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Insultos deterioran imagen de Maduro en el exterior

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Nicolas Maduro Presidente de Venezuela / Foto: EFE

La semana pasada tildó de “racista” al presidente de España, Mariano Rajoy, y el mes pasado le dijo “bandidillo” al exmandatario español Felipe González

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El presidente Nicolás Maduro, emulando a su predecesor Hugo Chávez, ha optado por la vía de la confrontación –e incluso del insulto– para responder a las críticas que llegan desde otros países sobre la situación en Venezuela. Expertos coinciden, sin embargo, en que la estrategia solo contribuye a deteriorar aún más la imagen externa del gobierno.

“Se ve como algo poco serio tildar a un presidente de ‘racista’ porque el Parlamento de su país aprobó una resolución pidiendo la liberación de los presos políticos. Evidentemente es mala imagen para el gobierno”, dijo el exdiplomático Sadio Garavini en referencia a las palabras que Maduro profirió contra el mandatario de España, Mariano Rajoy.

El internacionalista Carlos Romero agregó: “No me sorprende. Ya ha utilizado este tipo de expresiones en los últimos meses. No sé si porque se siente inseguro o porque se olvidó de las prácticas diplomáticas que debió haber aprendido cuando era canciller. En todo caso, no es la conducta más apropiada para un presidente”.

El discurso que el mandatario venezolano dio el martes para responder a una resolución aprobada por el Congreso de los Diputados de España, que advierte sobre el deterioro de los derechos humanos y pide la liberación de los presos políticos, estuvo plagado de amenazas e insultos, algo que fue calificado de intolerable por el gobierno de Rajoy.

Madrid convocó enseguida al embajador de Venezuela, Mario Isea, para dejarle claro el malestar que causaron las palabras de Maduro. Caracas respondió llamando al representante de España, Antonio Pérez-Hernández y Torra, para quejarse por lo que considera injerencia en los asuntos internos.
 
Confrontación selectiva. En los parlamentos de Brasil, Chile y Colombia se han aprobado en las últimas semanas resoluciones similares a la votada en España, pero la respuesta de Venezuela no ha sido igual. Romero atribuye esa situación a que los gobiernos de esos países se han mantenido en silencio, mientras que desde Madrid sí han llegado críticas.

El Ejecutivo de Rajoy, por ejemplo, respaldó la iniciativa del expresidente Felipe González de sumarse a la defensa de Leopoldo López. Esa decisión, anunciada en marzo, le valió al exmandatario ser calificado de “bandidillo” por Maduro e insultado por otros altos funcionarios del régimen.

Madrid también consideró sensata la decisión de González y del expresidente José María Aznar de firmar –junto con 29 exmandatarios latinoamericanos– la Declaración de Panamá, un documento presentado en la víspera de la VII Cumbre de las Américas para denunciar la situación en Venezuela.

Garavini afirmó que los motivos del gobierno para reaccionar así contra España van más allá de las opiniones de Madrid. “Se pretende reeditar lo que se hizo con Estados Unidos tras la aprobación de las sanciones, que no eran contra el país sino contra siete funcionarios, y les permitió subir algunos puntos en las encuestas”.

El exdiplomático explicó que los ataques a España y Estados Unidos encajan perfectamente en la propaganda oficial, que habla de la existencia de un eje Bogotá-Miami-Madrid para conspirar contra Venezuela. “Debe entenderse que el discurso de Maduro no está dirigido al exterior. La idea es mantener el discurso patriotero para el público interno”, enfatizó.

Garavini agregó que las críticas a los gobiernos estadounidense y español pueden encontrar más eco en el exterior porque se aprovechan del antiimperialismo y el anticolonialismo. “¿Por qué no han dicho nada de las declaraciones de los presidentes de Costa Rica y Uruguay? Incluso de Dilma Rousseff, que dijo en CNN que deberían liberar a los presos políticos en Venezuela. Hay que poner el acento en eso”.