael Luciani afirmó que Romero encarna la Iglesia que desea el papa Francisco, puesto que el mártir “fue impulsor del Concilio Vaticano II y de los documentos de la Iglesia en América Latina”. Estas ideas se traducen en una fuerte influencia en los discursos de Romero de la Teología de la Liberación, centrada en la pobreza, no tanto en la teoría pero sí en la práctica.

Romero trabajó porque “la institución eclesiástica promoviera el diálogo y no el conflicto, la solidaridad y no la absolutización o la idolatría del dinero y los bienes”, recordó.

El Vaticano había decidido no beatificar a Romero por no estar de acuerdo con estas tendencias y porque sus homilías debían pasar por un examen doctrinal, declaró a CNN Andrés Beltramo, colaborador de Vatican Insider. El experto también aseguró que la confrontación ideológica en El Salvador por la doctrina de Romero, a quien tanto la derecha como la izquierda quisieron tomar como bandera, fue parte de esta querella.