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Jóvenes israelíes critican la educación ultraortodoxa por anticuada

Estudiantes judíos ultraortodoxos estudiando la Torá en una sinagoga en el barrio de Mea Shearim, en Jeruslaén / AFP

Estudiantes judíos ultraortodoxos estudiando la Torá en una sinagoga en el barrio de Mea Shearim, en Jeruslaén / AFP

"La educación en la yeshiva es similar a la que había en Europa del Este hace más de 200 años y su objetivo último es no evolucionar" afirman

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Descubrieron los dinosaurios, las ecuaciones o el inglés con más de 20 años. Ahora estos jóvenes israelíes formados por ultraortodoxos judíos piden cuentas al Estado por financiar una educación que consideran desastrosa.

"De la teoría de la evolución oí hablar una vez, muy furtivamente en la yeshiva (escuela talmúdica) cuando alguien dijo que algunos hombres pensaban que descendían del mono", recuerda Yaakov Fink, un antiguo ultraortodoxo de 26 años de edad. "Desató carcajadas y el rabino respondió: 'los que creen eso seguramente son monos'", cuenta este estudiante de Psicología que cambió los papillotes, la kipá y la larga chaqueta negra por un estilo informal.

Nada en su aspecto ni en su forma de hablar deja entrever que este apasionado por la informática pasó 21 años en una yeshiva muy estricta de Jerusalén, totalmente cortado del mundo moderno.

En este universo -cuenta- todo está concebido "para que no pueda infiltrarse ninguna duda, por mínima que sea", que ponga en entredicho la doctrina religiosa. Pero la duda se apoderó de este brillante talmudista. "Fue un sábado por la noche, al final del sabbat. Fui incapaz de regresar a la yeshiva y no lograba saber por qué", comentó.

Ninguna noción de historia

Lo más difícil, sin embargo, estaba por venir. Yaakov tuvo que luchar para integrarse en el sistema universitario israelí, muy elitista, con un bagaje más que limitado. Su nivel de matemáticas era el de un niño de 10 años de edad, su inglés se limitaba al alfabeto y carecía de nociones de historia, geografía o ciencias.

Después de su experiencia, Yaakov se juntó con otros 300 antiguos ultraortodoxos en la organización 'Surgidos para cambiar', que imparte cursos a los jóvenes deseosos de integrarse en la sociedad moderna. También presentaron una demanda exigiendo compensaciones financieras al Estado, que financia en un 75% el sistema educativo ultraortodoxo sin supervisar los programas, seguidos por casi 400.000 alumnos.

"¿Qué estudiamos en la yeshiva? La Tora y todos sus comentarios. Y eso es prácticamente todo", resume Yosi David, que pasó 21 años en estas salas de estudio, donde los alumnos estudian todo el día, alineados detrás de pupitres e inclinados sobre los libros sagrados.

Las niñas, que tienen sus propias escuelas talmúdicas, las 'midrasa', estudian materias "profanas" como matemáticas, historia, ciencias e idiomas, pero no alcanzan el nivel necesario para la entrada en la universidad.

“No evolucionar”

"La educación en la yeshiva es similar a la que había en Europa del Este hace más de 200 años y su objetivo último es no evolucionar", explicó Yosi David.

"Me han privado de conocimiento, de espíritu crítico, de capacidad de razonamiento, de escritura o de creación", acusa este joven, que obtuvo el bachillerato con 25 años, gracias a cursos nocturnos que financiaba trabajando noche y día. Tuvo que hacer otro tanto para prepararse para los exámenes de entrada a la prestigiosa universidad hebraica de Jerusalén donde, a sus 32 años de edad, es profesor e investigador en comunicación política.

Durante esos años fue de sorpresa en sorpresa. Como el día en el que comprendió que el hebreo que hablaba, su lengua materna, no era el mismo que el de los otros israelíes.

Las anécdotas acabaron por hacerle gracia, pero "le duele" que decenas de miles de niños sigan privados de educación básica, con la complicidad del Estado. "Sabemos que será muy complicado que se haga justicia a todos estos niños", asegura el extalmudista, pero queremos "intentarlo".