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Máxima, la mejor modelo para los diseñadores argentinos

La princesa Máxima de Holanda / AFP

La princesa Máxima de Holanda / AFP

El caso de Marta Martínez Béjar no es el primero en el que un gesto de Máxima saca del anonimato a algún diseñador argentino

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Reconocidos diseñadores argentinos como Benito Fernández han saltado a las pasarelas internacionales después de vestir a Máxima Zorreguieta, mientras otros, desconocidos, han cumplido su "sueño" de enviar a la futura reina de Holanda alguna de sus creaciones o confían en hacerlo en breve.

Es el caso de la diseñadora argentina Marta Martínez Béjar, cuya vida, asegura, dio un giro de 360 grados después de que la princesa Máxima aceptara un "sombrero misionero plegable" como obsequio.

"Se me cumplió un sueño. Si algún día la veo (a Máxima) con mi sombrero me muero", dijo emocionada a Efe esta diseñadora de Eldorado, en la provincia de Misiones, 1.250 kilómetros al norte de Buenos Aires.

"Recibo llamadas de todo el mundo para felicitarme e interesarse por el sombrero", continúa Martínez, quien confiesa que "se venden muy bien" las réplicas de la capelina real, exhibidas tanto en el escaparate de su boutique de alta costura, "Canela M", como en la página del establecimiento en una conocida red social.

"Lo único que lamento es que todo esto no me ocurriese diez años antes", dice entre risas.

El sombrero real, confeccionado en seda natural blanca, incluye flores de lapacho blanco y rosa, de canela y unas hojitas de yerba mate, símbolos de la provincia de Misiones, situada al norte de Argentina y limítrofe con Brasil.

"Pensé en nuestra selva, nuestras cataratas (de Iguazú) y en cada misionero cuando hice la capelina", subraya Martinez.

Su carrera como sombrerera es breve, sobre todo comparada con los más de 20 años dedicados a la confección de indumentaria.

Comenzó el año pasado, tras realizar un curso impartido por la reconocida maestra argentina Laura Noetinger en Buenos Aires.

De vuelta a casa, Martínez usó los conocimientos recién adquiridos junto a otros previos para crear "un sombrero plegable pensado para los turistas, elegante y práctico", que fue la base de la capelina exclusiva que después diseñaría para la princesa Máxima.

La primera noticia de que la futura reina consorte de Holanda había aceptado el regalo le llegó el pasado marzo, a través de un correo electrónico de la embajada de Holanda en Buenos Aires que Martínez asegura haber "leído y releído".

"Me largué a llorar y contagié a todos los que tenía alrededor", recuerda.

Una vez tuvo confeccionada la capelina, se desplazó a Buenos Aires para hacerla llegar, vía embajada, a manos de la argentina que el próximo 30 de abril se convertirá en reina consorte de Holanda.

No es la primera vez que un gesto de Máxima saca del anonimato a algún diseñador argentino.

La arquitecta Gabriela Fiori, radicada en la norteña provincia de Salta, decidió cambiar los planos por los patrones durante la grave crisis económica que sacudió a Argentina entre 2001 y 2002.

Su primera participación en una feria de moda en Buenos Aires coincidió con un viaje de Máxima, por entonces novia del príncipe Guillermo de Holanda, y Fiori explicó a Efe que se arriesgó a enviarle una cartera que poco después, para su "sorpresa" y "satisfacción", lucía colgada de la mano.

La distinguida modelo, cuya indumentaria es analizada al detalle por la prensa rosa, descubrió a la diseñadora salteña ante la alta sociedad y los pedidos de la firma se multiplicaron cuando Máxima se convirtió en una cliente habitual.

Fiori subraya que sus exclusivos bolsos, "realizados a mano con técnicas típicas del norte argentino", se venden sobre todo en "Buenos Aires y en el extranjero".

Con la carta principesca bajo la manga, la salteña desembarcó en Amsterdam hace unos años y sus creaciones destacan detrás de las vitrinas de la tienda "Pampa Bags" de la capital cultural holandesa.