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Lluvia de pájaros muertos sorprendió a Canadienses

Según los testigos de del hecho catalogado como fenómeno, cientos de aves cayeron en los techos de las casas y los autobuses | Cortesía Periódico24

Según los testigos del hecho catalogado como fenómeno, cientos de aves cayeron en los techos de las casas y los autobuses | Cortesía Periódico24

Según los testigos del hecho catalogado como fenómeno, cientos de aves cayeron en los techos de las casas y los autobuses

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El servicio ambiental y de defensa de animales se encuentran investigando la misteriosa muerte de cientos de aves que cayeron del cielo sobre los residentes de Winnipeg, Manitoba, Canadá.

La semana pasada cientos de pájaros negros, mirlos, empezaron a caer justo a los pies de los transeúntes, lo que en un primer momento se presumió como síntomas de mareos.

Según los testigos del hecho catalogado como fenómeno, cientos de aves cayeron en los techos de las casas y los autobuses.

Los especialistas del Servicio Ambiental recogieron más de 50 aves muertas, mientras otras 11 que estaban vivas fueron entregadas a la asociación local para la protección de la salud de los animales.

De acuerdo con las declaraciones de la directora de esta asociación, Erika Anseeuw, “Todas las aves que sobrevivieron ahora se recuperan y están bastante activas, aunque todavía experimentan dificultades para volar”.

Anseeuw no especificó la causa de la muerte de las aves, pero sospecha que los pájaros se encuentran en condiciones inhabitables. "No quiero calentar la situación, sobre todo entre los aficionados de la mística y las profecías apocalípticas relacionadas con los pájaros que caen del cielo. Tal vez se trate de la influencia negativa de algunos factores externos como, por ejemplo, toxinas, además podrían tener algún tipo de enfermedad", sostuvo.

En enero de 2011 unos 1.000 mirlos muertos cayeron del cielo en Arkansas, Estados Unidos y unos días después unas 400 aves, palomas en su mayoría, fueron encontradas muertas en una de las carreteras de la localidad de Faenza, en la provincia de Ravenna, al norte de Italia.

En ninguno de los dos casos los veterinarios pudieron explicar el fenómeno.