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Llega la hora de Putin ante la ONU en Nueva York

La incógnita es si EE UU está dispuesto a acceder a forjar una coalición antiterrorista con Rusia, que exige que ésta incluya a Siria e Irán, régimen al que hasta hace poco Washington acusaba de patrocinar el terrorismo./ Foto: AP

La incógnita es si EE UU está dispuesto a acceder a forjar una coalición antiterrorista con Rusia, que exige que ésta incluya a Siria e Irán, régimen al que hasta hace poco Washington acusaba de patrocinar el terrorismo./ Foto: AP

El líder ruso propondrá una coalición internacional contra el Estado Islámico en Siria

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Todos quieren oír lo que tiene que decir el presidente ruso, Vladímir Putin, sobre el conflicto en Siria y la lucha contra el grupo terrorista Estado Islámico (EI) en la Asamblea General de la ONU, ante la que intervendrá el lunes tras diez años de ausencia.

"Si Rusia no hubiera apoyado a Siria, la situación en ese país sería peor que en Libia, y el flujo de refugiados sería aún mayor", aseguró recientemente Putin en una de sus diatribas contra la política occidental en Oriente Medio.

Putin acude a Nueva York no a pedir autorización para intervenir militarmente en Siria, ya que, a la vista de las informaciones de la prensa rusa y occidental, la decisión parece tomada y su magnitud sólo depende de las necesidades del régimen de Bachar Al Asad.

Tampoco se propone dar un zapatazo sobre la tribuna como hiciera en 1960 el dirigente soviético Nikita Jruschov, dado que la guerra en Ucrania ya ha convertido al actual jefe del Kremlin en el malo de la película y no quiere convertirse en un apestado internacional.

El líder ruso propondrá una coalición internacional contra el terrorismo, representado en los últimos tiempos por las organizaciones yihadistas que han provocado el caos en Oriente Medio, desde Yemen a Siria, pasando por Irak.

El enemigo no es Asad ni su régimen laico, proclama, sino los integristas, sus aspiraciones de crear califatos islámicos y su enfermiza perversión del Islam, plaga que amenaza con propagarse por todos los países europeos que albergan minorías musulmanas.

Putin repite hasta la saciedad que la política de EE.UU. de armar a los rebeldes sirios sería contraproducente y, por lo visto en los últimos meses, con el avance imparable del EI, los hechos le han venido a dar la razón.

Occidente, en particular la Casa Blanca, hizo oídos sordos a las advertencias del Kremlin hasta las últimas semanas, en las que, en una política de hechos consumados, Rusia parece haber tomado la iniciativa con sus preparativos de intervención militar en Siria.

La incógnita es si EE.UU. está dispuesto a acceder a forjar una coalición antiterrorista con Rusia, que exige que ésta incluya a Siria e Irán, régimen al que hasta hace poco Washington acusaba de patrocinar el terrorismo.

Si Occidente da su beneplácito y el Consejo de Seguridad de la ONU aprueba la intervención internacional contra el EI, Putin volvería a apuntarse un nuevo tanto diplomático, como ocurrió cuando logró evitar la invasión estadounidense en 2013 al proponer el desarme químico de Damasco.

Putin mataría dos pájaros de un tiro, ya que lograría, al menos de momento, que Occidente abandone los planes de derrocar a Asad y desviaría la atención del papel ruso en Ucrania, donde Kiev y los prorrusos parecen más cansados que nunca de la guerra.

Una muestra de que EE.UU. es más receptivo es la confirmación de que el presidente norteamericano, Barack Obama, ha accedido a reunirse con Putin el lunes tras la esperada intervención del líder ruso ante la Asamblea General.

El propio secretario de Estado norteamericano, John Kerry, ha repetido en los últimos días que Washington da la bienvenida a la cooperación rusa en la lucha contra los yihadistas, que controlan ya más de la mitad del territorio sirio.

Mientras, Israel, cuyo primer ministro, Benjamin Netanyahu, se entrevistó esta semana con Putin, ya ha tomado la delantera, pues sus bien informadas fuentes de inteligencia confirmaron hace semanas la escalada de la presencia militar rusa en Siria.

Ambos países se han puesto de acuerdo en coordinar sus acciones militares en la zona para evitar "malentendidos", ya que los israelíes tienen patente de corso para lanzar ataques aéreos en Siria.

En caso contrario, Putin tiene muchas opciones sobre la mesa, ya que podría lanzar una operación militar especial en virtud del acuerdo de cooperación y amistad vigente entre Rusia y Siria, para lo que ni siquiera tendría que pedir permiso al Senado ruso, como sí ocurrió en el caso de Crimea en 2014.

Según el diario Kommersant, unos 1,700 militares rusos ya están desplegados en Siria, donde están habilitando el puerto de Tartus para el atraque de buques de gran calado, mientras las imágenes de satélite hablan de obras en el aeropuerto de Latakia para el aterrizaje de cazas rusos.

Eso sí, todos los expertos desaconsejan que Rusia se involucre en una operación terrestre en un territorio hostil, como ocurriera con la Unión Soviética, que cayó en la trampa de EE UU y firmó su sentencia de muerte al invadir Afganistán en 1979.

Al parecer, Putin es optimista con vistas a su retorno a la ONU y, de hecho, ha concedido una entrevista al legendario programa del canal CBS "60 minutos", que será emitido la víspera de su histórica intervención.