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Manifestantes en Brasil definen próximos pasos

Manifestantes esperan mantener despierta la conciencia política en Brasil/AFP

Manifestantes esperan mantener despierta la conciencia política en Brasil/AFP

Esperan mantener vivo el espíritu político que se despertó en la última semana, después de décadas de apatía

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Después de una semana de protestas masivas, los brasileños lograron la atención del mundo y la derogación del aumento en las tarifas del autobús y el metro que había encendido su furia en un primer momento. Pero ahora, dicen muchos, su verdadera tarea apenas comienza.

Manifestantes de clase media que marchan por primera vez dicen que el desafío para los brasileños es mantener vivo el espíritu político que se despertó en la última semana, después de décadas de apatía. Esperan que surjan líderes para encabezar un movimiento de masas ecléctico y presentar reclamos concretos a los gobiernos nacionales y estatales.

En resumen, los manifestantes dicen que es hora de organizarse en torno a la oleada de quejas, que van desde acabar con la corrupción del gobierno a mejorar la educación pública, la salud y la seguridad.

"Creo que los líderes surgirán, pero en grupos más pequeños", dijo la secretaria Juliane Furno, mientras se encontraba el jueves debajo de un cartel en Sao Paulo que decía "Sólo luchar cambia la vida".

"Todos estamos llevando las experiencias de la semana pasada a nuestras universidades, comunidades y lugares de trabajo. Creo que las cosas se calmarán, pero ahora hemos politizado a Brasil y no hay vuelta atrás. No vamos a volver al Brasil de la semana pasada".

A pesar de tanto entusiasmo, los manifestantes de Brasil se enfrentan a un dilema que ha acosado a los movimientos sociales modernos en América Latina y otros lugares. Si las protestas se concentran demasiado en cuestiones concretas como las tarifas de autobuses, se arriesgan a perder fuerza cuando el tema se resuelve. Y si tienen un espectro demasiado amplio, entonces sus movimientos pueden convertirse en algo indefinido que sirve para las quejas de todo el mundo.

El movimiento estadounidense Ocupemos, por ejemplo, no pudo convertir su indignación por la corrupción de Wall Street el año pasado en una fuerza política con un foco. Manifestantes en Egipto lograron derrocar al dictador Hosni Mubarak, pero desde entonces han tenido problemas para mantenerse unidos.

Además, después de haber salido de una dictadura hace apenas tres décadas, Brasil no tiene grupos cívicos nacionales fuertes capaces de convertirse en líderes naturales de las protestas.

"Con base en las experiencias que tuvimos en Chile, será clave fomentar la organización", dijo Gabriel Boric, un ex líder estudiantil de las protestas que obligaron al presidente chileno Sebastián Piñera a aumentar el gasto en programas sociales y de educación.

"En este tipo de movimientos masivos a menudo existe un rechazo hacia cualquier tipo de representación", dijo Boric. "Pero se necesitan portavoces para mediar con las autoridades y obtener metas planificadas. El trabajo tiene que ser permanente. Tienen que crear la representación y disputarle el poder a los políticos tradicionales".

Las protestas en Brasil son frescas y aún las impulsa la adrenalina. Algunas de las acciones más importantes estaban previstas para la noche del jueves en decenas de ciudades de todo el país.

Sólo un grupo organizado ha mostrado algún tipo de control de las movilizaciones hasta el momento, el Movimiento por una Tarifa Gratuita que lucha desde 2006 por un transporte público gratuito en todo Brasil. La primera protesta del grupo en Sao Paulo, el pasado jueves, incitó una represión policial tan dura que cientos de miles de brasileños se sintieron motivados a echarse a las calles con todo tipo de quejas.

El Movimiento por una Tarifa Gratuita levantó una sola consigna y obtuvo su reclamp al poner al frente a líderes que podrían negociar con los gobiernos.

Al resto de los manifestantes solamente los une un descontento general por el estado lamentable de los servicios públicos frente a los altos impuestos que pagan los ciudadanos, así como los miles de millones de dólares gastados en estadios para la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos.

Pero cuando se les pregunta cómo convertir la frustración y demandas dispares en resultados concretos, pocos en las calles podrían describir un camino a seguir. En Salvador, el jueves, unos 5.000 manifestantes no pudieron ponerse de acuerdo ni siquiera sobre una sola ruta para la marcha, y en lugar de lograr un consenso se dividieron en dos grupos.

Ricardo Hammem, un abogado de 37 años que asistía a un mitin en Sao Paulo esta semana vestido de traje negro y corbata, dijo que a pesar de la naturaleza amorfa de las protestas y la falta de dirección central a nivel nacional, ya se había dado el paso más importante.

"Lleva mucho tiempo gestándose. Aquí todo el mundo está insatisfecho, pero nadie se queja", dijo. "Todo el mundo espera a que otros comiencen".

Leonardo Avritzer, un profesor de ciencias políticas en la Universidad de Belo Horizonte, dijo que quedaba poco tiempo para aprovechar el impulso de las protestas.

"Este movimiento es como una cebolla", dijo Avritzer. "En el centro, hay estos grupos bien organizados y politizados alrededor de los cuales hay muchas capas externas. Esas capas exteriores se van a dispersar rápidamente, especialmente si el movimiento no encuentra una manera de convertir sus demandas en una agenda de acciones concretas y sobre todo si mantienen este ritmo de protestas diarias".

Clive Bloom, profesor emérito de la Universidad de Middlesex en Gran Bretaña y autor de varios libros sobre los movimientos de protesta, dijo que las protestas en Europa y América Latina enfrentan desafíos comunes.

"Estas protestas se componen de alianzas de múltiples causas e ideas", dijo. "La dificultad es conseguir que la gente siga una de las ideas y la lleve a cabo. Hay 50.000 personas ahí afuera, y cada una tiene su propia agenda".

Bloom dijo que una característica distintiva de las protestas modernas es su dependencia de grupos más bien amorfos como el colectivo de hackers Anonymous. Sin embargo, esos grupos, por definición, no creen que los líderes puedan llevar a cabo negociaciones tradicionales con los gobiernos, y se forman y desaparecen a voluntad.

Tales grupos han impulsado las protestas en Brasil, donde todas las manifestaciones han incluido personas con la máscara del líder rebelde británico Guy Fawkes, un símbolo adoptado por hackers y anarquistas en todo el mundo. En cualquier caso, la rama brasileña de Anonymous ha tumbado varios sitios web empresarios y gubernamentales para colgar demandas instando a luchar contra la corrupción y realizar reformas al gobierno.

Para el taxista Roberto Amorim, lo que los brasileños necesitan ahora es paciencia y no perder la esperanza si las protestas se calman.

"Hay muchas caras y voces por aquí, ellos protestan a gritos contra el mismo sufrimiento que la mayoría conoce en Brasil ", dijo. "Nadie está esperando profundos cambios hoy, mañana o la próxima semana. No tengo ni idea de lo que sucederá, pero los brasileños han sido tan sumisos durante tanto tiempo, que por ahora es bueno ver que somos capaces de asustar a nuestros líderes".