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Lobo dejará el poder sin cumplir promesas

El mandatario hondureño, Porfirio Lobo | EFE

El mandatario hondureño, Porfirio Lobo | EFE

A dos meses del final de su mandato de cuatro años, el presidente no ha cumplido con las únicas dos promesas que hizo a los hondureños: trabajo y seguridad

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El presidente de Honduras, Porfirio Lobo, quien dejará el cargo el 27 de enero de 2014, logró el reconocimiento internacional de su país tras el aislamiento por el golpe de Estado de junio de 2009 al entonces gobernante, Manuel Zelaya, aunque no cumplió sus promesas de campaña.

A dos meses del final de su mandato de cuatro años y a pocos días de los comicios del domingo, Lobo no ha cumplido con las únicas dos promesas que hizo a los hondureños: trabajo y seguridad, pese a que, según un anuncio que mantiene por radio y televisión, siempre soñó y se preparó "para llegar a ser presidente de Honduras" y "servir" a su país.

"Sé que no pude lograr todo lo que soñaba, pero volvimos a ser un país reconocido por el mundo, volvimos a tener estabilidad y paz, pudimos sanar el conflicto político y unir de nuevo a la familia hondureña", añade el mensaje del gobernante, quien heredó un país dividido social y políticamente, entre otros problemas.

Lobo ganó en noviembre de 2009 unas elecciones que se celebraron en un ambiente muy difícil por el derrocamiento y expulsión del país de Zelaya cinco meses antes, a lo que la comunidad internacional respondió con un aislamiento que duró más de un año.

Entre otras acciones para lograr que Honduras fuera reconocida de nuevo por la comunidad internacional, Lobo creó la Comisión de la Verdad y Reconciliación Nacional que encabezó el exvicepresidente de Guatemala Eduardo Stein, cuyo informe de 2011 identificó ilegalidades cometidas por Zelaya y por quienes le derrocaron.

Además, propició, mediante un acuerdo con los presidentes de Venezuela, el ya fallecido Hugo Chávez, y Juan Manuel Santos, de Colombia, un acuerdo que permitió el regreso en 2011 de Zelaya y varios de sus ministros a Honduras, a quienes incluso se les anularon juicios pendientes por presuntos actos de corrupción.

"Las bases están puestas para que el nuevo gobierno pueda continuar dándole a Honduras paz, esperanza y prosperidad", concluye el mensaje que Lobo mantiene desde hace varias semanas en la radio y televisión de su país.

La reconciliación que Lobo ha promovido no se ha logrado plenamente, como evidencian las confrontaciones entre algunos seguidores de Zelaya, quien ahora es coordinador general del partido Libertad y Refundación (Libre, de izquierda), con miembros del gobernante Partido Nacional, conservador.

La candidata presidencial de Libre en las elecciones del próximo domingo es Xiomara Castro, esposa de Zelaya, después de que ambos fueran miembros del Partido Liberal, también conservador y bajo cuya bandera el exgobernante llegó al poder el 27 de enero de 2006.

Algunos miembros de Libre no reconocen a Lobo como presidente, alegando que su Gobierno es continuidad del golpe de Estado contra Zelaya, quien ahora busca ser diputado ante el Parlamento.

Cualquiera de los ocho candidatos a la Presidencia que llegue al poder, de nueve partidos en contienda, heredará un país sumido en una crisis económica sin precedentes, una pobreza que afecta al 70 por ciento de los 8,5 millones de hondureños, corrupción y una violencia que a diario deja una veintena de muertos.

Honduras también sufre la violencia del crimen organizado y el narcotráfico que actúan principalmente en el corredor del Caribe, desde la frontera con Nicaragua hasta los límites con Guatemala.

"El nuevo gobierno tendrá el reto de mejorar, en la parte fiscal, los ingresos a través de eliminación de exoneraciones, mejorar la capacidad administrativa de la Dirección Ejecutiva de Ingresos (DEI) y ampliar la base tributaria", dijo a Efe el exministro de Finanzas Hugo Noé Pino.

Agregó que la nueva administración también deberá orientar bien el gasto público hacia los pobres, que son los que más necesitan; ejercer "con transparencia y combatir la corrupción".

Además, el sucesor de Lobo tendrá que "hacer una rendición de cuentas, de forma que la población mire que los sacrificios en que va a tener que incurrir en determinado momento son compartidos".

En opinión de Pino, Honduras atraviesa una situación económica muy complicada debido a que el contexto internacional se ha deteriorado, lo que ha tenido un impacto en su crecimiento, que será relativamente bajo en 2014.

El crecimiento económico que se proyecta para este año será entre 2,8 y 3 %, y lo mismo se prevé para 2014, según el exministro de Finanzas y expresidente del Banco Central.

Honduras también acarrea un déficit fiscal que al cerrar diciembre será de entre el 6 y 8 por ciento, lo que implica que su nivel de deuda llegará al 42 por ciento del producto interior bruto.

La deuda pública del país -que suma la exterior y la interna- superó los 7.300 millones de dólares en los nueve primeros meses de este año, un 14,5 % más que en diciembre de 2012, según la Secretaría de Finanzas.

Lobo dijo recientemente a periodistas que llegó al poder con una deuda interna de 35.000 millones de lempiras (unos 1.707 millones de dólares) y que los intereses que por ese concepto se pagan cada año son 5.000 millones de lempiras (unos 243,9 millones de dólares).

Eso significa, según el presidente, "que aunque no se endeude más el país, la bola de nieve de la deuda sigue creciendo, entonces hay que buscar salidas extraordinarias", entre las que citó la suspensión de algunas exoneraciones y hacer más eficiente la recaudación fiscal, algo en lo que tampoco ha tenido éxito.