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Matthei lucha contra las probabilidades para conquistar presidencia de Chile

La candidata presidencial chilena de la Alianza, Evelyn Matthei | EFE

La candidata presidencial chilena de la Alianza, Evelyn Matthei | EFE

Varios incidentes por su inflamable carácter, que incluyeron insultos, la hicieron blanco de críticas en un país conservador y con fuerte influencia de la Iglesia católica

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Con un estilo marcado por las confrontaciones y polémicas declaraciones, la candidata oficialista Evelyn Matthei quema sus últimos cartuchos en una batalla que parece perdida: ganar el domingo la elección presidencial en Chile.

Bajo el lema "Sí se puede", la conservadora Matthei renovó su equipo de campaña y buscó apoyos en los más diversos sectores para contrarrestar el amplio respaldo de su contrincante, la socialista y exmandataria Michelle Bachelet.

Pero el panorama luce cuesta arriba hacia el balotaje del domingo, luego de que Matthei obtuviera en la primera ronda un 25 por ciento de los votos frente al 47 por ciento de Bachelet.

La rubia de 60 años, que propone continuar las políticas liberales del presidente Sebastián Piñera, ha criticado las promesas de su rival, comparándolas con la "Alemania del Muro de Berlín". Matthei asegura que su programa representa la "Alemania de Merkel".

Sus declaraciones son polémicas

Durante un encuentro con iglesias evangélicas, la candidata afirmó que en su Gobierno "no se va a hacer nada que vaya en contra de lo que la Biblia nos señala", en referencia al matrimonio entre personas del mismo sexo, el aborto y la eutanasia. Eso desató un ataque mediático de sectores laicos.

Matthei, una economista conocida por su gusto refinado y su afición al piano, ha justificado su estilo de confrontaciones como la única manera que tiene una mujer para abrirse camino en un mundo dominado por hombres.

Apodada la "dama de hierro", y dueña de un carácter que le hizo destacar como ministra del Trabajo de Piñera, Matthei carga el peso de su vínculo familiar con la dictadura militar que gobernó el país entre 1973 y 1990. Su padre, el general Fernando Matthei, fue miembro de la junta del dictador Augusto Pinochet.

Incluso ha sido señalado durante la investigación de la muerte del general Alberto Bachelet, el padre de su rival socialista muerto en circunstancias no aclaradas. En el 2012, la justicia chilena rechazó procesar al general Matthei.

Matthei se ha defendido diciendo que durante la dictadura realizó comentarios a favor de los derechos humanos que le valieron las críticas de los seguidores del régimen.

"Cuando yo aún era estudiante y mi padre era miembro de la junta de Gobierno, yo di entrevistas en que deploré el tema de los derechos humanos y sufrí bullying (acoso) por eso", dijo Matthei, que vivía en Europa cuando sucedió el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

En medio de la campaña, Piñera reconoció que la candidata oficialista apoyó la continuidad del régimen de Pinochet en un plebiscito en 1988, donde la población aprobó en las urnas la convocatoria de unas elecciones que abrieron el camino para la vuelta a la democracia.

Defensa del Gobierno

Madre de tres hijos, Matthei había dicho que al terminar su labor en el actual Gobierno se apartaría por un tiempo de la política. Sin embargo, se convirtió inesperadamente en la carta oficialista en julio luego que el ex ministro Pablo Longueira declinara sorpresivamente su candidatura por razones de salud.

Desde ese momento no cesó en su defensa del gobierno de Piñera, que cosecha más rechazo que apoyo en sondeos de opinión.

"Si usted le pregunta a la inmensa mayoría de los chilenos si está mejor ahora o hace cuatro años, estoy segura de que la inmensa mayoría va a contestar que está mejor", dijo el jueves en su acto de cierre de campaña.

Su paso durante más de dos décadas por el Congreso, como diputada y senadora de los partidos Renovación Nacional y UDI, le dieron notoriedad, que consolidó al llegar al Ministerio del Trabajo, del que salió con una aprobación cercana al 60 por ciento, según datos de la encuestadora privada Adimark.

Pero varios incidentes por su inflamable carácter, que incluyeron insultos, la hicieron blanco de críticas en un país conservador y con fuerte influencia de la Iglesia católica.

"Yo veo que ese vocabulario se usa a diario en las oficinas, en las casas", dijo en un programa televisivo al ser consultada sobre uno de los episodios.