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Israelíes y palestinos sienten el conflicto desde la distancia

Muaz Mussa llegó a Caracas hace un año. Comentó que el país es muy receptivo a los palestinos. Por otra parte, David Kaufman dijo que cuando un israelí cae en combate le duele como un hermano | Foto: Alexandra Blanco/El Nacional

Muaz Mussa llegó a Caracas hace un año. Comentó que el país es muy receptivo a los palestinos. Por otra parte, David Kaufman dijo que cuando un israelí cae en combate le duele como un hermano | Foto: Alexandra Blanco/El Nacional

10.700 kilómetros separan a Venezuela de Israel pero la preocupación por la lucha armada no respeta fronteras. Voces de la diáspora cuentan cómo viven más de medio siglo de choque

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“He aprendido todo el lenguaje y lo he deshecho para componer una única palabra: patria”, reza el final de un poema del escritor palestino Mahmoud Darwish, y a pesar del conflicto entre israelíes y palestinos, ese parece ser el sentimiento común para ambos pueblos. En Venezuela tanto la diáspora israelí como palestina vive las consecuencias de más de medio siglo de lucha.

Muaz Mussa llegó a Caracas hace un año. Nació en el campo de refugiados palestino Al-Yamurk, en el sur de Siria, en el fragor de la disputa. Su familia tuvo que dejar Tiberiades, al norte de palestina, en 1948 cuando se inició el conflicto israelo-palestino. No se formó en la tierra de sus ancestros como hubiese deseado. Contó con añoranza que estudió en una de las escuelas de la ONU y se hizo farmaceuta en Cuba. Luego volvió a Siria con la esperanza de llegar a territorio palestino, pero la guerra civil de aquel país lo obligó a escapar a América.

“Decidí venir a Venezuela porque es una nación que apoya la causa palestina y ha sido muy abierta hacia nosotros. Nos sentimos bienvenidos. Somos aproximadamente 10.000 palestinos en toda la geografía nacional”, expresó el joven de menos de 30 años de edad, que se gana la vida dictando clases de árabe. Muaz explicó que sus paisanos reclaman 22% del territorio bajo la jurisdicción de Israel, el derecho a la autodeterminación, a la creación de un Estado independiente en la Franja de Gaza y Cisjordania, con Jerusalén como capital, y el retorno de los refugiados a su tierra, ya que consideran que su territorio está ocupado.

“No todos los palestinos son de Hamás. Es un partido político más de la revolución”, aclaró el joven. Muaz expresó que su Ítaca (tierra anhelada) no es Siria, donde nació y creció, sino palestina. “Tengo fe. Fuimos creados para resistir la lejanía de la familia y de nuestra tierra”, apuntó. Espera volver pronto con su gente, aunque lo ve lejos. Se siente reflejado en la historia de un viejo palestino que vivió en Venezuela y al que le recomendaron pasar los últimos años en su tierra natal. “Eso hizo. Regresó a Gaza y en sus últimos días, un líder religioso musulmán le dijo que si había obrado bien en vida iría al Paraíso”, comentó con esperanza de llegar a su tierra.

Ahmad Qaraqra también es palestino, de Jerusalén. Llegó a Venezuela hace cuatro años a estudiar Medicina, pero su familia se quedó allá. Está preocupado. Le ha sido difícil comunicarse con su madre y hermanos en las últimas semanas por la escalada de violencia. Para Ahmad, Hamás no es un movimiento político positivo. “Ellos son buenos resistiendo y creen en la resistencia armada, pero en estos momentos eso carece de sentido, ya que no tenemos la misma fuerza que Israel. No podemos enfrentarnos al cuarto mejor ejército del mundo”, comentó sin dejar de mostrarse firme ante la defensa de la causa palestina.

Venezuela e Israel están separados por 10.700 kilómetros, pero la preocupación de los jóvenes cuyos familiares se ven involucrados en la lucha armada no respeta fronteras. Alberto Amselem, venezolano de 23 años de edad y con ascendencia israelí se fue a Jerusalén a estudiar en la universidad sin revelar qué carrera. De verbo parco, relató desde allá que su familia lo llama preocupada, pues diariamente suenan aproximadamente 10 alarmas de cohetes y tienen hasta 15 segundos para correr a los refugios.

Parte de la familia de David Kaufman, de 23 años de edad y de profesión administrador, también vive en Israel. “Cada ciudadano israelí que cae me duele como si fuese mi hermano”, dijo al destacar la idiosincrasia de sus antecesores, aunque él ha preferido quedarse en Venezuela. En Israel tiene un primo hermano y muchos amigos cercanos. “Ellos me cuentan cómo el Estado de Israel ha hecho todo para mantener la paz y ha aceptado varios ceses el fuego y cómo siempre Hamás responde con cohetes y terrorismo”, indicó.

La Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela señaló que en el país hay aproximadamente 5.000 ciudadanos de esa nacionalidad, pero no tiene una cifra oficial. El vicepresidente de la organización, Miguel Truzman, agregó que podría haber 25.000, pero “a los judíos no nos gusta contarnos”.

La lucha, según Truzman, es contra el islam radical, no contra los palestinos: “Ellos quieren implantar el islam como única religión a través de la Guerra Santa o Yihad”. Señaló que además Israel está sufriendo la deslegitimación de su Estado como genocida, cuando las principales víctimas son los gazatíes, a quienes usan para su causa, y destacó que el principal valor que defienden es la vida.

“La crisis entre Israel y Palestina no es consecuencia de los valores del islam. Se debe a la vieja lucha entre fanatismo y pluralismo”, escribió el autor israelí Amos Oz, quien reflejó la visión humana de ambos pueblos.

Posturas encontradas

La mayoría de los palestinos reclama 22% del territorio bajo la jurisdicción de Israel, el derecho a la autodeterminación, a la creación de un Estado independiente en la Franja de Gaza y Cisjordania, con Jerusalén como capital, y el retorno de los refugiados a su tierra. Muchos ven a Cisjordania y a la Franja de Gaza como el lugar para la constitución formal del Estado palestino.

El gobierno de Israel sostiene que no cesará la ofensiva hasta que el Ejército destruya todos los túneles subterráneos de la Franja de Gaza que los combatientes de Hamás utilizan para incursionar en territorio israelí por considerar que está en peligro su población. Los radicales han lanzado 2.800 cohetes contra Israel. Jerusalén argumenta que Hamás utiliza a civiles como escudo para mantenerse en el poder.