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Hace 25 años Alemania volvió a ser un solo país

Cuatro décadas de división concluyeron el 3 de octubre de 1990 | Foto Archivo El Nacional

Cuatro décadas de división concluyeron el 3 de octubre de 1990 | Foto Archivo El Nacional

El proceso político y en especial su artífice, el entonces canciller Helmut Kohl, no estuvieron exentos de críticas, pero aun así hicieron historia

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Hace 25 años Alemania volvió a ser un solo país.  A la medianoche del 3 de octubre de 1990 la bandera amarilla, roja y negra ondeó en el Reichstag berlinés. El tañido de las campanas y una lluvia de fuegos artificiales anunciaron el fin de cuatro décadas de división. En ese momento, los ojos del mundo estaban puestos en el entonces canciller Helmut Kohl, principal propulsor de la reunificación. El político recogió los frutos cosechados a lo largo de once meses de negociaciones, y pasó a la historia como el primer canciller de la Alemania unida. 

Su trabajo había comenzado el 28 de noviembre, casi tres semanas después de la caída del Muro de Berlín, a 600 kilómetros de allí, en Bonn, la entonces capital de la República Federal. Allí presentó su plan de diez puntos y pronunció la frase: "Nadie puede saber hoy cómo será una Alemania reunificada, pero la reunificación llegará si los alemanes lo desean".

En ese momento, el jefe de gobierno no gozaba de una gran popularidad en el ámbito interno, pero logró salir adelante con su plan. "Helmut Kohl, con mucha habilidad política, supo aprovechar la constelación histórica para hacerse con el liderazgo en lo que suele llamarse la reunificación alemana.", dice Hinnerk Berlekamp, redactor y analista político del Berliner Zeitung. Ulrich Heedt,  funcionario del sector educativo, también considera que el entonces canciller supo capitalizar políticamente la oportunidad. "Si bien en su momento Kohl fue una figura polarizante, visto en retrospectiva puede decirse que ha permanecido en la memoria de muchos como el canciller de la unidad alemana"

Francia e Inglaterra no estaban contentas. George Bush, entonces presidente de Estados Unidos, fue el primer jefe de Estado en darle un voto de confianza a Kohl. Sin embargo, la reunificación era un hueso duro de roer para la premier inglesa Margaret Thatcher y para el presidente de Francia, François Miterrand, que solía citar una broma de su compatriota, el escritor galo François Mauriac: "Me gusta tanto Alemania que prefiero que haya dos". "La reunificación solo podía lograrse si los vencedores de la Segunda Guerra Mundial confiaban en que Alemania no fuese a abusar de su nueva y significativa posición. El unilateralismo alemán no debería volver a existir y Kohl era un europeo convencido, un rasgo que ha dejado de ser un consenso y que se da por sentado en los políticos y electores en los últimos tiempos",  señala Heedt.

La confederación que no se dio. En el ámbito interno, lo que al principio fue planteado por Kohl como una confederación terminó siendo una suerte de anexión. "Kohl impuso una agenda conservadora, una unificación ‘desde arriba’, desoyendo los reclamos –por cierto, minoritarios­– por construir entre todos, y de igual a igual, una Alemania nueva. Así, en un momento que hubiera permitido dar un salto adelante y hacer la Alemania entera, en el Este y en el Oeste, un país más democrático, más social, más igualitario y más próspero, se extendieron simplemente las estructuras de la antigua Alemania Occidental. Será por algo que, según una reciente encuesta, dos tercios de los germano-ocidentales y más que tres de cada cuatro germano-orientales opinan que la (re)unificación alemana esta incompleta", agrega Berlekamp. Jorge Luis García Vázquez, traductor e investigador cubano y antiguo prisionero político de la RDA, refiere que la reunificación es un trabajo en proceso. “Veo a un país que estuvo dividido durante 40 años, que crece, madura y ha aprendido de su historia. El proceso de unir dos sistemas económicos y políticos tan diferentes en democracia necesita más tiempo para llegar a la etapa de consolidación, el camino es largo".

La reunificación demostró que es posible integrar
El embajador de Alemania aprovechó la celebración de la reunificación  para rechazar los bloqueos en las fronteras y apoyar la integración

Patrizia Aymerich
paymerich@el-nacional.com

Cada año, desde 1990, el 3 de octubre se celebra en Alemania el Día de la Reunificación, fecha en la que se dio la adhesión de la entonces República Democrática Alemana bajo la jurisdicción de la República Federal de Alemania, que llevó a la caída del Muro de Berlín. Un símbolo histórico de separación y de la Guerra Fría que se impone como un recuerdo sórdido  frente la situación de crisis en las fronteras de varios continentes.

Con este motivo, el nuevo embajador de Alemania en Caracas, Stefan Herzberg, aprovechó para rechazar los bloqueos en las fronteras y la creación de vallas y muros, y apoyar la integración en el mundo. Sobre las divisiones señaló que aunque un país tenga realidades diferentes lo importante es la integración.

Herzberg lleva dos semanas en la capital para iniciar su misión en Venezuela, que consideró un “desafío”. Destacó que el asunto de la seguridad en Caracas es un problema que afecta a todos y que el contacto con los ciudadanos es primordial para hacer avanzar una nación.

—¿Por qué es simbólica esta fecha?
—Celebramos el Día de la Reunificación Nacional desde hace 25 años para recordar la caída del Muro de Berlín. El proceso de reunificación no solo significa la reunificación de la patria sino de Europa, pues el continente quedó muy dividido después de la guerra. El evento más importante es la caída del muro, que representa la búsqueda de la paz y eso es algo que el mundo celebra.  Tras esto empieza un proceso de diálogo que refleja un cambio del clima en Europa: Hay que respetar la posición del otro y sus intereses, y tomar un camino para llegar a una solución que refleje los intereses de todas las partes.

Se trataba de alcanzar un camino para los sobrevivientes del enfrentamiento en Europa.

—¿Cómo han sobrellevado los desafíos para mantener sólida la reunificación?
—Fue un camino duro, pero el gobierno alemán tomó la decisión de activar un proceso rápido de reunificación que implicaba la integración de todos los alemanes de Alemania Oriental y que implicaba un cambio en la economía. Se empezó a trabajar para que entraran en el sistema social.

Claro que todo esto era una carga económica muy fuerte para Alemania, pero había que modificar el sistema social e integrar a Alemania Oriental en el mercado mundial. Se trató de una época de transición económica y social. El desafío era unir a 17 millones de alemanes.

Desde la posición de los mayores, de mis padres por ejemplo, se trataba de un proceso natural, pero las nuevas generaciones nunca habían pasado por esto, no conocían a Europa del Este y no conocían la situación de allá. No se identificaban con el otro lado. De allí la frase “hay un muro en la cabeza”.

—¿Incluso actualmente?
—Hoy persisten ámbitos sociales diferentes, viven realidades diferentes, pero esto forma parte de la variedad histórica y cultural.

¿La reunificación alemana puede ser una inspiración para un país que enfrenta divisiones?
—Un país puede tener realidades y sistemas diferentes, pero hay que integrar esa diferencia en el país. Por ejemplo, en Alemania hemos integrado desde los sesenta a inmigrantes de Turquía y de otras partes del mundo, que van a trabajar al país. Alemania tiene la responsabilidad de integrar el flujo de inmigrantes. 20% de la población alemana tiene trasfondo de inmigración.

—¿Qué opina sobre la reciente crisis de refugiados?
—La mayoría de los refugiados de Oriente Medio están buscando llegar a Alemania, y los alemanes los recibimos con los brazos abiertos. Sin embargo, no sabemos si el país pueda sostener esa cantidad de inmigrantes, es una carga fuerte.

Hay que reforzar los acuerdos de la Unión Europea y las leyes, y buscar un sistema en el que haya mayor equidad. Por ejemplo, mejorar los criterios para la distribución de refugiados porque ¿si Alemania es 10 veces más grande que otro país entonces tiene que recibir 10 veces más refugiados?

Es un gran desafío en Europa, pero Alemania está comprometida con esta unificación, que es nuestra idea central para mantener la paz en el continente.

—Por un lado se celebra la caída del Muro de Berlín y por el otro se observa cómo hoy se cierran fronteras y se crean muros.
—Eso es lo que no se puede hacer. No puede ser que otros cierren las puertas. La lección de la reunificación alemana es que es posible integrar a otras personas, integrar el flujo de inmigrantes. La creación de muros no sirve a largo plazo, siempre hay un camino para resolver los problemas. No vamos a destruir la integración europea con el rechazo a estas personas.

—¿Cómo ve la situación de Venezuela?
—Alemania y Venezuela han tenido relaciones desde 1834 cuando llegaron los primeros cónsules alemanes al país. Luego se establecieron relaciones diplomáticas en 1871; es decir, tenemos una historia larga con el país que refuerza nuestra intensión de apoyar las relaciones culturales.

Cada año con motivo de la reunificación alemana también llevamos a cabo eventos en el área cultural para integrar a alemanes con venezolanos, y fomentar la paz y la planificación en la sociedad civil.

Los gobiernos siempre pelean, se cambian, tienen diferentes posiciones, pero lo principal es el contacto con los ciudadanos. También tenemos el compromiso de informar a los alemanes aquí sobre si hay algún caso de seguridad, pero es la labor normal consular, es parte del trabajo. El problema de seguridad que aqueja en Venezuela es un problema de todos, que afecta a todos.