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Estado Islámico reta al mundo al declarar el califato en Irak y Siria

Fuerzas sirias bombardearon ciudades controladas por el Estado Islámico en la región / EFE

Fuerzas sirias bombardearon ciudades controladas por el Estado Islámico en la región / EFE

En los últimos meses del año, el ejército iraquí parece haber tomado la medida a los yihadistas y ha logrado arrebatarles el dominio de la refinería de Biyi

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El grupo yihadista Estado Islámico (EI) ha conquistado regiones del norte y el centro de Irak y Siria, donde en junio proclamó un califato, lo que ha llevado a EEUU y sus aliados a responder con una ofensiva aérea para intentar frenar su expansión.

La inestabilidad en ambos países ha facilitado el avance de los radicales: Siria es escenario de un conflicto bélico desde hace más de tres años, mientras que Irak vive una espiral de violencia y disputas políticas.

2014 ha sido el año de la propagación del EI, aunque sus orígenes se remontan a 2006 cuando nació bajo el nombre de Estado Islámico de Irak, como una agrupación vinculada a Al Qaeda en contra de la ocupación estadounidense.

En Siria, empezó a operar dos años después del inicio del conflicto en 2011 y mutó su denominación a Estado Islámico de Irak y el Levante, que más tarde acortó a Estado Islámico cuando declaró el califato, sistema político nacido en el siglo VII y abolido por Turquía en 1926.

Su rápida expansión por suelo sirio y sus prácticas brutales hicieron que a principios de este año las facciones rebeldes más importantes y el Frente al Nusra, filial de Al Qaeda en Siria y enemiga del EI, le declararan la guerra para expulsarlo de allí.

Entretanto, en Irak, el EI libraba combates contra el ejército y milicianos tribales en la provincia de Al Anbar (oeste) en una tentativa de aumentar sus dominios.

En un golpe de efecto, a comienzos de junio, conquistó la segunda ciudad iraquí, Mosul (norte), gracias al "gran derrumbe", como lo describieron las propias autoridades iraquíes, del ejército, que se retiró sin oponer resistencia.

La caída de Mosul fue el preludio de la instauración del califato de los yihadistas el 29 de ese mes, así como de la proclamación del líder del EI, Abu Bakr al Bagdadi, como el "califa de todos los musulmanes".

A lo largo del verano, los extremistas extendieron sus "dominios" con la conquista casi total de la provincia siria de Deir al Zur o la toma de la región iraquí de Sinyar.

Su avance se cobró también como víctima política al Gobierno del primer ministro iraquí, el chií Nuri al Maliki, que pese a haber ganado las elecciones de abril se vio forzado a dimitir para dejar paso a un nuevo Ejecutivo, liderado por el también chií Haidar Abadi.

Inquieto por el progreso de los radicales, EEUU inició bombardeos "selectivos" contra el EI a comienzos de agosto, dos años y medio después de la retirada de sus tropas del país árabe, donde permanecido casi otros ocho años.

Sin embargo, Washington se lo pensó más antes de actuar en Siria, debido a los recelos de Damasco ante cualquier intervención extranjera.

Uno de los detonantes de la ofensiva estadounidense en este territorio fueron las decapitaciones de los periodistas norteamericanos secuestrados por el EI en Siria, James Foley y Steven Sotloff.

Foley se convirtió en el primer rehén occidental ejecutado por los extremistas, que difundieron un vídeo con su supuesta decapitación el pasado 19 de agosto.

A su asesinato, le seguiría el de Sotloff a principios de septiembre y el de otro rehén estadounidense y otros dos británicos, posteriormente.

 

Pero antes de decidirse a lanzar bombardeos en Siria, EEUU recabó apoyos para crear una coalición antiyihadista, a la que se ha adherido medio centenar de países.

El 23 de septiembre, aviones de dicha alianza atacaron por primera vez al EI en Siria, con el visto bueno de su Gobierno que respaldó "cualquier esfuerzo" contra el terrorismo.

 

Anticipándose a estos ataques, el EI evacuó los días anteriores sus bases principales y trasladó efectivos a la región kurdo siria de Kobani, en la frontera con Turquía, en un intento de hacerse con su control.

Sin embargo, Kobani ha resultado un hueso duro de roer para los radicales, que tras avanzar rápidamente las primeras semanas han sido frenados por los kurdos, que han recibido refuerzos de combatientes kurdos procedentes de Irak y ayuda de la coalición internacional.

Sin duda, los kurdos han sido quienes han presentado una oposición más dura al progreso del EI tanto en Siria como en Irak.

En los últimos meses del año, el ejército iraquí parece haber tomado la medida a los yihadistas y ha logrado arrebatarles el dominio de la refinería de Biyi, la más importante del país con una producción diaria de 250.000 barriles de crudo.

Aun así, Al Bagdadi no se rinde y ha expresado en una grabación de audio atribuida a él sus ansias de expandir el califato por el golfo Pérsico y el norte de África, donde otras organizaciones radicales han jurado su lealtad al califa.