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Mario Monti se viste de político

El dimisionario primer ministro italiano, Mario Monti / Reuters

El dimisionario primer ministro italiano, Mario Monti / Reuters

Desde hace varias semanas, no pasa un día sin que el presidente dimisionario del Consejo dé entrevistas a la televisión, la radio y los diarios, al mismo ritmo que su predecesor y rival Silvio Berlusconi

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Puyas a los adversarios, entrevistas a diestro y siniestro, promesas electorales... Desde que se lanzó en la batalla de las legislativas de febrero, Mario Monti ha adoptado todas las costumbres de un político, después de presentarse durante su año de primer ministro como un tecnócrata ajeno a las intrigas.

El ex comisario europeo repite constantemente que no ha "bajado" a la palestra, sino que se ha "elevado como político". Sin embargo, su argumento no parece convencer a todos.

"De ser un hombre que estaba por encima de las partes, ha pasado a ser un hombre de partido", afirma en un editorial titulado "Por qué Monti me ha decepcionado" Eugenio Scalfari, director del diario La Repubblica (izquierda), que apoyó durante un año el gobierno tecnocrático del 'Professore'.

"El encanto se ha terminado. Al meterse en política, Monti ha bajado del pedestal en que lo habían puesto", opina en el mismo diario Barbara Spinelli.

Desde hace varias semanas, no pasa un día sin que el presidente dimisionario del Consejo dé entrevistas a la televisión, la radio y los diarios, al mismo ritmo que su predecesor y rival Silvio Berlusconi, famoso por su hiperactivismo mediático.

"Los dos se persiguen como Tom y Jerry, y nadie entiende ya quién es Berlusconi y quién es Monti, quién es el gato y quién el ratón", comenta divertido Francesco Merlo en La Repubblica.

Un ejemplo: el 'Cavaliere' acusa a su sucesor de haber conducido el país a la recesión aumentando los impuestos. El 'Professore' responde: "eso es porque sucedí a unos irresponsables".

Y sobre la afición de Monti por el canto, el interesado apunta: "sí, pero nunca he cantado en cruceros", en una alusión directa a los inicios de Silvio Berlusconi.

Quizá la foto que mejor ilustra el cambio de Monti es la que lo muestra en la misa de la Epifanía, celebrada por el Papa en San Pedro del Vaticano, con un teléfono móvil en la oreja, bajo la mirada iracunda de su esposa.

Una imagen que no deja de recordar la de Berlusconi hablando tranquilo con su teléfono mientras la canciller alemana, Angela Merkel, lo esperaba para abrir una cumbre en Alemania...

Más allá de las anécdotas, muchos están sorprendidos de escuchar al mismo que restableció un polémico gravámen de propiedad inmobiliaria, con el fin de aumentar los ingresos fiscales del país, prometer ahora una rebaja de impuestos.

"El profesor se ha convertido en un demagogo", lanza Matteo Renzi, alcalde de Florencia, que encarna la joven guardia del Partido Demócrata (PD, izquierda), considerado favorito en los sondeos.

"Habría preferido un programa más valiente, un giro más radical", comenta el actual ministro de Desarrollo Económico, Corrado Passera, expulsado de las listas de la coalición centrista que apoya a Monti de cara a las legislativas del 24 y 25 de febrero.

Y es que la duda se está propagando entre los partidarios de Monti.

"Cuidado con el riesgo de transformismo", advirtió la ministra de Asuntos Sociales, Elsa Fornero, que decidió retirarse al final de la legislatura, lo mismo que prometió hacer Monti cuando llegó al poder en noviembre de 2011.

El apoyo del Vaticano y de la Iglesia italiana a Monti también ha causado reticencias en el mundo católico.

Algunos consideran inadecuado violentar así la intención de voto de electores católicos tanto del PDL, el partido de Berlusconi, como del PD.

El propio Monti, que considera obligatorio su compromiso para "no reducir a la nada los sacrificios de los italianos", parece bien consciente de las dificultades de su nuevo personaje.

"Era una locura", bromeó el miércoles en un debate, añadiendo en un comentario dirigido a una participante, psicoterapeuta de profesión: "vaya preparando un diván..."

Monti, lanzado en la batalla de las elecciones legislativas del próximo febrero, ha adoptado las costumbres de un político, tras estar todo el año ocupando el cargo de primer ministro como un tecnócrata ajeno a las intrigas.