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John Kerry y Hillary Clinton se parecen en carácter, pero se diferencian en estrategia

John Kerry, es el nombre que suena para sustituir a Hilary Clinton como secretario de Estado / REUTERS

John Kerry, es el nombre que suena para sustituir a Hilary Clinton como secretario de Estado / REUTERS

El nominado por el presidente Obama para sustituir a su secretaria de Estado es más osado a la hora de trazar estrategias diplomáticas con naciones rivales

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John Kerry, nominado por el presidente de EE UU, Barack Obama, para reemplazar a Hillary Clinton como secretario de Estado, es similar a su predecesora en talante, aunque más osado a la hora de trazar estrategias diplomáticas con naciones rivales.

Dotado del mismo carácter calmado y dialogante que Clinton, su probable sucesor se diferencia de ella en un rasgo que algunos ven como una fortaleza y otros como una debilidad: una fe ciega en los beneficios de conversar con los regímenes menos afines a EE UU.

"Kerry parece convencional, pero está preparado para hacer cosas bastante poco convencionales", señaló recientemente el articulista del Washington Post David Ignatius.

"Es un defensor de hablar con los adversarios, ha hablado de la necesidad de conversar con Irán, e incluso de mandar mensajes a Hamas sobre la posibilidad de mejorar las relaciones", aseguró.

Clinton, en cambio, es más "escéptica" en cuanto al diálogo con los antagonistas y estuvo a favor de acciones como el aumento de tropas en Afganistán en 2010, algo que Kerry tachó de "insostenible" un año más tarde.

En su audiencia de confirmación ante el Senado, Kerry defendió hoy rotundamente a su predecesora, criticada por algunos senadores republicanos por su gestión del ataque al consulado de EE UU en Bengasi (Libia) en septiembre de 2012.

"Si están intentando encontrar una diferencia entre la secretaria Clinton y yo, eso no va a pasar hoy ni en este tema", aseguró el senador.

"Ella ha dejado el listón muy alto con su dirección del Departamento de Estado. Haré todo lo que esté en mi poder, utilizaré toda mi energía y toda mi concentración para seguir con su historial", afirmó.

En efecto, Clinton abandona el Departamento de Estado con una popularidad que oscila entre 60 y 70% en las últimas encuestas de opinión, y el comentario que más se repite en Washington es el de que Kerry lo tendrá difícil para llegar a su altura como diplomática incansable y carismática.

Se rumorea que la propia Clinton prefería a Kerry para sustituirla en el cargo, por encima de la embajadora de la ONU, Susan Rice, considerada la favorita de Obama pero acribillada por los republicanos del Congreso debido a unos comentarios sobre Bengasi.

Como Kerry, Clinton nunca ha pertenecido al círculo cercano de Obama, lo que la ha convertido en ejecutora de políticas que en su mayoría se trazaban desde la Casa Blanca, con el importante matiz que les confería el carisma y la popularidad de la ex primera dama.

En ese sentido, es poco probable que la sustancia de la política exterior estadounidense cambie con Kerry en el Departamento de Estado, que ganará la experiencia de un senador que ha tratado con asuntos internacionales desde hace tres décadas.

Quienes conocen a Kerry recuerdan su gusto por las conversaciones largas y profundas, especialmente con líderes mundiales. Esa disposición le ha llevado a entablar relaciones valiosas en todo el mundo, y muchos en el Departamento de Estado creen que ese estilo de diplomacia "cara a cara" será ventajoso.

Si Kerry se crece en los diálogos con figuras de poder, Clinton ha tratado de poner énfasis en los contactos con ciudadanos de a pie de todos los países, reuniéndose con representantes de la sociedad civil en todos sus viajes al extranjero.

Según Dennis Ross, que fue enviado de EE UU para Oriente Medio en los primeros años del mandato de Obama, ese rasgo ha sido "toda una marca de la gestión" de Clinton, y dejará un "impacto" considerable en su legado, declaró al Washington Post.

En comparación con Clinton, y recordando su importante fortuna, muchos estadounidenses ven aún a Kerry como una figura elitista y distante, los mismos rasgos que el ex presidente Goerge W. Bush le achacaba en la campaña presidencial de 2004.

Sea como sea, el senador de 69 años ha logrado un respaldo sin fisuras del Senado, que parece decidido a confirmarle para un puesto en el Gobierno, algo que desea desde hace una década.