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Irán y las grandes potencias buscan un pacto final sobre el programa nuclear

La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Catherine Ashton/ EFE

La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Catherine Ashton/ EFE

Con todo, ambas partes han reconocido que la tarea de llegar a un acuerdo será complicada

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Las grandes potencias mundiales e Irán abrirán el martes en Viena la primera ronda de contactos para concretar el histórico acuerdo del pasado noviembre, por el que Teherán se comprometió a suspender parte de su programa nuclear para intentar esclarecer si su finalidad es civil o militar.

Aunque las reuniones comenzarán oficialmente el martes, fuentes cercanas a la delegación iraní ha indicado a Efe que ya mañana, lunes, se celebrará una cena informal entre el ministro de Exteriores de Irán, Mohamad Yavad Zarif, y Catherine Ashton, jefa de la diplomacia europea.

Una cena enmarcada, según esas fuentes, en el nuevo ambiente de cooperación que parece presidir las relaciones entre Irán y la comunidad internacional en los últimos meses y que ha permitido algún avance en la tarea de aclarar si el régimen de los Ayatolás persigue o no hacerse con un arma nuclear.

Con todo, ambas partes han reconocido que la tarea de llegar a un acuerdo será complicada.

"Sabemos que nos queda un trabajo difícil e intenso por delante", reconoció esta semana Michael Mann, portavoz de Ashton, quien dirige las negociaciones en nombre del grupo 5+1, formado por Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, China y Rusia y Alemania.

Desde la parte iraní, Zarif ha admitido que las negociaciones de Viena serán duras e intensas para cumplir el plan de acción pactado en noviembre en Ginebra, informa la agencia IRNA.

Un plan que, explicó, busca garantizar "la continuación del programa nuclear iraní conjuntamente con la necesidad de dar garantías y confianza de que el programa nuclear iraní es pacífico y no persigue objetivos militares".

Mann, por su parte, ha anunciado que en los contactos de Viena "tendrán que atenderse todas las preocupaciones" sobre los esfuerzos nucleares de Irán, para lograr ese objetivo de un "acuerdo completo" que asegure que su naturaleza es exclusivamente civil.

Esas preocupaciones se refieren a las dudas acumuladas durante los años en los que Irán ocultó sus actividades atómicas y que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) no ha sido capaz de aclarar en una década larga de inspecciones y controles.

La prolongada falta de transparencia iraní ha dejado paso en los últimos meses a una cierta apertura, manifestada en dos procesos.

Por un lado, el acuerdo de Ginebra para paralizar durante seis meses parte de sus actividades atómicas más polémicas, como el enriquecimiento de uranio por encima del 5 %, a cambio de que se levanten algunas sanciones económicas.

Y, por otro, en un pacto para que el OIEA pueda realizar más inspecciones y que, hasta la fecha, se está cumpliendo puntualmente.

Con todo, quedan muchas cuestiones abiertas, como las relacionadas con el desarrollo de detonadores usados en armas atómicas, el secretismo sobre las actividades de la base militar de Parchin o la amplia producción de uranio enriquecido, combustible de uso militar y civil.

De hecho, no todo el mundo está convencido de que sea sincero el nuevo espíritu de colaboración por parte de Irán.

El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Avigdor Lieberman, advirtió el martes de que el único cambio en Irán es "que ahora amenaza la paz mundial tras una máscara sonriente", en alusión al presidente Hasán Rohaní, cuya llegada al poder el pasado verano marcó el inicio de una política más abierta respecto al programa atómico.

Israel exige que Irán no pueda enriquecer uranio y que todas sus centrifugadoras sean desmanteladas, condiciones que no se incluyeron en el acuerdo inicial de Ginebra.

De hecho, ni Jerusalén ni Washington han descartado la opción militar para detener el programa atómico iraní, que Occidente teme oculte una finalidad militar, al tiempo que Teherán afirma que su objetivo es únicamente energético y científico.